Category Archives: Psicología

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La mente dual: vivir sin etiquetas

La mente humana, cuyo mayor cometido es mantenernos a salvo, puede ser la responsable de muchos malestares. Una mente que no vaya más allá de sus funciones puede ser una gran amiga y compañera. Sin embargo, cuando la mente nos engatusa seduciéndonos con el juego de los juicios y opuestos, de amiga se convertirá en enemiga.

Creencias y experiencias pasadas

Nuestra mente funciona a partir de las creencias heredadas, así como de aquellas opiniones que las experiencias vividas nos han dejado como regalo. Por ejemplo, gracias a que un día nos quemó el fuego, es muy posible que no nos vuelva a pasar. Para este tipo de menesteres la mente será nuestra más fiel aliada.

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De la misma manera, las creencias que hemos heredado a lo largo de nuestra vida filtrarán las experiencias que vivamos catalogándolas de positivas o negativas. Esto sucederá de manera automática y, casi siempre, sin que pase por el filtro del sentido común. Aquí es donde la mente y su contenido pueden convertirse en malos compañeros de viaje.

Lo antiguo resta frescura al momento presente

Si consentimos en permitir que nuestra mente se enrede en interpretaciones basadas en creencias inconscientes, es muy posible que nuestra vida pierda el color y la alegría. Cuando juzgamos aquello que nos ocurre en el presente poniéndole el filtro de las creencias, nos perdemos lo que en realidad está sucediendo.

Ante la mayoría de las situaciones, nuestra mente está programada para reaccionar. Esas reacciones provienen siempre de algo que nos sucedió en el pasado o incluso de algo que sucedió a las personas que nos educaron. Son mecanismos muy sencillos. Aunque tal sencillez no significa que no sean capaces de dar lugar a interpretaciones bastante complejas y, a menudo, dolorosas.

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El campesino y su hijo

Un campesino que trabajaba duramente la tierra con su hijo un día vio que su caballo un día se había marchado. Su hijo apenado le dijo:

-¿Qué desgraciados somos padre? ¡Ya no tenemos caballo!

– ¿Desgracia? Veremos qué trae la vida… – respondió el padre

Con el paso del tiempo el caballo regresó acompañado. Entonces el hijo le dijo a su padre:

– ¡Qué suerte hemos tenido padre! ¡Ahora tenemos dos caballos!

El padre volvió a decir: – ¿Suerte? Veremos qué trae la vida…

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Unos días después, el hijo intentó montar al caballo nuevo. Al no reconocer el caballo al jinete lo arrojó al suelo haciendo que este se fracturara una pierna. En esta ocasión la mente del hijo volvió a decir:

– ¡Padre! ¡Somos desgraciados de nuevo! Con la pierna rota no podré ayudarte en el campo-.

De nuevo, el padre en su gran sabiduría dijo: – ¿desgracia? Veremos qué trae la vida…-

A los pocos días llegaron al pueblo los enviados del rey buscando jóvenes para enviar a la guerra. Al llegar a casa del campesino y ver el estado de su hijo siguieron su camino sin llevarse al muchacho por tener la pierna rota.

De esta manera el hijo del campesino entendió que nada es lo que parece y que aunque la mente se empeñe en etiquetar las experiencias, esa no es la realidad.

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Cada vez que permitimos, de manera inconsciente, que nuestra mente ponga una etiqueta de bueno o malo a aquello que estemos experimentando nos perderemos vivir el momento con todos sus matices. Nada es positivo o negativo en si mismo. La vida siempre nos traerá las experiencias que más necesitemos. En nuestra mano estará de qué manera las vivimos.


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Autoobservación, la llave hacía la salud

La forma de vida que llevamos nos obliga a no ser conscientes de muchas cosas. Tanto dentro como fuera de nosotros ocurren cosas que solo podemos apreciar si vivimos de manera más consciente. Nuestro cuerpo tiende a la salud y, para conservarla, nos envía señales que nos indican qué es lo mejor para nosotros. Lamentablemente, muy a menudo, no escuchamos esas señales o, en el peor de los casos, las reprimimos o ignoramos. De la misma manera, determinadas emociones, que nos vendría bien atender, tampoco son tenidas en cuenta. Solo con un poco de autoobservación nuestra calidad de vida mejoraría considerablemente.

¡Escuchaté! ¡Dentro de ti hay vida!

