Category Archives: Psicología

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Escuchar, el mejor regalo

Nuestros días discurren cargados de diferentes y numerosos estímulos. Vivimos en un momento en el que la información es tal abundante que puede llegar a abrumarnos. Además de eso, la velocidad con la desplegamos nuestra actividad diaria, nos empuja sin piedad a desconectar de nuestro verdadero Ser. Consecuentemente, la falta de conexión con nosotros mismos evita que podamos contactar de forma sincera y atenta con los demás. Gran parte de nuestras relaciones con otras personas están basadas en dar la imagen que pensamos que mejor nos vende. Sin embargo, pocas veces nos preocupamos por saber qué necesita la otra persona. Escuchar no está de moda. Lo normal es que todos tengamos mucho que decir pero poco tiempo para escuchar...

Profesionales de la salud mental

Cuando una persona atraviesa un momento delicado o desestabilizante es normal que acuda en busca de ayuda a algún experto en el campo de las emociones. Las terapias que la mayoría de los psicoterapeutas ofrecen tienen su base en saber escuchar. La persona en cuestión tiene necesidad de verbalizar aquello que dentro le hace daño, tiene una profunda necesidad de escucha y de compresión. De esa manera, su mundo mental y emocional podrán comenzar a poner en marcha los mecanismos de curación que, de forma natural, tenemos en nuestro interior.

La Naturaleza, en su gran sabiduría, nos ha equipado con un organismo capaz de autosanarse en todos los sentidos. Ante una enfermedad física, el descanso y el ayuno serán de gran ayuda para colaborar con el proceso natural de curación del cuerpo. En el caso de enfermedades del alma, una persona que nos escuche y comprenda será el mejor apoyo.

Escuchar estando presentes

Nuestra mente se encuentra saturada de pensamientos, información, etc. Son muchas las voces internas que continuamente nos bombardean. La mayoría de las personas ni siquiera son conscientes de todo ese barullo interno. Por eso nuestra atención suele estar diseminada de manera habitual. Ante esta continua dispersión nuestra escucha no puede ser de calidad.

Pocas personas saben escuchar de verdad. Nos cuesta prestar atención sin estar pensando en lo que vamos a responder. La verdadera escucha, la que nos reconforta, es aquella que se produce sin necesidad de dar respuesta a lo escuchado. Cuando escuchamos siendo un recipiente amoroso que acoge todo lo que la otra persona necesite decir es cuando realmente servimos de ayuda.

Para poder llevar a cabo este tipo de escucha es importante que estemos acostumbrados a escucharnos a nosotros mismos. Una vida ajetreada y llena de velocidad no nos permitirá esta paz interior. Saber escuchar es poner la atención en el otro e ir más allá de lo que yo pienso acerca de lo que escucho.

Son muchas las personas que necesitan ser escuchadas. En el momento en el que nos ha tocado vivir escuchar es algo que no se hace de manera habitual. Todos queremos hablar y ser escuchados. El mejor regalo que podemos hacerle a otro ser humano es una escucha atenta y sin juicios cuando así lo necesite. Cuando una persona logra compartir lo que le aflige y no se siente juzgado, comienza a sentirse mejor de manera inmediata.

 


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¿Es lo mismo aceptación que resignación?

Dentro del ámbito del crecimiento personal es muy común utilizar la palabra aceptación. Se da por entendido que hemos de aceptar aquello que nos sucede si queremos vivir en paz. Esto es una gran verdad, sin embargo, son muchas las personas que confunden la aceptación con la resignación. ¿Qué diferencias hay entre estos dos conceptos?

Las expectativas nos entorpecen

Para comenzar, es bueno tener en cuenta que luchar contra lo que ya es nos coloca en una posición absurda, siempre. Suceda lo que suceda, si ya está sucediendo, la forma más inteligente de vivirlo es aceptándolo. Esto se hace especialmente difícil cuando las circunstancias no se adaptan a la idea que teníamos de antemano acerca de cómo aquello debería de ser. Aun así, la aceptación siempre es un bálsamo.

