El miso y sus numerosas propiedades

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El miso y sus numerosas propiedades

Uno de los alimentos fermentados más completos y nutritivos es el miso. Esta pasta, de gran aroma, es muy conocida en Japón pero una casi desconocida en otras culturas. Sin embargo, son tantas sus propiedades y beneficios para la salud que merece la pena incluirla en cualquier dieta.

Qué es el miso

El miso es una pasta fermentada de forma natural. La fermentación se lleva a cabo con semillas de soja fermentada y sal marina. En ocasiones, se añade también arroz, cebada o trigo. Para activar el proceso de fermentación se utiliza el hongo kojiEste hongo es muy utilizado en la mayoría de los fermentados en Japón. Este fermentado se considera en la tradición china y japonesa como altamente curativo.

Pixabay/KIMDAEJEUNG

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Tipos de miso

Dependiendo de si la fermentación se hace solo con soja o con algún cereal el miso tendrá distinto sabor y propiedades. Los distintos tipos son:

Hatcho miso

Es el tipo de sabor más fuerte y de color más oscuro. Es marrón oscuro con ciertas tonalidades rojas. Se elabora únicamente con soja, sin ningún cereal. Esta variedad es la más alta en proteína, aproximadamente 21%. Es apto para celíacos. Va bien con para añadirlo en guisos y sopas fuertes.

Genmai miso

A este miso se fermenta con soja y arroz integral. Su sabor es salado tirando a terroso y su color marrón. Es una variedad más difícil de fermentar. Lo pueden tomar los celíacos y va bien con carnes ya que aporta un punto picante.

Mugi miso

Esta pasta se elabora con soja y cebada. Tiene un color marrón rojizo y un sabor dulzón. Tiene cierto aroma a cebada. Su contenido en proteínas es alto, alrededor del 13% y va bien con patés, legumbres, guisos o sopas.

Aka miso

Se le conoce también como miso rojo. Su fermentación es de dos o tres años. Este tipo contiene arroz blanco, además de soja y tiene un sabor muy unami y bastante fuerte. Además de los usos habituales en sopas va muy con hortalizas, bulbos y frutos secos.

Shiro miso

Este tipo es el más suave de sabor porque su fermentación ha sido más corta. Normalmente solo se ha fermentado semanas o pocos meses. Es de color amarillo claro. Igual que el anterior se elabora con arroz blanco además de la soja. Tiene textura suave y cremosa y va bien con pescado, tofu o ensaladas.

Propiedades del miso

Cómo todos los alimentos fermentados, su mayor propiedad es la capacidad depurativa. No obstante, son muchos más los beneficios que nos ofrece su consumo:

  • Posee una cantidad interesante de proteínas e hidratos de carbono
  • Tiene un altísimo poder desintoxicante
  • Interviene positivamente en todo el proceso digestivo
  • Es muy rico en minerales
Pixabay/hoyas

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Cúando y cómo consumir miso

Es muy importante que el miso que consumamos sea sin pasteurizar para que conserve todas sus propiedades. Al no haber sido pasteurizado nos aportará enzimas digestivas que equilibran la flora intestinal.

Debido a su gran poder depurativo está indicado en personas que reciban quimioterapía o que hayan recibido altas dosis de radiación. Su gran poder alcalinizante le hace ideal en dietas que quieran eliminar la acidez de alimentos refinados.

Es un gran aliado para los deportistas por su alto contenido en hidratos de carbono y proteínas. Así mismo, las altas concentraciones de isoflavonas que posee le hace muy adecuado para la salud hormonal femenina. Es muy importante tener en cuenta que no debe de someterse a altas temperaturas. La mejor manera de conservar todas sus propiedades es añadiéndolo al final de la preparación de los alimentos. Nunca debe hervir.

El miso en la cocina es un gran aliado para hacer platos muy sabrosos y saludables. No olvides que al utilizarlo en la cocina la sal ya no es necesaria.


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¿Los hidratos de carbono engordan?

