Category Archives: Psicología

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¿Conoces la Programación Neurolingüística (PNL)?

De forma habitual nuestra mente funciona a su libre albedrío. Los pensamientos nos visitan y desaparecen sin que podamos hacer nada al respecto. Estos pensamientos generan emociones que nos colorean la vida y las relaciones con los demás. La PNL o Programación Neurolingüística nos ayuda, en gran medida, a tomar el control de nuestros pensamientos y de nuestras reacciones. A continuación os vamos a explicar qué es exactamente la PNL

Origen de la Programación Neurolingüística

La PNL fue desarrollada en los años 70 por John Grinder, catedrático de lingüística, y Richard Bandler, psicoterapeuta e informático. Sus trabajos se fundamentaron en encontrar modelos evidentes de excelencia humana. Se inspiraron en tres grandes terapeutas de aquella época: Fritz Perls (creador de la Gestalt), Virginia Satir (famosa terapeuta familiar) y el doctor Milton H. Erickson (experto en hipnosis contemporanea). Todos ellos debían de tener algo en común que los hacía destacar del resto y eso fue lo que investigaron. Los frutos de sus estudios se dieron a conocer en su primera obra “La estructura de la magia” donde lograron identificar qué patrones conductuales y verbales daban la excelencia a dichos terapeutas. Desde ahí, estos patrones de excelencia podrían ser utilizados por otras personas para obtener el mismo tipo de resultados excelentes.

Unsplash/Ryoji Iwata

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¿Por qué el nombre de Programación Neurolingüística?

El nombre PNL (en inglés NLP = Neuro Linguistic Programming)  obedece a las siguientes razonces:

  • Programación: utilizamos programas mentales y de comportamiento que nos llevan a conseguir objetivos y a vivir de una manera determinada. Nuestras creencias, recuerdos y aprendizajes nos programan.
  • Neuro: nuestro sistema nervioso es la fuente de donde proceden esos programas y el instrumento para ejecutar las reacciones y acciones que dan forma a nuestra vida.
  • Lingüística: es muy importante de qué manera usamos el lenguaje ya que nos favorece la codificación y expresión de nuestras experiencias.

Beneficios de la PNL

Cada persona vive lo que llamamos “nuestra realidad” de forma única y particular. Debido a ello, los resultados que obtenemos a partir de nuestras interpretaciones personales no son siempre los que desearíamos. A través de la modificación de nuestro lenguaje es posible cambiar esos resultados a todos los niveles. Las técnicas que enseña la PNL son útiles para generar estados positivos y manejar mejor nuestras emociones.

Son muchos los beneficios que la Programación Neurolingüística puede ofrecernos, entre ellos destacamos:

  • Aumenta la confianza en uno mismo y la creatividad
  • Es de gran ayuda para gestionar y regular las emociones
  • Es una estupenda herramienta para el autoconocimiento
  • Nos ofrece diferentes maneras de interpretar de manera más objetivas los comportamientos ajenos
  • Mejora la comunicación interpersonal gracias a la flexibilidad que aporta
Unsplash/ mari lezhava

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La PNL es una herramienta muy interesante porque nos ayuda a encontrar interpretaciones más amplias de lo que nos ocurre. Gracias a la flexibilidad que nos otorga, es más fácil que exista  el respeto hacía los demás y hacía uno mismo.


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Los propósitos de año nuevo

A menudo, al comienzo del nuevo año, los propósitos de cambio van de la mano de la sensación de culpa por los excesos cometidos durante estas fechas. Si somos sinceros, echando la vista atrás, estos propósitos de año nuevo que quisimos llevar a cabo el año anterior, solo se quedaron en el intento. ¿Que hace que todos estos deseos de cambio no lleguen a materializarse?

¿Qué es lo que yo realmente deseo?

Ante cualquier cambio que queramos hacer en nuestra vida lo primero que surge es un deseo. Este deseo, en muchas ocasiones, no llega hasta nosotros desde nuestro interior. La cultura en la que vivimos nos proporciona continuamente objetos o metas que desear que muchas veces no coinciden con lo que nuestra alma desea y no nos damos cuenta.

