¿Es beneficiosa la dieta alcalina?

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¿Es beneficiosa la dieta alcalina?

Probablemente más de una vez habrás oído hablar de la dieta alcalina. Este tipo de dieta se encuentra entre las muchas opciones que han surgido en la búsqueda de una alimentación más natural. Los defensores sostienen que el hecho de ingerir más alimentos alcalinos que ácidos es sinónimo de equilibrio y salud. Vamos a ver qué quiere decir esto.

Alimentación poco natural

En la actualidad nos alimentamos de forma cada vez más desnaturalizada. Es cierto que los alimentos que llevamos a nuestra mesa son el resultado de elecciones basadas en la rapidez que caracteriza nuestro modo de vivir. Debido a esto, en la mayoría de las dietas abundan los productos de origen animal, las grasas, los lácteos y los alimentos procesados. El abuso de todos ellos está relacionado con la mala salud y con el exceso de peso. Además, estos productos son altamente acidificantes.

Pixabay/NjoyHarmony

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¿Qué es la dieta alcalina?

La dieta alcalina se fundamenta en que la mayoría de las enfermedades están relacionadas con un medio ácido, por lo que la mejor manera de evitarlas sería conseguir que nuestro organismo esté más alcalino qué ácido (idealmente entre 7,35 – 7,45). Según sus seguidores, esto se puede conseguir a través de la dieta distinguiendo entre alimentos acidificantes y alcalinizantes. El equilibrio estaría en ingerir un 20% de los primeros y un 80% de los últimos.

El pH sanguíneo lo regula el propio cuerpo

Son muchas las personas que creen esta dieta equilibra el pH de la sangre. Eso es un error. El pH sanguineo permanece siempre en el nivel óptimo para la vida del individuo y de ello se encarga el sistema interno del organismo. Solo en caso de enfermedades extremadamente graves el pH sanguíneo se verá alterado poniendo en riesgo la salud de la persona que lo padezca. En todo caso, este tipo de alimentación, serviría de apoyo a este sistema haciendo su labor más fácil.

Pixabay/qimono

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Los distinos pH del cuerpo

En nuestro organismo el pH varía dependiendo de la parte del cuerpo de la que hablemos. Esta variación asegura que cada una de sus partes cumpla su función adecuadamente.

El pH se mide en una escala de 0 a 14. Se considera pH ácido entre 0 y 6, neutro el 7 y a partir del 8 alcalino. El pH del estómago, por ejemplo, se situa entre 1,34 y 3,5; el de la piel entre 4 y 6,5 y la orina entre 4,6 y 8. Así mismo, el pH de la sangre se mantendrá siempre entre 7,35 y 7,45.

Cuida de tu cuerpo y confía en su sabiduría

Aunque son muchos los seguidores de esta dieta y otras muchas, yo te invito a obtener la sabiduría de tu propio interior. Todos poseemos un conocimiento innato que, junto al sentido común, nos informa de lo que es mejor para nosotros. Las mayoría de las dietas son modas pasajeras que, en muchas ocasiones, no tienen nada que ver con el sentido común.

Nuestro cuerpo cuenta con una inteligencia asombrosa que sabe de qué forma seguir con vida, incluso en situaciones extremas. Debido a ello, la mejor manera de mantener la salud es cuidarlo atendiendo a lo que nos marca. Eso si, para ello hay que saber escucharlo y esto quizá requiera un ritmo de vida más lento y consciente.

Es cierto que todos los alimentos más alcalinos que defiende este tipo de dieta son más saludables que los más ácidos. En general, las verduras, las frutas, las legumbres y los cereales integrales son más alcalinos a la vez que más beneficiosos. Así mismo, las carnes, las grasas, los lácteos y las bebidas excitantes acidifican en mayor medida y deberíamos consumirlos en cantidades pequeñas.

Por todo ello, es muy interesante saber en qué consiste la dieta alcalina. Aún así, no hay necesidad de seguirla como si se tratara de una religión. Si procuramos alimentarnos de manera sana y natural, nuestro cuerpo será capaz de encargarse de mantener el equilibrio y la salud.