Nos hemos acostumbrado a desarrollar una actividad frenética como si nuestra vida dependiera de ello. Corremos desde que nos levantamos hasta que nos volvemos a acostar. Creemos de que la  mejor manera de tener éxito y alcanzar la felicidad es perseguir meta tras meta. En base a estas creencias es fácil observar a la gente por la calle moviéndose a toda velocidad y con la mirada perdida sin prestar atención a lo que pasa a su alrededor. Cabría preguntarse si eso tiene alguna relación, aunque sea indirecta, con ser felices. Creo que no…

Debido a este modo de vivir, nos comunicamos muy poco o nada con lo que está ocurriendo en nuestro interior. Aunque no seamos conscientes, cada segundo, hay una actividad incesante y necesaria allí dentro. Nuestro organismo se emplea a conciencia en proporcionarnos salud y equilibrio. Al mismo tiempo, nosotros no dejamos de agredirle y no tenemos en cuenta los síntomas que nos avisan de a qué deberíamos de poner atención.

El poder está en tu mano

Si fuéramos conscientes de esas señales internas y les diéramos la importancia que merecen, serían pocas las veces que tendríamos que acudir al médico o utilizar medicamentos. Quizá este razonamiento te parezca absurdo pero te aseguro que tiene mucho de cierto.

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Desde que comenzamos el día vivimos ajenos a cualquier señal que recibamos de nuestro propio cuerpo. Por ejemplo, ¿quién no se levanta por la mañana muerto de sueño deseando tomar café para poder comenzar a funcionar? Mucha gente. Algo tan cotidiano como esto no es natural. Para que nuestro cuerpo funcione bien necesita haber descansado y el hecho de levantarnos sin sueño significa que no necesita más descanso. Es cierto que para eso habría que respetar la hora de acostarnos. Una vez más, deberíamos estar atentos a cuando comenzamos a sentir sueño y acostarnos en lugar de seguir viendo la televisión.

La autoobservación

Si pudiéramos vivir de manera más tranquila podríamos percibir lo que sentimos y lo que necesitamos con más claridad. Comeríamos cuando tuviéramos hambre. Descansaríamos cuando estuviéramos cansados. No comeríamos lo que no nos sienta bien. Haríamos ejercicio cuando el cuerpo nos indicara movimiento. Podríamos decir que llevaríamos la vida que necesitamos. ¿A qué esperamos para llevarlo a cabo?

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Cuando vivimos una vida más consciente, la autoobservación también nos ayuda a saber qué sentimos y qué no sentimos. Nuestra brújula interna es capaz de mostrarnos qué es lo mejor para nosotros en cada momento y situación. Solo necesitamos saber que esa brújula existe y seguir sus instrucciones.

 

Hemos olvidado que un día llegamos a este mundo con todas las herramientas para una vida plena y feliz. Nos hemos acostumbrado a vivir de forma desnaturalizada como si no existiera otra. ¡Despierta y mira hacía tu interior! ¡Allí es donde están todas las respuestas!

 


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La diferencia entre felicidad y alegría

La alegría está pasada de moda. Hemos relegado esta bella palabra al olvido y ha sido sustituida por otra palabra parecida pero que no es igual: la felicidad. Podría parecer que ambas palabras son similares. Sin embargo, cada una de ellas nos habla de cosas muy diferentes. Vamos a ver en que consiste la diferencia.

Alegría en momento presente

Cuando yo era una niña la alegría era un estado en el que muchas personas se encontraban de manera natural. Esta alegría no tenía nada que ver con nada exterior a la persona que lo experimentaba. Recuerdo a personas cantando mientras hacían cosas que hoy en día serían consideradas como trabajos pesados y que nadie querría realizar. Sin embargo, esta alegría acompañaba a muchas personas.

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En general, si miramos hacía el pasado es fácil darnos cuenta de que la cantidad de confort y bienestar era menor, según nosotros lo juzgamos en este momento. Pocas gratificaciones eran instantáneas, la vida tenía un ritmo bien diferente. Eran pocas las personas que se pasaban el día corriendo como se hace hoy en día. La forma de entender el mundo era radicalmente distinta. El hecho de no obtener las cosas a golpe de botón, como en la actualidad, hacía que el tiempo tuviera otro significado. Se podía vivir en el presente tranquilamente. Los sueños de futuro no empujaban a la gente hacía la próxima experiencia de manera urgente. En general, no se perseguía la felicidad a cualquier precio. De esa manera, vivir el presente con alegría era algo que muchas personas hacían de manera habitual.