A aquellas personas que llevan una vida más consciente les resulta más fácil saber cuáles son sus verdaderos deseos. Sin embargo, cuando vivimos a toda velocidad es fácil dejarse engañar por falsos anhelos.

El amor a uno mismo

En muchas ocasiones, los propósitos que nos hacemos para el nuevo año van en contra del amor hacía nosotros mismos. Los ejemplos son numerosos: dietas estrictas, entrenamientos extenuantes, etc. Una persona que se ama a si misma nunca se perjudicará. Sin embargo, desde ese cariño y comprensión, se pueden plantear cambios que favorezcan una mayor salud y autodominio.

Por eso, la mejor manera de hacer propósitos de año nuevo es entender hasta qu punto nuestro deseo de cambio es realista. Los cambios siempre deben de ser paulatinos y han de tener un motivo que nos ayude a llevarlos a cabo. Si deseamos hacer cambios que se basen en el amor y el respeto por nosotros mismos, el éxito estará asegurado. Esto es debido a que el motor que nos impulsa a cambiar siempre estará de nuestra parte. No obstante, siempre habrá pequeños fallos a lo largo del proceso que no deben hacernos sentir que hemos fallado.

Facilidad en primer lugar

Cualquiera que sea el propósito que nos hagamos tendrá que llevar un formato de facilidad para que nos lleve a buen puerto. Por ejemplo, si lo que quieres es perder peso, no te exijas eliminar de manera drástica ciertos alimentos, es mejor decidir que ya no quieres comer nada que te haga daño. En el caso de que hayas decidido hacer deporte, si eres poco deportista, comienza con suaves caminatas o con actividades lúdicas que te ayuden a ejercitarte sin sufrir. El yoga, el baile o la natación son estupendos ejemplos.

Cuando nuestros propósitos de año nuevo estén relacionados con las relaciones que tenemos con otras personas, también es mejor hacerlo de forma moderada. No es lo mismo decidir dejar de ver a una persona que espaciar en el tiempo los momentos que pasamos juntas.

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Cualquier cambio que queramos llevar a cabo necesita de reflexión previa y, sobre todo, de facilidad y suavidad hasta que se haya instalado como algo habitual en nuestra vida.


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¿Vivimos la Navidad de manera consciente?

Durante las fechas navideñas estamos acostumbrados a salir de la rutina habitual sin darnos cuenta. Compras, compromisos, más trabajo y poco tiempo para reflexionar. La Navidad es un momento que, debido a nuestro manera de vivir. nos obliga a acelerar aún más. Esta incremento de la velocidad nos desconecta de nosotros mismos. Lo que en principio podrían ser días para descansar y aminorar la marcha, al final se convierten en todo lo contrario. Con un poco de reflexión al respecto podríamos hacer que estas fechas fueran un buen momento de introspección y claridad interior.

La Navidad idílica

Todos tenemos en mente imágenes ideales en torno a la Navidad. Comidas deliciosas con niños sonrientes. Amor y paz a raudales en todas las familias. Sin embargo, la realidad es bien distinta. En estas fechas lo que más encontramos es consumismo, discusiones familiares, soledad y problemas derivados del exceso de comida y bebida.

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Si de forma habitual nuestra sociedad se caracteriza por un exceso de consumo, en Navidad alcanzamos límites totalmente exagerados. Aún así, la mayoría de la gente se queja por este motivo. Sin embargo, pocas personas se atreven a detener esta costumbre que cada año crece y crece. Más comida, más regalos, más diversión…

Nuestro planeta y los recursos que nos proporciona no son ilimitados. Es imposible que sigamos consumiendo al ritmo que lo hacemos y no paguemos las consecuencias. La Navidad puede ser un momento para reflexionar acerca de la necesidad de estos excesos. Tanto los árboles de Navidad que son cortados y luego tirados a la calle, como los animales que están implicados en tan opulentas cenas quizá no serían imprescindibles.

Feliz Navidad

La felicidad nada tiene que ver con un momento determinado en el año. La felicidad se siente independientemente de lo que esté sucediendo afuera. Fruto de la desconexión con lo que realmente somos, confundimos felicidad con la euforia mediática. Nos vemos obligados a sentirnos tan felices como parece que deberíamos ser en estas fechas y si no lo sentimos así parece que somos raros. ¡Cuánta gente desearía poder vivir estas fechas de manera auténtica!