Nuestro modo de vida nos empuja a intentar controlar aquello que sucede. Debido a esa inclinación al control, nuestra mente formula expectativas que, a la hora de la verdad, es posible que no concuerden con la realidad. Por este motivo, una de las mejores formas de vivir es tener la menor cantidad de expectativas posibles. Para lograrlo lo más fácil es entender que tenemos menos control del que creemos en aquello que nos sucede.

¿Qué es aceptación?

Como ya hemos dicho, aceptar es decir sí a aquello que llega a nuestra vida. Esto no quiere decir que nos guste. Algo puede no gustarnos y aún así ser aceptado sin condiciones. Esta forma de recibir las experiencias nos sitúa en un lugar privilegiado respecto a la lucha contra lo que es. Desde esa aceptación todas las acciones que tomemos procederán de un lugar de calma y no resistencia. Aceptando tomaremos decisiones siempre más eficaces y, casi seguro, fruto de una mayor reflexión y comprensión.

Cuando nos enfrentamos a cualquier situación queriendo luchar contra ella es muy posible que nuestro hacer esté teñido de negatividad y no veamos las mejores soluciones. La lucha siempre altera nuestro organismo y nos aleja de nuestra verdadera esencia.

¿Qué es la resignación?

La resignación se parece mucho a la rendición ya que es una actitud más pasiva que la aceptación. La aceptación es activa porque, aunque aceptando, nos permite hacer algo al respecto. Sin embargo, cuando nos resignamos entregamos nuestro poder. Resignarse es tirar la toalla y creer que ya no hay más alternativas.

Una persona resignada es una persona a menudo triste, sin esperanza. Esta emoción pone un muro entre quien la experimenta y el fluir de su vida. Parece que al resignarnos decidimos que ya nada merece la pena. Nos privamos del poder que nos da estar vivos para actuar. En definitiva, la resignación es una emoción limitante que deja a la persona a merced de sus circunstancias.

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Aceptación y resignación se encuentran en polos opuestos. Ambas aceptan lo que está ocurriendo en un momento determinado pero la primera nos empuja y vigoriza y la segunda nos frena y debilita.


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Abraza tu miedo

El miedo es una emoción humana que tiene su porqué y su para qué. Gracias al miedo hemos logrado sobrevivir como especie. Sin embargo, en la actualidad, dentro de los círculos de crecimiento personal y espiritualidad, cualquier emoción denominada de baja vibración no se considera recomendable. ¿Hasta que punto esto es cierto?

La vida es dinámica

Con un poco de observación es fácil darse cuenta de que nada es estático y uniforme en la vida. Los días de sol alternan con los días nubosos. Las estaciones de frío y las de calor se dan paso unas a otras. En el reino animal hay momentos de cría, de hibernación, de cortejo, de anidación… Todo está bien, todo es adecuado y perfecto en el momento que sucede.

Encontramos un gran paralelismo en la vida humana. Cada día nos levantamos sintiendo de forma diferente. Tampoco las experiencias que vivimos desencadenan siempre los mismos sentimientos. Todo es dinámico. Habrá días en que veamos todo de color de rosa y también otros en los que todo parezca gris. Cualquiera de esas sensaciones son parte de la vida como seres humanos, forman parte del hecho de estar vivos.

Abraza todo aquello llegue

La lucha y la resistencia no son buenas compañeras de viaje. Cuando nos resistimos a aquello que sucede todo se torna más difícil. Aunque nuestro pequeño yo crea que tiene el control de su vida, no es verdad. La Inteligencia que nos ha creado lleva la batuta que dirige nuestra melodía de vida.

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Unsplash/Zac Durant

Afortunadamente, somos seres con libre albedrío. No obstante, no tenemos muy claro de que se trata esa libertad que tan de moda se ha puesto. Ese libre albedrío no tiene nada que ver con decidir qué es lo que quiero y lo que no. Si somos sinceros no siempre podemos elegir. No podemos saber qué es lo que nos va a pasar mañana. Las posibilidades son infinitas. Sin embargo, en nuestra mano está decidir cómo vamos a reaccionar ante aquello que nos suceda. ¡Ese es el libre albedrio! Una misma situación puede ser afrontada de muy diferentes maneras.