Felicidad, un sueño de futuro

Según nuestra sociedad se fue mecanizando las cosas comenzaron a cambiar. Teóricamente, todo comenzó a ser más fácil y mucho más rápido. Nos vendieron que esa facilidad y rapidez eran grandes ventajas. Pero ¿es esto una realidad?

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La aceleración que caracteriza nuestra forma de vivir nos ha sacado de nuestros ritmos naturales. Esos ritmos, que la naturaleza sigue conservando, son los que nos permiten vivir de una manera armoniosa. Toda ese culto a la velocidad solo ha conseguido movernos de nuestro verdadero centro y hacernos anhelar algo que llegará en algún momento para hacernos sentir bien. Eso algo se ha venido a llamar felicidad. Son muchos los eslóganes publicitarios que nos prometen “alcanzar la felicidad” a cambio de esto o aquello. Pero ¿realmente, la felicidad se “alcanza” o se nos escapa de las manos de manera continua?

Alegría y felicidad de la mano

Si queremos realmente ser felices tenemos que ser capaces de cultivar la alegría. La alegría, esa palabra que huele a primavera, está dentro de nosotros esperando ser descubierta. Sin embargo, mientras que nuestro interés esté puesto en alcanzar la felicidad, la alegría seguirá siendo sofocada y anulada.

El ser humano aterriza en la materia con la alegría integrada entre sus muchas funciones. Es la alegría que acompaña a los niños cuando son pequeños y aún no han sido adiestrados por los adultos. Es la alegría sin causa que sentimos cuando nos hacemos uno con aquello que hacemos. Esa alegría es la verdadera felicidad que nuestra sociedad nos vende con promesas de futuro. Solo de nosotros depende darnos cuenta de dónde se encuentra realmente.

 

¡Despertemos del sueño en el que estamos sumidos! Ser feliz es posible pero solo aquí y ahora. La felicidad siempre vendrá de la mano de la alegría de vivir que nos ofrece el momento presente.

 

 


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El poder de la aceptación

La felicidad es un estado que todos buscamos lo sepamos o no. Cualquier ser humano pone el deseo de ser feliz en el primer lugar de su lista de aspiraciones. Hacemos cualquier cosa por conseguir esa felicidad pero muchas veces se nos escapa de las manos. Uno de los caminos más cortos para ser feliz es ser capaz de vivir con aceptación aquello que nos sucede. Sin embargo, son pocas las personas que conocen este secreto tan sencillo.

Lo que ya es no puede ser cambiado

Dependiendo de la forma de ser de cada persona la reacción ante diferentes situaciones variará. Las personas más agresivas suelen enfrentar aquello que no es de su agrado intentando cambiarlo. Existen otras personas sin embargo que, ante la misma situación, se resignarán y llevarán “su cruz” como puedan. Tanto en un caso como el otro. la persona sufrirá sin ninguna duda.

Unsplash/Andrew Bui

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Aquel que se lance a la lucha por cambiar una situación sin antes haberla aceptado plenamente, basará su acción en una reacción poco funcional. Así mismo, la persona que se resigna y evita hacer algo, probablemente, se pierda oportunidades que surgirían de la acción si la llevara a cabo.

El ego y su delirio de grandeza

Nuestro pequeño ego vive con la ilusión de controlar su realidad. Debido a ello, se lanza a la conquista del mundo olvidando que su propia creación fue programada sin su participación. El ego cree que el mundo y todo lo que en el sucede debe de obedecer, únicamente, a sus deseos. Desde esa creencia desarrolla su andadura por la materia ahogado en lucha y competitividad con otros egos como él.

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Aunque nos cueste darnos cuenta, la realidad que vivimos se desarrolla, en la mayoría de los casos, de maneras distintas a lo que esperábamos. Ante esos inesperados giros del destino el ego se levanta y se enfrenta a lo que está sucediendo o, en muchos casos, simplemente a resistirse porque sí.

Cuando suceden cosas en nuestra vida que contrarían nuestras expectativas, lo mejor es hacer las paces con ellas. Desde la aceptación de aquello que aparece, la acción que llevemos a cabo siempre será más eficaz. En muchas ocasiones confundimos aceptación con resignación. La aceptación nos da un poder que la resignación nos quita.

Aceptar es un comienzo mientras que resignarse es un final.