 


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Fuente: PIxabay/geralt

Las diferentes ondas cerebrales

Nuestra actividad cerebral varía a lo largo del día y de la noche. El cerebro está formado por billones de células llamadas neuronas. Estas células están conectadas unas con otras formando una gran red. Entre ellas se comunican a través de impulsos eléctricos haciendo posibles nuestros pensamientos, emociones y comportamientos. Los impulsos eléctricos que se originan para crear la comunicación crean ondas eléctricas cerebrales que cambian en función de lo que hagamos, pensemos o sintamos.

¿Qué diferencia hay entre las ondas cerebrales?

Las ondas cerebrales son diferentes en cuanto a la frecuencia de vibración o velocidad. Cada frecuencia se relaciona con nuestros estados de consciencia y atención. Por lo tanto, estas ondas son diferentes dependiendo de nuestra actividad o descanso. Por ejemplo, las ondas cerebrales que se producen cuando estamos profundamente dormidos nada tienen que ver con aquellas que nuestro cerebro mantiene en estados de ansiedad o angustia o cuando estamos aprendiendo algo nuevo.

Fuente: Pixabay/PublicDomainPictures

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La frecuencia de vibración o velocidad de estas ondas se mide por ciclos por segundo. Cada uno de los estados de conciencia que experimentamos están relacionados con una frecuencia en concreto. Vamos a hacer un pequeño resumen de las distintas ondas que se producen en nuestro cerebro.

Ondas Delta (0.5 a 3 Hz):

Este tipo de ondas son las más lentas. Se generan cuándo meditamos profundamente o al estar dormidos sin soñar. Al desconectar del mundo exterior es posible conectar en un profundo estado propicio para la sanación y regeneración. En este estado se dan con gran facilidad los procesos de curación.

Ondas Theta (3 a 8 Hz):

Aunque también se originan en un estado de profunda relajación no es tanto como el anterior. También son ondas que se generan en estados de meditación o relajación profunda. Cuando nos estamos despertando o quedándonos dormidos también nuestro cerebro genera ondas Theta. Este tipo de ondas se relacionan con nuestras capacidades intuitivas e imaginativas. Las ondas Theta también muestran una elevada actividad cuando experimentamos emociones muy profundas.

Ondas Alpha (8 a 12 Hz):

Las ondas Alpha son las que presenta nuestro cerebro cuando estamos tranquilos y alertas al mismo tiempo. Aunque los pensamientos pasan de forma tranquila por la mente, no es es el mismo estado que cuando estamos meditando. Con estas ondas nuestro cerebro se encuentra en descanso y vivimos de manera relajada en el momento presente.

Cuando funcionamos bajo la influencia de las ondas Alpha todas las actividades se desarrollan de forma armoniosa. Un nivel excesivo de este tipo de ondas nos impide centrar la atención. Sin embargo, un nivel demasiado bajo causa ansiedad e insomnio.

Ondas Beta (12 a 38 Hz):

Cuando estamos despiertos y alertas son estas ondas las que dominan. En general, nuestra atención está orientada hacía las tareas del mundo exterior. Gracias a estas ondas somo capaces de estar atentos, resolver problemas, tomar decisiones y estar pendientes de distintos estímulos. Aún así, si mantenemos durante demasiado tiempo el predominio de ondas Beta consumiremos una gran cantidad de energía cerebral.

Fuente: Pixabay/geralt

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Ondas Gamma (38 a 42 Hz):

Estás son las ondas de más alta frecuencia, las más rápidas. Este tipo de onda resulta bastante difícil de captar en los electroencefalogramas. Se originan en el tálamo y viajan desde la parte posterior del cerebro hacía delante a gran velocidad. Las ondas Gamma se relacionan con situaciones en las que se desarrolla un alto procesamiento cognitivo.

Cuando estamos felices experimentamos picos elevados de este tipo de onda. En la fase REM de sueño también encontramos una alta actividad de este tipo de frecuencias.