Di que sí al miedo

Si hay algo mas paralizante que el propio miedo es temer sentir ese miedo. Como ya hemos dicho, dentro de los diferentes círculos de espiritualidad y crecimiento personal se da mucha importancia a la frecuencia vibratoria. Son muchas las escuelas que nos enseñan lo negativo de “vibrar bajo”. El miedo es una de las emociones catalogadas de baja vibración. Por este motivo, muchas personas, en momentos de verdadero miedo, ante grandes crisis, están aterrorizadas de sentir su propio miedo. Se asustan por lo que les produce miedo y también por tener miedo ya que creen que no deberían sentirlo. Eso es una sobre carga difícil de soportar.

Por este motivo es muy importante que tengamos claro que el miedo tiene su función y es necesario. Aceptarlo y sentirlo es imprescindible. Si lo hacemos de forma consciente este miedo puede ser una buena referencia, un punto de partida hacía algo nuevo. El permitirnos sentir ese miedo con tranquilidad es el primer paso para que después desaparezca. Además, nos libera de la carga adicional que supone el creer que no deberíamos de sentirlo.

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En los momentos en los que el miedo se presente, acéptalo. Otórgale el abrazo que le darías a un buen amigo. Mírale a los ojos y pregúntale que trae para ti. Después de disfrutar de su compañía será él quien decida marcharse después de dejarte su regalo. Vivamos diciendo si a la vida, nos traiga lo que nos traiga.


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Tranquilidad para tiempos de incertidumbre

Hay momentos en la historia y en la vida de toda persona en los que se pierde de vista la normalidad y la cordura. En ciertas situaciones, el dinamismo de la vida y su naturaleza cambiante nos arrebatan la tranquilidad a la que estamos acostumbrados. En todas esas situaciones de incertidumbre es necesario soltar el control y confiar. La vida se desenvuelve con misteriosa perfección aunque no sepamos verlo.

Las ilusiones del pequeño ego

Toda persona encarnada en la tierra se vale de un ego que vive la ilusión de estar al control de casi todo. Desde muy pequeños nos esforzamos por conseguir atención y amor. Estos esfuerzos nos llevan, irremediablemente, a abandonar nuestra singularidad. En la vida de todo ser humano, a partir de cierto momento, se desarrolla la personalidad que nos servirá de vehículo con el que enfrentarnos a los desafíos que se nos presenten. Esa personalidad o ego se sitúa al mando de nuestra vida desde muy temprano. En su sueño de grandeza cree que controla la mayoría de las experiencias que se presentan.

Unsplash/Counselling

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El miedo a perder lo que no es real

Ese pequeño ego del que ya hemos hablado pasa sus días intentando, con uñas y dientes, conseguir y mantener aquello que cree que es mejor para él. Su vivir discurre en continua lucha por controlar y defender aquello que considera real y verdadero. En su delirio, imagina que ahí fuera existen oponentes, competidores y fuerzas que van en su contra. Debido a ello, su vida se convierte en un continuo esfuerzo para conservar aquello que considera sus grandes tesoros. Dentro de esas preciadas mercancías encontramos pertenencias materiales, ideologías, y todo lo que al pequeño ego le de una identidad.

La incertidumbre nos pone a  prueba

No obstante, el ego, que tanto miedo tiene, pocas veces se encuentra satisfecho. Las quejas y la sensación de insuficiencia suelen empujarle continuamente a intentar conseguir más de lo que sea. Afortunadamente, la Vida, en su infinita sabiduría, tiene a bien otorgarnos diversas “llamadas de atención” para que podamos dejar de mimar a ese ego y dirigir la mirada hacia lo que realmente importa.

Todas las situaciones que representan variaciones en nuestra manera de vivir nos sirven para reflexionar y darnos cuenta de la poca importancia que tiene nuestro ego y todo lo que le rodea. Ante momentos de grandes crisis, no nos queda más remedio que rendirnos a la pequeñez de esos personajes que pensábamos que tenían todo el control. Cualquier ocasión que nos provoque incertidumbre nos facilita la comprensión profunda de que no controlamos casi nada.