Detente, observa y acepta

Sea lo que sea lo que acontezca en tu vida el poder de decidir como reaccionas solo lo tienes tú. Las circunstancias pueden ser de los más adversas pero tu decisión de aceptarlas les dará un toque mucho más liviano.

Ante cualquier situación, lo primero que debemos de hacer es pararnos y observar. Esta pausa puede ser un rato de meditación, un paseo o,simplemente, un rato de recogimiento interior. Desde ahí, si aceptamos plenamente lo que está ocurriendo, nos daremos cuenta de nos sentimos con un mayor control de los acontecimientos. La aceptación es la llave maestra que nos lleva a vivir una vida más consciente y más humilde.

El hecho de aceptar la vida como se presenta nos resta protagonismo a la vez que aligera nuestra carga de estar al mando de todo.

 

Haz un hueco a la aceptación en tu vida y verás como el vivir se convierte en una gran aventura siempre a tu favor.

 


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Quiérete para adelgazar

Mantener el peso deseado en una sociedad que ofrece tanta variedad en alimentación es difícil de conseguir. Son muchas las personas que prueban todo tipo de dietas sin obtener resultados duraderos. Además, muchas de esas dietas, pueden ser perjudiciales por diferentes motivos. Si quieres adelgazar de manera permanente lo mejor que puedes hacer es ordenar tu mente. Las personas que mantienen su peso o adelgazan de forma duradera tienen un perfil psicológico muy diferente a aquellas que no lo consiguen. Vamos a ver de qué se trata.

El efecto de las dietas

Desde el minuto número uno en que una persona comienza una dieta la ansiedad hace acto de presencia. El esfuerzo y la disciplina serán compañeros obligados durante todo el proceso. Será necesario cambiar ciertos hábitos, quizá pesar los alimentos, y en muchos casos, pasar hambre. Si sumamos a todo esto el miedo al fracaso resulta imposible que no nos enfrentemos a cualquier intento de perder peso sin ansiedad.

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Durante algún tiempo es posible que la dieta funcione e incluso que lleguemos a perder algún kilo. Pero, si somos sinceros, al cabo de cierto tiempo, mucha gente acaba abandonando la dieta y cogiendo algún kilo más de los que perdió. Esta situación se puede repetir a menudo en la vida de muchas personas. Pero, ¿hay alguna manera de perder peso y no volverlo a recuperar?

Otro planteamiento

La realidad es que el mayor problema que tienen las personas que no adelgazan está en su mente más que en su estómago. La mejor manera de llegar a tener el peso ideal y no engordar es amarnos a nosotros mismos sobre todas las cosas. ¿Recuerdas esa frase tan conocida de: “Ámate a ti mismo como a los demás”? Pues eso, el primero debe de ser uno mismo.

Cuándo una persona se ama a sí misma no hará cosas que le perjudiquen. Afortunadamente, hoy en día existe mucha información acerca de lo qué es comer sano. Entonces, si tenemos acceso a todo ese conocimento ¿por qué no lo utilizamos? ¿por qué no alimentarnos de comida sana y nutritiva y evitar aquello que nos daña? Porque nos queremos poco.

¿Qué es comer sano?

No hace falta ser un experto en nutrición para saber cómo hacer una buena dieta. La mejor manera de comer sano es llevar a tu mesa alimentos que estén muy poco o nada procesados y que sean lo más frescos posibles. Con estas dos observaciones es posible estar sano y no engordar comiendo la cantidad que nos apetezca.

Si tu alimentación es rica en verduras, frutas, cereales integrales, legumbres y semillas no tienes que preocuparte de nada más. Verduras al vapor, mucha fruta, granos enteros y frutos secos y legumbres en cantidades moderadas serán tus alimentos de cada día para no engordar. Olvida las cantidades, las monodietas y las calorías. Además de eso evita todo tipo de alimentos procesados, los refrescos, el azúcar, los lácteos y sus derivados.

No es necesario restricción alguna de ese tipo de alimentos ya que son tan nutritivos que tu cuerpo los aprovechará al cien por cien y, por lo tanto, la ansiedad desaparecerá.

Unsplash/Sara Dubler

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Agua y ejercicio

En muchas ocasiones sentimos vacío en el estómago y creemos que necesitamos comer cuando lo que nuestro cuerpo nos está pidiendo es agua. Es posible que tomando un vaso de agua a menudo la sensación de hambre desaparezca.