La soledad

Son muchas las personas que de forma habitual se siente solas. La Navidad amplifica el sentimiento de soledad al dar por sentado que todo el mundo disfruta de compañía. Sin embargo, la realidad nos muestra que muchas de estas reuniones son motivo de desencuentros que no hacen tan agradable la compañía anhelada.

Hacía una mayor consciencia

Gracias al gran movimiento de conciencia que se está desplegando en todo el planeta, cada vez son más las personas que aprovechan la Navidad para aminorar la marcha. Otra forma de vivir la Navidad es posible. No hace falta renunciar a las tradiciones que ponen la guinda a la vida. Sin embargo, urge una vuelta a hacer las cosas de una forma más lenta y tranquila. Algo tan simple como poner un poco de atención a lo que hacemos en cada momento puede hacer que estas fechas se vivan de manera más armoniosa.

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La Navidad  vivida con verdadera consciencia se puede transformar en un momento de encuentro y conexión con los demás y con uno mismo.

 


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Oxitocina, una hormona que enamora

La oxitocina, también llamada hormona del amor, está presente en situaciones que favorecen el vínculo. La segregamos al estar en contacto con nuestro bebé, durante el parto, en la lactancia y en las relaciones sexuales. Por este motivo podemos decir que la oxitocina es la hormona de los vínculos humanos por excelencia.

Las hormonas mandan

Aunque nos guste pensar que tenemos el control de casi todo, esto no es verdad. Nuestras decisiones y nuestra voluntad están sujetas tanto a nuestro sistema nervioso como a nuestro sistema endocrino. Este último, funciona en segundo plano de forma más sutil y duradera. La forma en la que estos dos sistemas se relacionan y se modifican uno al otro es a través de las hormonas. Algunas neuronas liberan hormonas a la sangre a la vez que otras llegan a las neuronas y modifican su actividad y hasta la expresión de los genes.

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Las hormonas cumplen numerosas funciones. Su tarea va desde regular el nivel de azúcar en sangre hasta contribuir a nuestro estado de ánimo y a nuestro comportamiento. La oxitocina es una de las hormonas más interesantes que segrega nuestro organismo.

La oxitocina nos endulza

La oxitocina es un oligopéptido que se compone de nueve aminoácidos. Fue sintetizada de manera artificial en 1953 por Vicent Du Vigneaud poco tiempo después de su descubrimiento.

Esta hormona se conoce a nivel popular como la hormona del amor. Es la responsable de que se den los vínculos de pareja, los buenos vínculos sociales y también la estrecha relación entre madre e hijo. La oxitocina se produce en la lactancia, durante el orgasmo y también en el parto. Su principal misión es crear un gran vínculo entre las personas. Se han hecho estudios en los que administrando oxitocina de forma artificial se aumentaba la confianza, empatía y generosidad en las personas.

Otro de los efectos de esta amorosa hormona es actuar como desinhibidora. Según los expertos, en este sentido la oxitocina actúa en nuestros circuitos neuronales de forma parecida al alcohol. Esta desinhibición nos empuja a correr riesgos y a confiar en nosotros mismos. En ocasiones, nos otorga también un exceso de confianza que nos impide ver la parte tóxica o dañina de una relación.

La conexión entre las personas es mucho más fácil cuando esta hormona entra en juego. Nos ayuda a conectar con nuestro entorno y con el resto de las especies. Esta íntimamente relacionada con la supervivencia ya que nos ayuda a sentir altruismo, afecto, autocuidado y conexión con los demás.

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Después de conocer algunas de las bondades de nuestra hormona más amorosa, deberíamos intentar que nuestro cuerpo la haga circular siempre que sea posible. De la misma manera que al segregarla nos vinculamos a los demás, también al vincularnos la segregamos. Por lo tanto, un intento de favorecer relaciones armoniosas nos ayudará a segregar más oxitocina y beneficiarnos de sus efectos.


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¿Conoces las constelaciones familiares?

Dentro de cada familia se desempeñan distintos roles tanto de forma consciente como inconsciente. Una estupenda herramienta para poder observar y sanar las diferentes alteraciones en la armonía familiar son las Constelaciones Familiares. En esta entrada te vamos a explicar de qué se trata y qué beneficios tiene.