 

Cómo habrás visto, los distintos tipos de ondas cerebrales nos ayudan a entender como funciona nuestra mente. Según sean nuestras emociones, actividades y procesos mentales así será la actividad de nuestro cerebro. Es muy importante, por tanto, ser consciente de ello y llevar a cabo técnicas de relajación que nos ayuden a utilizar este conocimiento a nuestro favor.

 

 


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Estar presente te ayuda a ser más feliz

Nos quejamos a menudo de que la vida se nos escapa de las manos. Tenemos la idea de que el tiempo se empeña en ir cada vez más deprisa. En cierta medida, no nos falta razón. Aún así, existe una manera de hacer que el tiempo se dilate para brindarnos otra forma de vivir que nos hará sentir mucho más satisfechos. Para poder acceder a esta nueva forma de vida es imprescindible que pongamos toda nuestra atención en cada cosa que hagamos.

Nuestra sociedad genera personas infelices

La sociedad de la que formamos parte se caracteriza por el culto a la velocidad y el cortoplacismo. Nuestra atención siempre está puesta en hacer todo muy deprisa para poder llegar al futuro cuanto antes. El presente se considera simplemente un medio para ello. Debido a ello, esta sociedad genera personas inconscientes y sobre todo cada vez más infelices.  Hemos vendido nuestra felicidad a una promesa ficticia de futuro. El futuro cuando llegue será presente y, de nuevo, se nos irá de las manos.

Fuente: Pixabay/geralt

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Cada jornada, desde que nos levantamos, nuestro vivir se convierte en una frenética carrera. Solo hay que salir a la calle de cualquier ciudad y disponerse a observar para darse cuenta de ello. Todo el mundo se mueve muy deprisa y de forma inconsciente. Lo más curioso es que esta es la forma normal de vida de la mayoría de las personas y no es fácil darnos cuenta de que no es lo más natural. No obstante, cada vez es más difícil encontrar gente feliz o que esté a gusto con la vida que llevan. Sin embargo, volver a disfrutar de la vida es posible. Además, no es necesario, en la mayoría de los casos hacer cosas diferentes a las que normalmente hacemos.

Estar presente te transporta al corazón de la vida

¿Cuándo fue la última vez que pusiste toda tu atención en lo que estabas haciendo? Seguro que ya ni siquiera lo recuerdas. Este tipo de atención solo la utilizamos cuando estamos aprendiendo a hacer algo que es nuevo. Sin embargo, cuando aquello que estábamos aprendiendo se convierte en cotidiano, comenzamos a vivir en automático y a dejar de disfrutar de la vida.

Si te has cansado de vivir a máxima velocidad . Si sientes que nada te satisface y que el tiempo se te va de las manos, ha llegado el momento de que intentes vivir de forma más consciente. Esta nueva forma de vida es más fácil de lo que puedas creer. Solo hace falta un poco de tiempo y constancia.

Cuando vivimos poniendo toda nuestra atención en aquello que hacemos, sea lo que sea, nuestra consciencia aumenta. En un principio resulta bastante difícil por muy sencillo que parezca. Esta práctica tan modesta es capaz de colorear nuestra vida de alegría y bienestar casi sin que nos demos cuenta.

Fuente: Pixabay/Stephen Leonardi

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Dale toda tu atención a cada cosa que hagas

Comienza el día poniendo toda tu atención en todo aquello que hagas. En tu aseo personal, tu desayuno, el aroma del café, el placer de caminar, la facilidad de la respiración, etc.  No des más importancia a una actividad que a otra. Todas ellas son merecedoras de toda tu atención. La sensación del agua de la ducha al caer por tu cuerpo, por ejemplo, tiene que ser tan importante como la reunión de trabajo a la que antes le dabas más importancia. Si estás presente en cada pequeña cosa que hagas a lo largo del día, la vida se transforma de forma mágica en una vida vivida de verdad y el tiempo se dilata haciéndonos disfrutar de esta maravillosa experiencia qué es vivir.

Hay muchas actividades que te pueden servir de ayuda. Todas aquellas prácticas que serenan la mente serán tus aliadas. Por ejemplo, la meditación o el yoga, son estupendas herramientas para practicar esta nueva forma de vivir.