Si a una alimentación sana y a una buena hidratación le añadimos ejercicio moderado practicado de forma habitual, es muy difícil que volvamos a tener problemas de peso.

 

Si te quieres y te pones en primer lugar pocas veces te alimentarás de comida basura. Mereces lo mejor y si así te lo ofreces a ti mismo tu cuerpo reflejará todos esos cuidados.

 


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La importancia de hacer un buen duelo

La muerte, aunque no seamos conscientes de ello, forma parte de la vida. En nuestra cultura la muerte es un tema tabú del que nadie quiere hablar. Cómo mucho, algunas personas, se permiten utilizar el humor negro para quitarle hierro. Sin embargo, si tratáramos este tema de forma más consciente, nuestra forma de vivir sería muy distinta. Así mismo, normalizaríamos el proceso y el llevar a cabo un buen duelo.

¿A qué llamamos duelo?

Cuándo sufrimos una pérdida, del tipo que sea, necesitamos ser capaces de experimentar un duelo. Tanto la pérdida de una identidad a la que nos aferramos, como el abandono o la muerte, son situaciones que nos harán experimentar turbulencias emocionales.

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Cada persona experimentará este proceso de manera distinta pudiendo aparecer una enorme gama de síntomas de toda índole. La tristeza, la negación, el miedo, la ansiedad, la confusión, etc.

Las pequeñas muertes

Si viviéramos de una manera más consciente, nos daríamos cuenta de las pequeñas muertes a las que nos enfrentamos a menudo. De esta manera, aprendiendo a “morir”en las pequeñas cosas, nos haría más fácil el encuentro con la muerte con mayúsculas.

El hecho de enfrentarnos a una pérdida, del tipo que sea, nos conduce a una experiencia emocional que denominamos duelo. Si llevamos a cabo este proceso adecuadamente nos adaptaremos bien a la nueva situación. La herida causada por la pérdida necesita de cuidado y tiempo para poder ser sanada.

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Fases del duelo

Aunque no todo el mundo lo experimenta de la misma manera, existen cuatro fases por las que se pasa cuando experimentamos una pérdida:

  • Negación. En un principio parece imposible que aquello haya sucedido. Con esta negación intentamos controlar de alguna manera lo que ya no se puede controlar. Esta es una etapa de gran bloqueo. Algunas personas no niegan la pérdida pero si niegan el dolor que sienten.
  • Enfado. Sentirnos enfadados es muy humano y normal en estos casos. De hecho, es muy saludable ser capaces de contactar con la rabia que sentimos.
  • Negociación. En esta etapa, algunas personas, imaginan que pueden hacer algo por revertir lo que ha pasado. Intentan, de diferentes formas, encontrar soluciones que no son reales.
  • Depresión y tristeza. Según pasa el tiempo, la persona se va permitiendo sentir la tristeza y el dolor. Esta es una etapa en la que la energía es muy baja. Aún así, una vez aquí, la reconstrucción de la vida después de la pérdida ya se podrá producir
  • Aceptación. Cuando ya hemos sentido todo lo anterior llega este último paso. Aunque no es fácil aceptar, la mejor forma de enfrentar el futuro es a través de la aceptación de lo que ha sucedido. Es una ardua tarea pero merece la pena. Es importante no confundir aceptación con resignación.
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El vivir es un proceso en el que nada permanece para siempre. Las pérdidas forman parte de la vida. Perdemos relaciones, situaciones, la juventud, a veces la salud, y en nuestra mano está ser capaces de soltar con facilidad. Además, si  tuviéramos presente no la posibilidad de esas pérdidas, nuestra vida sería más plena. En cualquier caso, cualquier pérdida debe ir seguida de un buen duelo que nos permita pasar a la siguiente etapa libres de cargas.

 

 


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Pereza y salud

Es muy posible que seas una de esas personas a las que, desde que eras muy joven, te han inculcado la creencia de que la pereza es algo negativo. De la misma manera, casi seguro que esta querida compañera te visita a menudo aunque te niegues a recibirla con los debidos honores. ¿Y si te dijera que la pereza puede ser un antídoto contra el estrés y contra muchos de los problemas de salud que tenemos hoy en día?