Es tiempo de conectar con nuestro interior

Ante los momentos de crisis de cualquier índole es absurdo luchar y seguir intentando tener todo controlado. Una vez que la vida nos regala situaciones de incertidumbre lo mejor que podemos hacer es aceptar aquello que sucede y reflexionar. La reflexión ha de ir hacía dentro, hacía la sabiduría innata que nos habita. En nuestro interior yace la verdad que nos habla de confianza en cada uno de los procesos de la vida. Solo allí podemos vislumbrar la adecuación de cada situación aunque no podamos entenderla.

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Vivimos momentos de agitación. La mejor manera de afrontarlos es desde la serenidad y la confianza. La Vida tiene sus razones y nada ocurre por casualidad. Todo está perfectamente orquestado y, aun en medio de grandes turbulencias, todo tiene un por qué y un para qué que siempre persigue el mayor bien.


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Jill Bolte Taylor

Jill Bolte Taylor, un viaje hacia la conciencia

Según apunta la ciencia, la conciencia podría ser un proceso biológico normal. Esta ciencia opina que la mente es una función cerebral. En ella se encuentran, además de la conciencia, la atención, la memoria, el inconsciente, etc. Aquello que realiza la mente se explica por las operaciones del cerebro. Aún así, resulta un enigma como lo hace. La doctora Jill Bolte Taylor, tras su increíble pero real experiencia, nos aporta mucha luz respecto a la relación del cerebro con la conciencia.

Una experiencia en carne propia

El motivo por el cual Jill Bolte Taylor llegó a ser una prestigiosa neuróloga en el Centro de Recursos de Tejidos Cerebrales de Harvard fue el de  profundizar e investigar acerca de la esquizofrenia que sufría su hermano. Lo que nunca pudo imaginar es que la parte más profunda de su estudio estaría protagonizada por ella misma.

Pixabay/geralt

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A sus 37 años, una mañana al levantarse, comenzó a sentir un fuerte dolor de cabeza. A la vez, experimentó una extraña sensación de desdoblamiento de la realidad. Poco a poco, fue perdiendo la capacidad de hablar, de reconocer los números, de andar y de mover los brazos. Afortunadamente, gracias a su conocimiento de las funciones cerebrales, pudo, rápidamente, ponerse en contacto con alguien que fuera a ayudarla. Jill Bolte Taylor sabía que lo que estaba sintiendo era una embolia cerebral.

El diagnóstico fue una hemorragia interna en el lóbulo izquierdo, perdiendo en menos de cuatro horas, la capacidad de procesar información. Aún así, según cuenta la doctora Taylor, tuvo una sensación de profunda paz interior que nunca antes había experimentado.

De vuelta a la “normalidad”

La recuperación mental y física total no se llevó a cabo hasta ocho años después del incidente. Todos sus conocimientos se habían esfumado como por arte de magia. En contra de todo pronóstico, y con mucha fuerza de voluntad, pudo recobrar todas las funciones dañadas. Esta recuperación tuvo mucho que ver con su conocimiento de la gran plasticidad de nuestro cerebro.

Poxabay/geralt

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Las vivencias

Jill B. Taylor explica que vivió el viaje hacia el abismo sin forma de una mente silenciosa, donde la esencia de mi ser quedó envuelta en una gran paz interior…. Mi conciencia me hizo sentir que era una con el universo”.

El hemisferio derecho del cerebro solo contempla el momento presente. No entiende de pasado y futuro. En su ahora todo está conectado y somos una sola cosa. El hemisferio izquierdo nos sitúa en el tiempo y nos define como un ego separado del resto. En su caso, al quedarse inutilizado el hemisferio “separador”, la doctora Taylor accedió a una parte de la realidad que mientras el hemisferio izquierdo está al mando es muy difícil de experimentar.

