¿Es posible la felicidad sin causa?

  • 0
Pixabay/JillWellington

¿Es posible la felicidad sin causa?

Todo ser humano persigue la felicidad incluso sin ser consciente de ello. Cualquier acción que emprendemos siempre tiene como último fin el otorgarnos algún tipo de satisfacción. Vivimos persiguiendo esa felicidad que cuando llega no deja de ser efímera  y se nos escapan de las manos. ¿Y si te dijera que la felicidad puede ser alcanzada y mantenida de manera fácil y duradera? ¿Y si además te dijera que el encontrarla nada tuviera que ver con lo que te suceda?

La felicidad que se escapa

En nuestra cultura el futuro y la felicidad suelen ir de la mano. Ponemos nuestra esperanza en que al llegar a aquello que deseamos, que siempre ocurrirá en el futuro, nos sentiremos felices. En ese empeño nos pasamos gran parte de nuestra vida sin dar demasiado importancia a la sensación de insatisfacción que subyace bajo ese anhelo.

Normalmente, con el paso de los años comenzamos a darnos cuenta de que hay algo que se nos escapa. Además de eso, la vida suele ayudarnos a empujar este proceso de cambio y crecimiento personal, otorgándonos esas noches oscuras que tanto nos hacen avanzar. Tras esos proceso de dolor y sufrimiento solemos darnos cuenta de qué cosas importan realmente; y gracias a ellos, vamos avanzando hacía el reconocimiento de nuestro verdadero Ser.

El aquí y ahora

Tras cierto tiempo de maduración personal son muchas las personas que se dan cuenta de que su felicidad no depende de nada exterior. En muchos casos, al llegar a ese punto surge una sensación de vacío e inestabilidad totalmente normal. La llegada de algo nuevo siempre es motivo de cierto desequilibrio. En este momento vital te das cuenta de que todo aquello que antes te empujaba ahora ya no te llama la atención. Ya no necesitas consumir, competir, ni poner tus expectativas en un futuro que no conoces. Cada vez necesitas menos y eres consciente de que el hecho de añadir cosas a tu vida no te hará más feliz.

Es bajo estas circunstancias cuando podemos ver que la verdadera felicidad no tiene causa en absoluto. Cuando somos realmente felices sentimos una especie de luz que brota de nuestro interior independientemente de las circunstancias. Pero ¿cómo llegar a ese sentimiento? ¡Muy sencillo! Tan solo mantén toda tu atención en cada cosa que hagas. Sé uno con el momento presente. Acepta totalmente lo que suceda, sin juicio. Cada vez que conseguimos esto, aunque sea por cortos espacios de tiempo, abrimos paso a nuestra luz interior llenando de gozo toda nuestra realidad.

Da igual lo que suceda. Da igual lo que estemos haciendo. Da igual con quién estemos. Cualquier situación vivida desde la plena conciencia puede ser el origen de una profunda felicidad sin causa.

 


  • 0
Pixabay/komahouse

Un acercamiento al Tarot

La predicción del futuro y el Tarot parecen ir siempre de la mano. Sin embargo, no está muy claro si realmente el Tarot permite predecir el futuro o es tan solo un espejismo de pensamiento mágico. Es muy posible que nuestros planteamientos mentales sean conceptos lineales basados en nuestra concepción del tiempo y los resultados que el Tarot nos ofrece carezcan de esa linealidad.

El origen del Tarot

Según Tom Tadfor Little, uno de los grandes expertos y estudiosos del Tarot, las cartas tradicionales llegaron a Europa por primera vez en 1375. Hasta ese momento, fueron utilizadas en los pueblos islámicos durante siglos. No obstante, estas no eran las cartas del Tarot propiamente dichas.

Unsplash/ Kayla Maurais

Unsplash/
Kayla Maurais

Parece ser que en 1440 fue cuando se utilizaron barajas que dieron origen a las cartas del Tarot. Las primeras barajas de este tipo fueron creadas como juego. El juego era parecido al bridge y se llamaba triunfo. Estas cartas estaban numeradas del uno al diez, e incluían un rey, una reina, un caballero y una página. Este juego cobró mucha popularidad en toda Europa llegando a conocerse como el “tarocchi” en 1530.

Hacía 1780, tanto en Francia como en Inglaterra, los aficionados al ocultismo encontraron interesantes las cartas del Tarot, dándole gran importancia a las imágenes simbólicas de la baraja. A partir de ahí, comenzaron a utilizarlas como herramienta de adivinación bautizándolo “el Tarot” y llegando a convertirse en una filosofía oculta.

Otras corrientes opinan que el origen de estas cartas está en Egipto. En varios círculos se cree que sobrevivieron al incendio de las bibliotecas del antiguo Egipto. Según esta tendencia las cartas presentan la clave jeroglífica de la vida.

Considerando el tiempo no lineal

Nuestra concepción lineal del tiempo nos hace entender el futuro como algo que está más allá del presente, algo por manifestar. El tiempo, sin embargo, no deja de ser una herramienta de fabricación humana que nos ayuda a organizar nuestra vida. Según el Tarot, el tiempo no es lineal sino circular o en forma de espiral. Sus seguidores opinan que esta técnica nos sitúa en las espirales temporales. Gracias a ello, obtenemos de forma simbólica información acerca de aquello que vibra en la próxima curva del futuro.

Se puede decir que el Tarot abre un diálogo entre el momento que vivimos y la vibración de futuro que aún no hemos percibido. No predice de manera literal pero si lo simbólico y potencial. Aún así, de nosotros dependerá que eso se llegue a manifestar o no. Es por eso que el Tarot es también una herramienta de conocimiento y compresión de nosotros mismos.

Cartas que nos llevan hacía nuestro interior

Cuando realizamos una consulta de Tarot damos un paso hacía nuestra interior para poder comenzar a comprendernos. Con el tiempo, es posible que entendamos que el motivo de la consulta era muy diferente a lo que pensábamos en un principio. Por este motivo, es muy importante que siempre que tengamos interés en este tema acudamos a personas especializadas y con gran sensibilidad.

Unsplash/Rirriz

Unsplash/Rirriz

En definitiva, la lectura de las cartas, no es tanto una adivinanza sino más bien una gran oportunidad de revelar partes de nosotros mismos que desconocemos. Gracias a esta herramienta podemos viajar a nuestro interior y reconocer la verdad que somos.