Hemos olvidado el gozo de vivir

En el inicio de nuestras vidas todos y todas teníamos el permiso para disfrutar de estar vivos. De hecho, esta capacidad viene incluida en el kit de vida de todo aquel que llega a la Tierra. Cualquier niño que no haya sido “educado” aún será capaz de disfrutar tanto haciendo como no haciendo. Cuándo somos niños sentimos que tenemos derecho a sentir una serie de emociones gozosas derivadas de nuestros actos y nos sentimos bien con ello.

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Sin embargo, según vamos cumpliendo años las cosas cambian para peor. Para poder encajar en la sociedad en la que hemos nacido debemos seguir ciertas normas que nos harán aceptables. En esto consiste eso que llamamos educación. En el desarrollo de esa educación vamos perdiendo nuestro yo más espontaneo y gozoso en aras de la aceptación. Con el paso del tiempo tendremos que recurrir a terapias que nos otorguen los permisos que se nos fueron negando…

Actividad continua para ser productivos

El modelo de vida que todos seguimos nos empuja a vivir sumidos en la actividad continua. Este continuo hacer comienza en la infancia cuando nuestros padres nos buscan más y más actividades para poder llenar nuestra agenda de acuerdo con la suya.

Los niños ya no tienen tiempo para aburrirse. Los adultos tampoco. Hemos perdido la sana costumbre de cultivar el arte de no hacer nada… Somos, más que nada, mano de obra que ha aprendido a tener su identidad en esa frenética actividad.

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La naturaleza nos enseña

Solo con un poco de observación podríamos ver la locura de nuestro proceder. En la naturaleza no existe nada que se pueda comparar a lo que hacemos los seres humanos. Tanto animales como plantas se deleitan en disfrutar de ese no hacer nada del que nosotros nos olvidamos.

¿Cuánto tiempo hace que no te sientas a no hacer nada? ¿Te has permitido “perder” el tiempo últimamente? Si no lo has hecho es muy posible que tu vida esté marcada por el estrés y que, si aún no ha sucedido, tu cuerpo comience a quejarse en algún momento.

Incluye a la pereza en tu día a día

Si quieres comenzar a disfrutar de la vida y evitar la larga lista de dolencias relacionadas con el estrés, incluye la pereza y el no hacer en tus hábitos de vida. Reservar cada día un rato para permitirnos no hacer nada y disfrutar con ello es una de las mejores maneras de mantenerse saludable.

Son muchas las maneras de prevenir la enfermedad que no cuestan dinero. Una de ellas es saber parar y dar la bienvenida a la improductividad. Al principio puede que diez minutos de no hacer nada se te hagan largos. Sin embargo, con el tiempo, lo alargarás con placer porque habrás comprobado el bien que te hace.

 

Aunque lo hayamos olvidado la única razón de estar vivos es GOZAR DE LA VIDA. Para empezar a recordarlo solo hay que dar un paso.


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¿Y si no tuviéramos que perseguir la felicidad?

Cada día son más los libros y cursos que nos empujan a buscar o conseguir la felicidad. Parece que estamos obligados a ser felices en todo momento y situación y, si no lo conseguimos, algo no estamos haciendo bien. Esta danza en pos de la felicidad nos empuja a la continua búsqueda de aquella experiencia que nos asegure encontrarla. Sin embargo, vivimos en un momento en el que son muchas las personas que están deprimidas, ansiosas o tristes. ¿Qué estamos haciendo mal?

¿Quién nos promete felicidad?

Hasta no hace mucho tiempo la vida ordinaria de cualquier persona incluía tanto alegría como tristeza y esto se aceptaba mayoritariamente. El ritmo general de la vida de las personas era mucho más lento que el que vivimos hoy en día. La necesidad de nuevas experiencias existía en su justa medida. De esa manera, en la aceptación de que la vida tiene sus luces y sus sombras se desarrollaba la existencia de nuestros antepasados.

Fuente: Unsplash/Roman Kraft

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Hoy, sin embargo, se nos vende por todas partes la persecución de la felicidad a toda costa. Algunas veces, es hasta un poco vergonzoso no conseguir ser lo suficientemente felices…. ¿De dónde viene esa moda de querer ser felices a cualquier precio evitando la vida en su conjunto? ¡Está muy claro! Para ser felices, nos dicen, debemos comprar, adquirir, viajar, y lo que haga falta… Si hacemos todo esto, se nos promete que alcanzaremos una felicidad perenne. ¿Es eso verdad? ¿No es cierto que una vez que hemos comprado, adquirido o viajado, volvemos a lo mismo de siempre? ¿No es cierto que la promesa de la felicidad se queda solo en una promesa?