Pixabay/Sciencefreak

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Tras su recuperación, trajo consigo una gran enseñanza que volcó en su libro My Stroke of Insight y también en numerosas conferencias impartidas por todo el mundo. Su mensaje habla de la necesidad de conectar con la parte derecha de nuestro cerebro para ser felices. La siguiente frase podría resumir su enseñanza: La paz está sólo a un pensamiento de distancia, para acceder a ella solo necesitamos acallar la voz de nuestra dominante mente izquierda…”

En el siguiente vídeo puedes disfrutar de su extraordinaria vivencia.


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¿Conoces la Programación Neurolingüística (PNL)?

De forma habitual nuestra mente funciona a su libre albedrío. Los pensamientos nos visitan y desaparecen sin que podamos hacer nada al respecto. Estos pensamientos generan emociones que nos colorean la vida y las relaciones con los demás. La PNL o Programación Neurolingüística nos ayuda, en gran medida, a tomar el control de nuestros pensamientos y de nuestras reacciones. A continuación os vamos a explicar qué es exactamente la PNL

Origen de la Programación Neurolingüística

La PNL fue desarrollada en los años 70 por John Grinder, catedrático de lingüística, y Richard Bandler, psicoterapeuta e informático. Sus trabajos se fundamentaron en encontrar modelos evidentes de excelencia humana. Se inspiraron en tres grandes terapeutas de aquella época: Fritz Perls (creador de la Gestalt), Virginia Satir (famosa terapeuta familiar) y el doctor Milton H. Erickson (experto en hipnosis contemporanea). Todos ellos debían de tener algo en común que los hacía destacar del resto y eso fue lo que investigaron. Los frutos de sus estudios se dieron a conocer en su primera obra “La estructura de la magia” donde lograron identificar qué patrones conductuales y verbales daban la excelencia a dichos terapeutas. Desde ahí, estos patrones de excelencia podrían ser utilizados por otras personas para obtener el mismo tipo de resultados excelentes.

Unsplash/Ryoji Iwata

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¿Por qué el nombre de Programación Neurolingüística?

El nombre PNL (en inglés NLP = Neuro Linguistic Programming)  obedece a las siguientes razonces:

  • Programación: utilizamos programas mentales y de comportamiento que nos llevan a conseguir objetivos y a vivir de una manera determinada. Nuestras creencias, recuerdos y aprendizajes nos programan.
  • Neuro: nuestro sistema nervioso es la fuente de donde proceden esos programas y el instrumento para ejecutar las reacciones y acciones que dan forma a nuestra vida.
  • Lingüística: es muy importante de qué manera usamos el lenguaje ya que nos favorece la codificación y expresión de nuestras experiencias.

Beneficios de la PNL

Cada persona vive lo que llamamos “nuestra realidad” de forma única y particular. Debido a ello, los resultados que obtenemos a partir de nuestras interpretaciones personales no son siempre los que desearíamos. A través de la modificación de nuestro lenguaje es posible cambiar esos resultados a todos los niveles. Las técnicas que enseña la PNL son útiles para generar estados positivos y manejar mejor nuestras emociones.

Son muchos los beneficios que la Programación Neurolingüística puede ofrecernos, entre ellos destacamos:

  • Aumenta la confianza en uno mismo y la creatividad
  • Es de gran ayuda para gestionar y regular las emociones
  • Es una estupenda herramienta para el autoconocimiento
  • Nos ofrece diferentes maneras de interpretar de manera más objetivas los comportamientos ajenos
  • Mejora la comunicación interpersonal gracias a la flexibilidad que aporta
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La PNL es una herramienta muy interesante porque nos ayuda a encontrar interpretaciones más amplias de lo que nos ocurre. Gracias a la flexibilidad que nos otorga, es más fácil que exista  el respeto hacía los demás y hacía uno mismo.


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Los propósitos de año nuevo

A menudo, al comienzo del nuevo año, los propósitos de cambio van de la mano de la sensación de culpa por los excesos cometidos durante estas fechas. Si somos sinceros, echando la vista atrás, estos propósitos de año nuevo que quisimos llevar a cabo el año anterior, solo se quedaron en el intento. ¿Que hace que todos estos deseos de cambio no lleguen a materializarse?

¿Qué es lo que yo realmente deseo?