El origen de las Constelaciones Familiares

El creador de esta técnica terapeútica fue Bert Hellinger. Durante 16 años, este pedagogo, teológo y filósofo fue misionero en Sudáfrica. Después de esto su formación paso por el Psicoanálisis, la Hipnoteriapia, la Terapia Gestalt, la PNL y la Dinámica de Grupo. Gracias a sus estudios desarrolló una visión multigeneracional para resolver distintos problemas, desarrollando la Terapia Sistémica. Más adelante, observó que existían ciertos sistemas de compensación que los grupos familiares utilizan y desde ahí, creó las llamadas Órdenes del Amor.

Bert Hellinger

Bert Hellinger

La lealtad al clan familiar

Las constelaciones familiares nos muestran que existe un tipo de conciencia a nivel familiar. Este gran alma que forma una familia lleva a sus miembros a tener que cumplir ciertas leyes para mantener el orden que mantiene el amor entre el grupo. Si ese orden se altera aparece una tendencia a intentar equilibrarlo aunque sea en perjuicio de alguno de sus miembros. Aquí es donde la técnica actúa restableciendo el orden original.

Según Hellinger, muchos de nuestros síntomas, comportamientos y sentimientos no tienen que ver con nuestra historia personal. En muchas ocasiones su origen está en una deslealtad familiar que pasa de una generación a otra para ser regulado.

El trabajo con Constelaciones Familiares aporta luz a los conflictos familiares para poder repararlos y poder liberar a aquellas personas que cargan con ellos.

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¿Necesitamos trabajar con nuestra propia familia?

Esta herramienta no necesita que nuestra familia esté presente para poder desarrollar su terapeútica. Es suficiente con que una persona de la familia esté presente. El trabajo se realiza en un grupo en el que participan personas interesadas en resolver sus propios asuntos y en ayudar a los demás a resolver los suyos. Además del tema familiar también se pueden abordar temas relacionados con otras áreas de la vida como la pareja o el trabajo, por ejemplo.

¿Cómo se desarrolla un taller de Constelaciones?

Esta técnica es muy sencilla. El experto hace una invitación a aquellas personas del grupo que quieran participar. Los trabajos se realizarán sobre cuestiones familiares o individuales. La persona que dirige el taller decidirá qué asuntos son los que tienen peso suficiente para que sean trabajados.

Comenzará una de las personas del grupo especificando el asunto de su vida que le causa dificultad. Después, el terapeuta planteará preguntas que ayuden a clarificar si es necesario. Una vez aclarado el tema se pide a la persona en cuestión que seleccione a las personas que representarán a los familiares relacionados con el problema incluyéndole a él mismo. Cuando ya ha sido seleccionadas, estas personas serán situadas en determinados lugares siguiendo su propia intuición.

Ese grupo de personas llevará a cabo una representación que reflejará lo que le sucede a esa persona. Gracias a ello, se podrá observar desde el exterior qué dinámicas y lealtades familiares ocultas están actuando. En todo este proceso el terapeuta acompañará a la persona ayudándola a reconocer la realidad y orientando la situación. Poco a poco, se irá buscando una forma de solucionarlo dándole continuidad y fuerza para el futuro.

 

Las Constelaciones Familiares operan a niveles que se escapan de nuestra percepción ordinaria. Lo más interesante es que todas las personas del clan familiar se ven afectadas por el trabajo que hace solo una de ellas, aunque el resto no estén presentes.


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Practicar yoga mejora la depresión

La depresión es una enfermedad que cada vez más personas padecen. Afortunadamente, tenemos muchas herramientas a nuestro alcance para mejorar o prevenir ese estado que tanto nos paraliza. La práctica del yoga es una de esas herramientas que nos ayudará a aliviar los síntomas y también a prevenir, en gran medida, los estados depresivos.

¿A qué llamamos depresión?

Probablemente habrás escuchado a muchas personas decir que “están depres”. Esta forma de hablar es muy común pero no tiene nada que ver con una depresión real. Las personas que nunca han sufrido una depresión suelen creer que tristeza y depresión es lo mismo. Esto no es cierto. La tristeza es un sentimiento muy sano que nos visita de vez en cuando y, tras haber hecho su cometido, nos abandona dejando paso a otro tipo de emociones. Sin embargo, la persona deprimida se encuentra en un estado de tristeza y apatía permanente que no le permite llevar una vida normal por mucho que lo desee. La depresión afecta al organismo de manera global.