Tenemos permiso para no ser felices

¿Y si te dijera que tienes permiso para no ser feliz? La vida humana conlleva un gran numero de situaciones que nos hacen sentir de diferentes maneras. La negación de los momentos tristes o angustiosos no hará que dejen de existir. Tenemos permiso y debemos dar a nuestras emociones “negativas” el protagonismo que merecen. Llegan a nosotros para ser observadas, atendidas y abrazadas. No son la basura que tenemos que meter debajo de la alfombra para no ver. Si nos permitimos ser infelices sin miedo no obstaculizaremos el fluir de la vida.

Fuente: Pixabay/Luis Galvez

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Acepta tus momentos tristes, tus angustias, tus llantos. Todos ellos forman parte de lo que eres. No rechaces ninguna emoción y no te esfuerces en hacer que desaparezca rápidamente.

La felicidad no se busca, se siente

En contra de lo que la publicidad nos hace creer no existe nada externo que nos vaya a proporcionar la felicidad. Tampoco es necesario que nos obsesionemos con encontrar la felicidad. La verdadera felicidad es algo que aparece sin objeto que lo acompañe. Ser feliz es un estado que se alcanza o aparece en nuestro interior. Somos felices cuando ponemos atención en cada momento que vivimos. Sin nada que lo origine podemos experimentar gozo dando a lo cotidiano el valor que tiene. Gozo es recordar que contamos con un día más para exprimirlo a nuestro antojo.

Fuente: Pixabay/Max Andrey

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No busques la felicidad, encuéntrala en la aceptación de ti mismo y de todo lo que aparece en tu vida cada día.

 


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Fuente:Pixabay/Jeremy Bishop

¿Qué es el transgeneracional?

Probablemente habrás escuchado la palabra transgeneracional. Aunque te resulte familiar quizá no sabes muy bien qué significa. Si es así, sigue leyendo este artículo porque vamos a explicártelo.

¿Cuándo se inició?

Este término fue popularizado por la psicóloga Anne Ancelin ShützenbergerSu terapia estaba orientada hacía la inmersión en el transgeneracional, es decir, en la búsqueda de los bagajes de nuestros ancestros que cargamos de manera inconsciente. En algunos casos, esta carga es consciente aunque no sepamos como quitárnosla de encima.

Según decía Anne Ancelin: “Lo que conocemos de nuestra familia es tan importante como lo que ignoramos de ella. Los “agujeros” y los “olvidos” en nuestra historia familiar son sumamente interesantes”.

Fuente: Pixabay/Gellinger

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¿En qué consiste?

El transgeneracional es la información guardada por el inconsciente biológico y que el clan familiar transmite de generación en generación. Normalmente, el conflicto será resuelto en generaciones posteriores. De manera general, podemos decir que es todo lo relacionado con las memorias familiares conscientes o no.

El objetivo del análisis transgeneracional es hacer consciente la historia de nuestra familia a la vez que la entendemos. Además de esta comprensión, también es importante que sepamos que rol nos toca jugar en esta historia. De esta manera podremos resolver, si fuera necesario, situaciones que han sido excluidas de la conciencia familiar.

Estudiar el Transgeneracional o árbol genealógico es entender que existen determinados comportamientos inconscientes que se transmiten de generación en generación. Estos comportamientos, en muchas ocasiones, son cargados por el sujeto impidiendo que se pueda realizar en plenitud. Una vez que dichas pautas se hacen conscientes se procederá a que la persona se desvincule de ellos y a que pueda acceder a un futuro sin esas cargas.

Enfermedades y comportamientos

Para entender de qué manera influye en nuestra vida la información transgeneracional, es importante que entendamos que aunque haya conflictos heredados de nuestros antepasados siempre existe en nuestra vida actual algo que desencadena el conflicto.

Parece ser que ciertas enfermedades pueden verse influenciadas por factores transgeneracionales. Entre ellas encontramos la artrosis, ciertas parálisis, esclerosis en placa, enfermedades degenerativas e, incluso, algunas alergias. Así mismo, ciertas patologías digestivas, articulares y pulmonares tienen relación con aquello que heredamos de nuestras familias.