Ante cualquier cambio que queramos hacer en nuestra vida lo primero que surge es un deseo. Este deseo, en muchas ocasiones, no llega hasta nosotros desde nuestro interior. La cultura en la que vivimos nos proporciona continuamente objetos o metas que desear que muchas veces no coinciden con lo que nuestra alma desea y no nos damos cuenta.

A aquellas personas que llevan una vida más consciente les resulta más fácil saber cuáles son sus verdaderos deseos. Sin embargo, cuando vivimos a toda velocidad es fácil dejarse engañar por falsos anhelos.

El amor a uno mismo

En muchas ocasiones, los propósitos que nos hacemos para el nuevo año van en contra del amor hacía nosotros mismos. Los ejemplos son numerosos: dietas estrictas, entrenamientos extenuantes, etc. Una persona que se ama a si misma nunca se perjudicará. Sin embargo, desde ese cariño y comprensión, se pueden plantear cambios que favorezcan una mayor salud y autodominio.

Por eso, la mejor manera de hacer propósitos de año nuevo es entender hasta qu punto nuestro deseo de cambio es realista. Los cambios siempre deben de ser paulatinos y han de tener un motivo que nos ayude a llevarlos a cabo. Si deseamos hacer cambios que se basen en el amor y el respeto por nosotros mismos, el éxito estará asegurado. Esto es debido a que el motor que nos impulsa a cambiar siempre estará de nuestra parte. No obstante, siempre habrá pequeños fallos a lo largo del proceso que no deben hacernos sentir que hemos fallado.

Facilidad en primer lugar

Cualquiera que sea el propósito que nos hagamos tendrá que llevar un formato de facilidad para que nos lleve a buen puerto. Por ejemplo, si lo que quieres es perder peso, no te exijas eliminar de manera drástica ciertos alimentos, es mejor decidir que ya no quieres comer nada que te haga daño. En el caso de que hayas decidido hacer deporte, si eres poco deportista, comienza con suaves caminatas o con actividades lúdicas que te ayuden a ejercitarte sin sufrir. El yoga, el baile o la natación son estupendos ejemplos.

Cuando nuestros propósitos de año nuevo estén relacionados con las relaciones que tenemos con otras personas, también es mejor hacerlo de forma moderada. No es lo mismo decidir dejar de ver a una persona que espaciar en el tiempo los momentos que pasamos juntas.

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Cualquier cambio que queramos llevar a cabo necesita de reflexión previa y, sobre todo, de facilidad y suavidad hasta que se haya instalado como algo habitual en nuestra vida.


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¿Vivimos la Navidad de manera consciente?

Durante las fechas navideñas estamos acostumbrados a salir de la rutina habitual sin darnos cuenta. Compras, compromisos, más trabajo y poco tiempo para reflexionar. La Navidad es un momento que, debido a nuestro manera de vivir. nos obliga a acelerar aún más. Esta incremento de la velocidad nos desconecta de nosotros mismos. Lo que en principio podrían ser días para descansar y aminorar la marcha, al final se convierten en todo lo contrario. Con un poco de reflexión al respecto podríamos hacer que estas fechas fueran un buen momento de introspección y claridad interior.

La Navidad idílica

Todos tenemos en mente imágenes ideales en torno a la Navidad. Comidas deliciosas con niños sonrientes. Amor y paz a raudales en todas las familias. Sin embargo, la realidad es bien distinta. En estas fechas lo que más encontramos es consumismo, discusiones familiares, soledad y problemas derivados del exceso de comida y bebida.

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Si de forma habitual nuestra sociedad se caracteriza por un exceso de consumo, en Navidad alcanzamos límites totalmente exagerados. Aún así, la mayoría de la gente se queja por este motivo. Sin embargo, pocas personas se atreven a detener esta costumbre que cada año crece y crece. Más comida, más regalos, más diversión…

Nuestro planeta y los recursos que nos proporciona no son ilimitados. Es imposible que sigamos consumiendo al ritmo que lo hacemos y no paguemos las consecuencias. La Navidad puede ser un momento para reflexionar acerca de la necesidad de estos excesos. Tanto los árboles de Navidad que son cortados y luego tirados a la calle, como los animales que están implicados en tan opulentas cenas quizá no serían imprescindibles.