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Yoga y depresión

Las personas deprimidas suelen encontrar mucha dificultad en llevar a cabo cualquier actividad. No obstante, una vez traspasado esta primer sensación de apatía gracias a la fuerza de voluntad, el yoga puede serles de gran ayuda.

La práctica del yoga se considera un ejercicio físico. Sin embargo su influencia se extiende también a la parte mental y espiritual de aquel que la practica. Cuando practicamos yoga se produce una reconexión en todo nuestro ser y nos ponemos en contacto con nuestro yo más profundo.

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Beneficios de la práctica del yoga

Como ya hemos comentado, el yoga puede ser una valiosa ayuda para las personas con depresión. Entre sus multiples beneficios encontramos:

Mejora la voluntad

Las personas deprimidas tienen grandes problemas para ponerse en acción. El hecho de ser capaz de asistir a una clase de yoga pondrá en marcha la disciplina y el autocontrol que serán de gran ayuda para que esa voluntad se recupere.

Facilita el descanso

El insomnio es uno de los compañeros, a veces inseparables, de las personas deprimidas. Al practicar los ejercicios respiratorios la persona encuentra que se siente más relajada. La tensión muscular desaparece y, consecuentemente, la persona será capaz de dormir mejor.

Es un bálsamo para el sistema nervioso

De la misma manera que los ejercicios de respiración facilitan el descanso, también equilibran el sistema nervioso. La práctica del yoga ayuda a equilibrar los sistemas simpático y parasimpático, haciendo que la persona deprimida se sienta mejor.

Mejora la concentración

Los ejercicios que se practican en el yoga activan nuestra atención. Al focalizarnos en nuestra respiración y a la vez en los movimientos de nuestro cuerpo, la concentración aumenta.

Es de gran ayuda para relativizar

Con la práctica del yoga nuestro discurso mental pasa a un segundo plano proporcionando un respiro a todo el organismo. Estos pequeños descansos a nivel mental ayudarán a la persona deprimida a poner cierta distancia entre su tristeza y ella misma. De esta manera resulta más fácil relativizar.

Fomenta las relaciones sociales

Los grupos de personas que practican yoga son una estupenda terapia en si misma para las personas deprimidas que, por norma, suelen tender al aislamiento. El compromiso con su clase de yoga y la compañía de otras personas conseguirá que la persona se sienta acompañada y su estado de ánimo mejore.

 

En resumen, podemos afirmar que el yoga es de gran ayuda para mejorar los estados depresivos. Por supuesto, esta técnica siempre será un complemento a otro tipo de terapias que también están indicadas para tratar la depresión.


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Tener en cuenta el morir para aprender a vivir

En este momento de la historia la mente humana está poco acostumbrada a reflexionar. Esa reflexión, que a los antiguos les pareció distintivo de nuestra “superioridad” frente a otras especies, no tiene cabida entre nuestros hábitos. Actualmente, todo se nos es dado desde afuera. Buscamos información en fuentes externas que consideramos fiables por sistema. Así mismo, una vida frenética como la que vivimos deja poco espacio para ir hacía dentro y acceder a nuestra propia sabiduría. Debido a esta ausencia de reflexión vivimos nuestra vida como si fuera a durar eternamente. No hay lugar para considerar la posibilidad de que un día vamos a morir.

El nacimiento y el olvido

Desde el momento que nacemos, comenzamos un camino que nos dirige, ineludiblemente, hacía el siguiente proceso vital al que denominamos muerte. Al espacio entre el nacer y el morir lo denominamos vida. Durante ese periodo que, ilusoriamente, llamamos “nuestra vida”, perdemos la perspectiva de que ese vivir tiene fecha de caducidad.