Una buena nutrición es algo que, cada día, preocupa a más personas. Debido a este creciente interés, cada vez aparecen más dietas que nos prometen milagros. Sin embargo, deberíamos ser cautos a la hora de creer en este tipo de promesas. Muchas de estas dietas no están basadas en la ciencia ni en el sentido común. Por ejemplo, las dietas que recomiendan suprimir por completo los hidratos de carbono. ¿Es esto algo beneficioso realmente?

Lo sabiduría antigua

En la actualidad disponemos de un exceso de alternativas a la hora de alimentarnos. Hasta no hace mucho tiempo, la alimentación humana se basaba en los alimentos que ofrecía la tierra en cada estación. Ahora, sin embargo, es tan grande la oferta que muchas veces llegamos a sentirnos abrumados.

Pixabay/SIlviadegio

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A lo largo de la historia, en muchas culturas, la base de la alimentación han sido los cereales, las verduras y las frutas. Estos alimentos que crecían cerca de dónde las personas vivían, nutrían sin problemas a los habitantes de cada lugar en concreto. El arroz, el trigo, el mijo y las patatas han sido la base energética de la dieta de millones de personas durante aquellos momentos en los que enfermedades como el cáncer, el alzheimer o la diabetes eran desconocidos. 

Función de los hidratos de carbono

Los hidratos de carbono, que tan mal vistos están en la actualidad, son y deberían de ser la base de una alimentación saludable. Su función está relacionada con la energía que necesitamos para que nuestro cuerpo funcione correctamente. Tanto los hidratos de carbono simples como los complejos nos aportan energía. Sin embargo, la forma en la que nuestro cuerpo lo gestiona es totalmente diferente.

Pixabay/Pexels

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Cuando tomamos hidratos de carbono simples como el azúcar o los cereales refinados la glucosa sube rápidamente en sangre, obligando al organismo a que busque la forma de normalizar la situación de manera urgente. Esta solución está relacionada con una rápida secreción de insulina que evite el peligro que conlleva demasiada azúcar en el torrente sanguíneo. Debido a ello, un rato después de haber ingerido este tipo de alimentos, notaremos cansancio y necesitaremos volver a comer algo de nuevo.

Si los hidratos de carbono que tomamos son complejos, como los cereales integrales, la reacción de nuestro organismo es totalmente diferente. Este tipo de alimentos, al contar con todos sus nutrientes y fibra, aportan a nuestro cuerpo combustible fácilmente asimilable que nos mantendrá con energía constante durante muchas horas, sin necesidad de volver a comer.

El problema son el tipo de hidratos de carbono

Podemos afirmar que los carbohidratos son necesarios para una buena nutrición. Además de todo lo que aportan a nuestra dieta son muy bajos en calorías. Lo que tenemos que tener en cuenta es qué tipo de hidratos son los que tomamos.

En contra de lo que se nos ha hecho creer, el pan no engorda. El pan de toda la vida, fermentado el tiempo necesario y hecho con harina integral es uno de los alimentos más completos que podemos tomar. Otra cosa es ese alimento que hoy en día también se llama pan y que se puede comprar en cualquier sitio. Este tipo de pan se puede comer pero no es nutritivo. Contiene aditivos poco recomendables y eleva nuestro nivel de glucosa en sangre de la misma forma que lo haría el azúcar. Por lo tanto, aunque se parezca al pan, podríamos considerarlo un veneno. Igualmente, los panes que compramos como “integrales” en tiendas no especializadas tampoco son nutritivos. A este tipo de pan se le añaden aditivos que lo oscurecen pero no podemos considerarlo pan completo.

El arroz blanco también es un alimento que carece de todos sus nutrientes y fibra. Al refinarlo ha perdido todas sus propiedades nutritivas. Sin embargo, el arroz integral si que nos ofrece todas sus vitaminas y fibra. También podemos optar por cereales tan interesantes nutricionalmente como el centeno, el mijo, la avena, la cebada y muchos más, siempre que sean integrales. Ninguno de estos cereales incrementará nuestros peso y, sin embargo, nos aportan mucha energía y nutrientes de calidad.

 

En definitiva, no elimines los hidratos de carbono si quieres perder peso. Elije la opción más saludable. ¡Pon en tu vida cereales integrales!