Feliz Navidad

La felicidad nada tiene que ver con un momento determinado en el año. La felicidad se siente independientemente de lo que esté sucediendo afuera. Fruto de la desconexión con lo que realmente somos, confundimos felicidad con la euforia mediática. Nos vemos obligados a sentirnos tan felices como parece que deberíamos ser en estas fechas y si no lo sentimos así parece que somos raros. ¡Cuánta gente desearía poder vivir estas fechas de manera auténtica!

La soledad

Son muchas las personas que de forma habitual se siente solas. La Navidad amplifica el sentimiento de soledad al dar por sentado que todo el mundo disfruta de compañía. Sin embargo, la realidad nos muestra que muchas de estas reuniones son motivo de desencuentros que no hacen tan agradable la compañía anhelada.

Hacía una mayor consciencia

Gracias al gran movimiento de conciencia que se está desplegando en todo el planeta, cada vez son más las personas que aprovechan la Navidad para aminorar la marcha. Otra forma de vivir la Navidad es posible. No hace falta renunciar a las tradiciones que ponen la guinda a la vida. Sin embargo, urge una vuelta a hacer las cosas de una forma más lenta y tranquila. Algo tan simple como poner un poco de atención a lo que hacemos en cada momento puede hacer que estas fechas se vivan de manera más armoniosa.

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La Navidad  vivida con verdadera consciencia se puede transformar en un momento de encuentro y conexión con los demás y con uno mismo.

 


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Oxitocina, una hormona que enamora

La oxitocina, también llamada hormona del amor, está presente en situaciones que favorecen el vínculo. La segregamos al estar en contacto con nuestro bebé, durante el parto, en la lactancia y en las relaciones sexuales. Por este motivo podemos decir que la oxitocina es la hormona de los vínculos humanos por excelencia.

Las hormonas mandan

Aunque nos guste pensar que tenemos el control de casi todo, esto no es verdad. Nuestras decisiones y nuestra voluntad están sujetas tanto a nuestro sistema nervioso como a nuestro sistema endocrino. Este último, funciona en segundo plano de forma más sutil y duradera. La forma en la que estos dos sistemas se relacionan y se modifican uno al otro es a través de las hormonas. Algunas neuronas liberan hormonas a la sangre a la vez que otras llegan a las neuronas y modifican su actividad y hasta la expresión de los genes.

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Las hormonas cumplen numerosas funciones. Su tarea va desde regular el nivel de azúcar en sangre hasta contribuir a nuestro estado de ánimo y a nuestro comportamiento. La oxitocina es una de las hormonas más interesantes que segrega nuestro organismo.

La oxitocina nos endulza

La oxitocina es un oligopéptido que se compone de nueve aminoácidos. Fue sintetizada de manera artificial en 1953 por Vicent Du Vigneaud poco tiempo después de su descubrimiento.

Esta hormona se conoce a nivel popular como la hormona del amor. Es la responsable de que se den los vínculos de pareja, los buenos vínculos sociales y también la estrecha relación entre madre e hijo. La oxitocina se produce en la lactancia, durante el orgasmo y también en el parto. Su principal misión es crear un gran vínculo entre las personas. Se han hecho estudios en los que administrando oxitocina de forma artificial se aumentaba la confianza, empatía y generosidad en las personas.

Otro de los efectos de esta amorosa hormona es actuar como desinhibidora. Según los expertos, en este sentido la oxitocina actúa en nuestros circuitos neuronales de forma parecida al alcohol. Esta desinhibición nos empuja a correr riesgos y a confiar en nosotros mismos. En ocasiones, nos otorga también un exceso de confianza que nos impide ver la parte tóxica o dañina de una relación.

La conexión entre las personas es mucho más fácil cuando esta hormona entra en juego. Nos ayuda a conectar con nuestro entorno y con el resto de las especies. Esta íntimamente relacionada con la supervivencia ya que nos ayuda a sentir altruismo, afecto, autocuidado y conexión con los demás.