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En general, la vida de un ser un ser humano corriente se desarrolla en un ajetreado ir y venir. Este ajetreo casi siempre es bastante inconsciente. Nos embarcamos en luchas y afanes que nos mantienen ocupados.  La mayoría de las veces estas luchas las realizamos de manera automática. Durante gran parte de nuestra vida vivimos sumidos en anhelos, aspiraciones, apetencias y deseos. Y, normalmente, nos tomamos todo este trajín sumamente en serio…

Los giros de la vida

En todo este proceso del vivir nos solemos olvidar de los giros inesperados que la vida nos ofrece. Cuando aparecen esos vaivenes, nos vemos obligados a plantearnos cosas que antes ni siquiera teníamos en cuenta. Gracias a ellos, es posible que tengamos vislumbres de la fecha de caducidad de nuestro cuerpo físico.

Nuestra forma de entender la existencia nos obliga a llamar contratiempos a dichos giros. Cualquier situación como una enfermedad o cambio de estado o modo de vida, desestructura nuestro mundo de tal forma, que nos obliga a hacer un alto y nos ofrece espacio para la reflexión. Desafortunadamente, hoy en día, incluso en estos casos, esa reflexión la hacen pocas personas. Lo normal es poner algún parche farmacológico a ese “malestar” y seguir con la misma actividad frenética que nos condujo hacía ese desequilibrio.

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Hacer un alto en el camino

Otra forma de afrontar estas paradas obligatorias es aprovechando la ocasión para reflexionar acerca de nuestro vivir. En esas ocasiones, si nos damos el espacio para sentirlo, es muy posible que conectemos con nuestra infinita naturaleza. 

En nuestra cultura, la finitud que caracteriza a nuestro cuerpo está casi escondida debajo de la alfombra. El morir no está de moda. Se nos obliga a vivir con este concepto fuera de nuestro pensamiento. De forma inconsciente, nos sentimos cómodos obviando este proceso porque así sentimos que el miedo se sofoca. Sin embargo, cuando llega ese momento, nos sorprende y nos asusta tanto que, al final, la mayoría de las personas prefieren un morir inconsciente.

Si pudiéramos conectar con la ineludible realidad de nuestra muerte es muy posible que nos diéramos de bruces con la naturaleza inmortal que yace en nuestro interior. Nuestra sociedad está hambrienta de transcendencia. Necesitamos con urgencia hacer un espacio en nuestras vidas que nos conecte con esa dimensión que nos habita.

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Una vida consciente es un pasaje para una muerte consciente. El proceso de morir forma parte de la vida y, de la misma manera que podemos disfrutar de la vida, también es posible disfrutar de la muerte. El secreto para ese disfrute es ir aceptando las pequeñas muertes que en nuestra vida se producen desde el momento de nuestro nacimiento.


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Indecisión, una llamada a ir hacía dentro

Son muchos los momentos en los que la vida nos exige que tomemos una decisión. Sin embargo, la claridad respecto a cuál es la mejor elección no suele visitarnos en esos momentos. Por ese motivo, cuando estamos indecisos, sin saber que camino tomar, lo mejor es parar, recapacitar y, por el momento, no hacer nada. La indecisión puede ser una buena ocasión para conectar con nuestro interior.

La sociedad del hacer

En una ocasión escuché la siguiente frase: “Si no sabes que hacer, mejor no hagas nada”. A lo largo de mi vida, siempre que he empleado esta máxima todo ha ido sobre ruedas.

La sociedad en la que nos movemos contempla con poca simpatía la opción de no hacer nada. Parece que si no estamos en continuo movimiento y actividad no aportamos todo lo que se espera de nosotros. Por este motivo nuestro vivir se torna cada vez más agitado y confuso. Son muchas las ocasiones en las que hacemos las cosas sin saber muy bien por qué. Hay que hacer…. Lo qué sea pero hacer…

Un alto en el camino

Cuando la vida se torna confusa lo mejor que podemos hacer es aprovechar la ocasión para hacer un alto en el camino. Si conseguimos que la actividad a la que normalmente estamos acostumbrados se ralentice, todo comenzará a parecer mucho más claro.

La calma hace que el agua turbia se aclare. Además, desde la tranquilidad, podemos tomar el papel de testigos de la situación que nos preocupa. Desde esa posición se ven mucho más fácilmente todas las opciones y, por lo tanto, escogeremos aquella que más nos convenga con mayor discernimiento.