Fuente: Unsplash/Lindy Baker

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Factores importantes

Hay ciertas circunstancias que se transmiten especialmente a través del árbol y que generan patologías, estos son:

  • Secretos familiares: tabúes, incestos, adulterios
  • Lo que no se dice: adopciones, hijos ilegítimos
  • Cuestiones relacionadas con el dinero: herencias, robos, peleas entre familiares
  • Dramas: suicidios, abortos, locura, asesinatos,

Cualquiera de estas cosas, sí se mantienen en silencio, se convertirán en dolores o dolencias de diferente índole. Según decía Francoise Dolto; “El cuerpo de los hijos grita lo que los padres callan”.

 

Cómo habrás podido comprobar, el estudio del transgeneracional es una estupenda herramienta de sanación. Cuando conseguimos sanar el árbol familiar accedemos a nuestra propia sanación y, de esta manera, podremos llegar a ser aquello que en realidad somos.

 

 

 


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El valor de amarse a uno mismo

Pocas personas son las que no conocen la frase “ama a los demás como a ti mismo”. Aún así, casi nadie ha sabido interpretar correctamente su significado. Hemos olvidado lo más importante que es comenzar por nosotros mismos. Muy a menudo ponemos las necesidades de los otros antes que la propias, sobre todo, entre el género femenino. Sin darnos cuenta, actuando de esta manera, ponemos en peligro nuestra salud física y mental, y lo que entregamos al otro se encuentra cargado de expectativas. Cuando nosotros mismos no estamos atendidos la atención a los demás no es desinteresada.

Nuestra sabiduría innata

Desde el momento en que nacemos contamos con un sistema de guía que podría servirnos para el resto de nuestra vida si no fuera sofocado por las creencias que la sociedad nos impone. Es muy fácil ver lo bien que funciona este sistema observando a los niños más pequeños. Antes de ser influidos por las normas sociales, un niño sabe muy bien qué es lo que necesita en cada momento. Sin embargo, según vamos creciendo, vamos renunciando a esta parte nuestra en el intento de ser aceptados por los demás.

Fuente:Unsplash/Matheus Ferrero

Fuente:Unsplash/Matheus Ferrero

El amor a uno mismo

La primera obligación de una persona es satisfacer sus necesidades, amarse y respetarse. No obstante, desde muy pequeños se nos alienta a postergar nuestras necesidades y, muy frecuentemente, a no prestar atención a las características que nos diferencian de los demás. En lugar de eso, somos animados a seguir las normas de uniformidad a la vez que educados en la más feroz competencia. De esta manera, nuestra vida pasa con la mirada puesta hacía afuera en lugar de hacía dentro. Muy a menudo, la desconexión con uno mismo es tal que ni siquiera sabemos cuáles son nuestras necesidades. Así como tampoco somos capaces de satisfacerlas sin sentirnos culpables.

Una persona que se ama y se respeta a sí misma siempre respetará y amará al otro. Si todos los miembros de nuestra sociedad supieran esto y lo llevaran a cabo viviríamos en una sociedad más justa y rica en matices.

Autoestima o egoismo

En muchas ocasiones confundimos estos dos términos. No obstante, estas dos palabras tienen significados diferentes. Una persona egoísta es aquella que únicamente piensa en sí misma y su beneficio. La persona con autoestima, conoce su propio valor y satisface sus necesidades. La diferencia entre ambos es que la persona egoísta no tendrá problemas en perjudicar a los otros para conseguir sus propios fines, mientras que la persona con autoestima se quiere a si misma y también a los demás.

Aumentar la autoestima

Es posible que estés en un momento de tu vida que te has dado cuenta de que necesitas comenzar a quererte un poquito más. Al principio, quererse y ponerse en primer lugar puede resultar difícil ya que no forma parte de nuestros hábitos. Sin embargo, con paciencia y constancia es fácil ir introduciendo pequeños cambios.

Unsplash/Brooke Cagle

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Lo más importante, en un principio es, reconocer tus necesidades. La mejor manera de hacerlo es consiguiendo llevar una vida más tranquila. Las prisas y ajetreos nos alejan de nosotros mismos. Tanto la meditación como cualquiera de las numerosas técnicas de relajación existentes te ayudarán a que tu mente no se apodere de ti y te aportarán claridad respecto a tus verdaderas necesidades.

 

Una persona que conoce su propio valor lo cuidará como si de su mayor tesoro se tratara. Cada uno de nosotros somos el centro del nuestro universo personal. ¡La responsabilidad de nuestra felicidad y bienestar es individual y personal!