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Después de conocer algunas de las bondades de nuestra hormona más amorosa, deberíamos intentar que nuestro cuerpo la haga circular siempre que sea posible. De la misma manera que al segregarla nos vinculamos a los demás, también al vincularnos la segregamos. Por lo tanto, un intento de favorecer relaciones armoniosas nos ayudará a segregar más oxitocina y beneficiarnos de sus efectos.


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¿Conoces las constelaciones familiares?

Dentro de cada familia se desempeñan distintos roles tanto de forma consciente como inconsciente. Una estupenda herramienta para poder observar y sanar las diferentes alteraciones en la armonía familiar son las Constelaciones Familiares. En esta entrada te vamos a explicar de qué se trata y qué beneficios tiene.

El origen de las Constelaciones Familiares

El creador de esta técnica terapeútica fue Bert Hellinger. Durante 16 años, este pedagogo, teológo y filósofo fue misionero en Sudáfrica. Después de esto su formación paso por el Psicoanálisis, la Hipnoteriapia, la Terapia Gestalt, la PNL y la Dinámica de Grupo. Gracias a sus estudios desarrolló una visión multigeneracional para resolver distintos problemas, desarrollando la Terapia Sistémica. Más adelante, observó que existían ciertos sistemas de compensación que los grupos familiares utilizan y desde ahí, creó las llamadas Órdenes del Amor.

Bert Hellinger

Bert Hellinger

La lealtad al clan familiar

Las constelaciones familiares nos muestran que existe un tipo de conciencia a nivel familiar. Este gran alma que forma una familia lleva a sus miembros a tener que cumplir ciertas leyes para mantener el orden que mantiene el amor entre el grupo. Si ese orden se altera aparece una tendencia a intentar equilibrarlo aunque sea en perjuicio de alguno de sus miembros. Aquí es donde la técnica actúa restableciendo el orden original.

Según Hellinger, muchos de nuestros síntomas, comportamientos y sentimientos no tienen que ver con nuestra historia personal. En muchas ocasiones su origen está en una deslealtad familiar que pasa de una generación a otra para ser regulado.

El trabajo con Constelaciones Familiares aporta luz a los conflictos familiares para poder repararlos y poder liberar a aquellas personas que cargan con ellos.

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¿Necesitamos trabajar con nuestra propia familia?

Esta herramienta no necesita que nuestra familia esté presente para poder desarrollar su terapeútica. Es suficiente con que una persona de la familia esté presente. El trabajo se realiza en un grupo en el que participan personas interesadas en resolver sus propios asuntos y en ayudar a los demás a resolver los suyos. Además del tema familiar también se pueden abordar temas relacionados con otras áreas de la vida como la pareja o el trabajo, por ejemplo.

¿Cómo se desarrolla un taller de Constelaciones?

Esta técnica es muy sencilla. El experto hace una invitación a aquellas personas del grupo que quieran participar. Los trabajos se realizarán sobre cuestiones familiares o individuales. La persona que dirige el taller decidirá qué asuntos son los que tienen peso suficiente para que sean trabajados.

Comenzará una de las personas del grupo especificando el asunto de su vida que le causa dificultad. Después, el terapeuta planteará preguntas que ayuden a clarificar si es necesario. Una vez aclarado el tema se pide a la persona en cuestión que seleccione a las personas que representarán a los familiares relacionados con el problema incluyéndole a él mismo. Cuando ya ha sido seleccionadas, estas personas serán situadas en determinados lugares siguiendo su propia intuición.

Ese grupo de personas llevará a cabo una representación que reflejará lo que le sucede a esa persona. Gracias a ello, se podrá observar desde el exterior qué dinámicas y lealtades familiares ocultas están actuando. En todo este proceso el terapeuta acompañará a la persona ayudándola a reconocer la realidad y orientando la situación. Poco a poco, se irá buscando una forma de solucionarlo dándole continuidad y fuerza para el futuro.

 

Las Constelaciones Familiares operan a niveles que se escapan de nuestra percepción ordinaria. Lo más interesante es que todas las personas del clan familiar se ven afectadas por el trabajo que hace solo una de ellas, aunque el resto no estén presentes.