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No te lances a actuar sin antes reflexionar

Son pocas las cosas que requieren atención urgente en esta vida. Sin embargo, vivimos como si fuera justo al contrario. Parece que todo necesita ser resuelto de manera inmediata. Corremos, corremos y corremos sin preguntarnos el porqué de estas carreras.

En cualquier encrucijada que puedas encontrarte recuerda que antes de actuar es mejor que te detengas. Haz una pausa, respira y tómate todo el tiempo que te sea posible para ver si la respuesta llega a ti. En ese estado de calma es más fácil que la parte de ti que tome partido sea aquella que posee la sabiduría. El pequeño yo, que poco entiende de las razones que tiene la vida para que ocurran las cosas, siempre reacciona de forma incontrolada y poco acertada. Tu verdadero Yo siempre subyace bajo la calma y la tranquilidad esperando a ser escuchado.

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Todo en la creación lleva un ritmo que hay que respetar. Los seres humanos olvidamos sin querer que esos ritmos existen y así nos luce el pelo. Recuerda, casi nada que valga la pena se hizo de manera apresurada. Ralentiza tu vida, y todo será mucho más fácil.

 


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La mente dual: vivir sin etiquetas

La mente humana, cuyo mayor cometido es mantenernos a salvo, puede ser la responsable de muchos malestares. Una mente que no vaya más allá de sus funciones puede ser una gran amiga y compañera. Sin embargo, cuando la mente nos engatusa seduciéndonos con el juego de los juicios y opuestos, de amiga se convertirá en enemiga.

Creencias y experiencias pasadas

Nuestra mente funciona a partir de las creencias heredadas, así como de aquellas opiniones que las experiencias vividas nos han dejado como regalo. Por ejemplo, gracias a que un día nos quemó el fuego, es muy posible que no nos vuelva a pasar. Para este tipo de menesteres la mente será nuestra más fiel aliada.

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De la misma manera, las creencias que hemos heredado a lo largo de nuestra vida filtrarán las experiencias que vivamos catalogándolas de positivas o negativas. Esto sucederá de manera automática y, casi siempre, sin que pase por el filtro del sentido común. Aquí es donde la mente y su contenido pueden convertirse en malos compañeros de viaje.

Lo antiguo resta frescura al momento presente

Si consentimos en permitir que nuestra mente se enrede en interpretaciones basadas en creencias inconscientes, es muy posible que nuestra vida pierda el color y la alegría. Cuando juzgamos aquello que nos ocurre en el presente poniéndole el filtro de las creencias, nos perdemos lo que en realidad está sucediendo.

Ante la mayoría de las situaciones, nuestra mente está programada para reaccionar. Esas reacciones provienen siempre de algo que nos sucedió en el pasado o incluso de algo que sucedió a las personas que nos educaron. Son mecanismos muy sencillos. Aunque tal sencillez no significa que no sean capaces de dar lugar a interpretaciones bastante complejas y, a menudo, dolorosas.

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El campesino y su hijo

Un campesino que trabajaba duramente la tierra con su hijo un día vio que su caballo un día se había marchado. Su hijo apenado le dijo:

-¿Qué desgraciados somos padre? ¡Ya no tenemos caballo!

– ¿Desgracia? Veremos qué trae la vida… – respondió el padre

Con el paso del tiempo el caballo regresó acompañado. Entonces el hijo le dijo a su padre:

– ¡Qué suerte hemos tenido padre! ¡Ahora tenemos dos caballos!

El padre volvió a decir: – ¿Suerte? Veremos qué trae la vida…

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Unos días después, el hijo intentó montar al caballo nuevo. Al no reconocer el caballo al jinete lo arrojó al suelo haciendo que este se fracturara una pierna. En esta ocasión la mente del hijo volvió a decir:

– ¡Padre! ¡Somos desgraciados de nuevo! Con la pierna rota no podré ayudarte en el campo-.

De nuevo, el padre en su gran sabiduría dijo: – ¿desgracia? Veremos qué trae la vida…-

A los pocos días llegaron al pueblo los enviados del rey buscando jóvenes para enviar a la guerra. Al llegar a casa del campesino y ver el estado de su hijo siguieron su camino sin llevarse al muchacho por tener la pierna rota.

De esta manera el hijo del campesino entendió que nada es lo que parece y que aunque la mente se empeñe en etiquetar las experiencias, esa no es la realidad.

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Cada vez que permitimos, de manera inconsciente, que nuestra mente ponga una etiqueta de bueno o malo a aquello que estemos experimentando nos perderemos vivir el momento con todos sus matices. Nada es positivo o negativo en si mismo. La vida siempre nos traerá las experiencias que más necesitemos. En nuestra mano estará de qué manera las vivimos.


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Autoobservación, la llave hacía la salud

La forma de vida que llevamos nos obliga a no ser conscientes de muchas cosas. Tanto dentro como fuera de nosotros ocurren cosas que solo podemos apreciar si vivimos de manera más consciente. Nuestro cuerpo tiende a la salud y, para conservarla, nos envía señales que nos indican qué es lo mejor para nosotros. Lamentablemente, muy a menudo, no escuchamos esas señales o, en el peor de los casos, las reprimimos o ignoramos. De la misma manera, determinadas emociones, que nos vendría bien atender, tampoco son tenidas en cuenta. Solo con un poco de autoobservación nuestra calidad de vida mejoraría considerablemente.

¡Escuchaté! ¡Dentro de ti hay vida!

Nos hemos acostumbrado a desarrollar una actividad frenética como si nuestra vida dependiera de ello. Corremos desde que nos levantamos hasta que nos volvemos a acostar. Creemos de que la  mejor manera de tener éxito y alcanzar la felicidad es perseguir meta tras meta. En base a estas creencias es fácil observar a la gente por la calle moviéndose a toda velocidad y con la mirada perdida sin prestar atención a lo que pasa a su alrededor. Cabría preguntarse si eso tiene alguna relación, aunque sea indirecta, con ser felices. Creo que no…

Debido a este modo de vivir, nos comunicamos muy poco o nada con lo que está ocurriendo en nuestro interior. Aunque no seamos conscientes, cada segundo, hay una actividad incesante y necesaria allí dentro. Nuestro organismo se emplea a conciencia en proporcionarnos salud y equilibrio. Al mismo tiempo, nosotros no dejamos de agredirle y no tenemos en cuenta los síntomas que nos avisan de a qué deberíamos de poner atención.

El poder está en tu mano

Si fuéramos conscientes de esas señales internas y les diéramos la importancia que merecen, serían pocas las veces que tendríamos que acudir al médico o utilizar medicamentos. Quizá este razonamiento te parezca absurdo pero te aseguro que tiene mucho de cierto.

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Desde que comenzamos el día vivimos ajenos a cualquier señal que recibamos de nuestro propio cuerpo. Por ejemplo, ¿quién no se levanta por la mañana muerto de sueño deseando tomar café para poder comenzar a funcionar? Mucha gente. Algo tan cotidiano como esto no es natural. Para que nuestro cuerpo funcione bien necesita haber descansado y el hecho de levantarnos sin sueño significa que no necesita más descanso. Es cierto que para eso habría que respetar la hora de acostarnos. Una vez más, deberíamos estar atentos a cuando comenzamos a sentir sueño y acostarnos en lugar de seguir viendo la televisión.

La autoobservación

Si pudiéramos vivir de manera más tranquila podríamos percibir lo que sentimos y lo que necesitamos con más claridad. Comeríamos cuando tuviéramos hambre. Descansaríamos cuando estuviéramos cansados. No comeríamos lo que no nos sienta bien. Haríamos ejercicio cuando el cuerpo nos indicara movimiento. Podríamos decir que llevaríamos la vida que necesitamos. ¿A qué esperamos para llevarlo a cabo?

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Cuando vivimos una vida más consciente, la autoobservación también nos ayuda a saber qué sentimos y qué no sentimos. Nuestra brújula interna es capaz de mostrarnos qué es lo mejor para nosotros en cada momento y situación. Solo necesitamos saber que esa brújula existe y seguir sus instrucciones.

 

Hemos olvidado que un día llegamos a este mundo con todas las herramientas para una vida plena y feliz. Nos hemos acostumbrado a vivir de forma desnaturalizada como si no existiera otra. ¡Despierta y mira hacía tu interior! ¡Allí es donde están todas las respuestas!