La diferencia entre felicidad y alegría

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Senjuti Kundu

La diferencia entre felicidad y alegría

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La alegría está pasada de moda. Hemos relegado esta bella palabra al olvido y ha sido sustituida por otra palabra parecida pero que no es igual: la felicidad. Podría parecer que ambas palabras son similares. Sin embargo, cada una de ellas nos habla de cosas muy diferentes. Vamos a ver en que consiste la diferencia.

Alegría en momento presente

Cuando yo era una niña la alegría era un estado en el que muchas personas se encontraban de manera natural. Esta alegría no tenía nada que ver con nada exterior a la persona que lo experimentaba. Recuerdo a personas cantando mientras hacían cosas que hoy en día serían consideradas como trabajos pesados y que nadie querría realizar. Sin embargo, esta alegría acompañaba a muchas personas.

Unsplash/Cok Wisnu

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En general, si miramos hacía el pasado es fácil darnos cuenta de que la cantidad de confort y bienestar era menor, según nosotros lo juzgamos en este momento. Pocas gratificaciones eran instantáneas, la vida tenía un ritmo bien diferente. Eran pocas las personas que se pasaban el día corriendo como se hace hoy en día. La forma de entender el mundo era radicalmente distinta. El hecho de no obtener las cosas a golpe de botón, como en la actualidad, hacía que el tiempo tuviera otro significado. Se podía vivir en el presente tranquilamente. Los sueños de futuro no empujaban a la gente hacía la próxima experiencia de manera urgente. En general, no se perseguía la felicidad a cualquier precio. De esa manera, vivir el presente con alegría era algo que muchas personas hacían de manera habitual.

Felicidad, un sueño de futuro

Según nuestra sociedad se fue mecanizando las cosas comenzaron a cambiar. Teóricamente, todo comenzó a ser más fácil y mucho más rápido. Nos vendieron que esa facilidad y rapidez eran grandes ventajas. Pero ¿es esto una realidad?

Unsplash/John Jason

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La aceleración que caracteriza nuestra forma de vivir nos ha sacado de nuestros ritmos naturales. Esos ritmos, que la naturaleza sigue conservando, son los que nos permiten vivir de una manera armoniosa. Toda ese culto a la velocidad solo ha conseguido movernos de nuestro verdadero centro y hacernos anhelar algo que llegará en algún momento para hacernos sentir bien. Eso algo se ha venido a llamar felicidad. Son muchos los eslóganes publicitarios que nos prometen “alcanzar la felicidad” a cambio de esto o aquello. Pero ¿realmente, la felicidad se “alcanza” o se nos escapa de las manos de manera continua?

Alegría y felicidad de la mano

Si queremos realmente ser felices tenemos que ser capaces de cultivar la alegría. La alegría, esa palabra que huele a primavera, está dentro de nosotros esperando ser descubierta. Sin embargo, mientras que nuestro interés esté puesto en alcanzar la felicidad, la alegría seguirá siendo sofocada y anulada.

El ser humano aterriza en la materia con la alegría integrada entre sus muchas funciones. Es la alegría que acompaña a los niños cuando son pequeños y aún no han sido adiestrados por los adultos. Es la alegría sin causa que sentimos cuando nos hacemos uno con aquello que hacemos. Esa alegría es la verdadera felicidad que nuestra sociedad nos vende con promesas de futuro. Solo de nosotros depende darnos cuenta de dónde se encuentra realmente.

 

¡Despertemos del sueño en el que estamos sumidos! Ser feliz es posible pero solo aquí y ahora. La felicidad siempre vendrá de la mano de la alegría de vivir que nos ofrece el momento presente.

 

 


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Thich Naht /Compassion

Thich Nhat Hanh. El sufrimiento

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¿Quién no quiere evitar el sufrimiento? Creemos que el sufrimiento es el responsable de que no experimentemos felicidad. Sin embargo, según Thich Nhat Hanh, sin sufrimiento no es posible la felicidad. ¿Es eso una realidad?

Thich Nhat Hanh

Este monje budista, también conocido como Thay, nació en el año 1926 en Vietnam. Desde los dieciséis años entró a formar parte de una comunidad budista Mahayana. Además de ser un gran activista por la paz, Thay es autor de más de cien libros. Así mismo, ha sido nominado para Premio Nobel de la Paz.

Thich Nhat Hanh

Thich Nhat Hanh

Thich Nhat Hanh ha hecho de su enseñanza una combinación de la psicología tradicional y la práctica zen más actual. Gracias a todo su trabajo la influencia del budismo se ha ido filtrando en nuestra cultura occidental.

No huyas del sufrimiento

La gran sabiduría de Thich Nhat Hanh nos enseña que existe una insondable conexión entre el sufrimiento y la felicidad. Solo es cuestión de saber como utilizar el sufrimiento para que de él surja la felicidad. Thay nos explica que si queremos crear flores de loto también necesitamos el barro. Compara el sufrimiento con el barro para darnos a entender que sin sufrimiento no encontraremos la felicidad.

Unsplash/Motoki Tonn

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El secreto, explica Thay, es ser capaces de observar el sufrimiento y mirarnos profundamente en su naturaleza. Según su forma de verlo, el sufrimiento es un arte que nos conduce a remansos de paz insospechados si no lo rechazamos. Es importante reconocer nuestro sufrimiento si queremos transmutarlo.

Meditación consciente

La meditación es una herramienta que nos ayuda a profundizar en nosotros mismos y aceptar nuestro sufrimiento. Al meditar podemos convertirnos en el testigo de aquello que ocurre en nuestro interior y abrazar esos sentimientos que antes considerábamos indeseables. Ese abrazo implica plena conciencia de ese sufrimiento y consigue que suframos menos. Desde ese abrazo y consciencia podremos seguir avanzando hasta conseguir alcanzar un sentimiento más positivo.

Respirar y sentirse vivo

La práctica que nos sugiere Thich Nhat Hanh es sencilla y poderosa. Simplemente respirando de manera consciente podemos traer alegría y consciencia a nuestra vida. Esta consciencia nos ayuda a estar en el momento presente que es donde se encuentra la vida.

Inspirando me siento vivo y expirando sonrío a la vida y me siento feliz. Este es el mantra que recomienda Thay para sus meditaciones. La plena conciencia es un estado que todos podemos generar y que nos ayuda estar en el aquí y el ahora. Es justo ahí donde se encuentra la vida. El pasado ya se ha ido y el futuro aún no ha llegado. Tenemos una cita con la vida justo en este momento. Si pierdes tu atención, pierdes esa cita con la vida. Cada paso, cada respiración, te trae a la vida. Haciendo la respiración consciente durante cierto tiempo, nuestra conciencia se centrará y comenzaremos a conectar con la felicidad independientemente de la situación que estemos atravesando.

Pixabay/mohamed_hassan

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La respiración consciente nos conecta con el río de la vida y nos empuja a sentirla con toda su intensidad. En ese sentir no existen angustia, miedo ni tampoco pasado o futuro. La mente que continuamente nos otorga el sufrimiento habrá desaparecido para dejar paso a una realidad que antes estaba velada.

Cualquier situación puede ser vivida desde la consciencia y transformada en crecimiento y paz. Lo único que nos lo impide es el continuo bombardeo de pensamientos que nuestra mente nos oferta.

Te dejo una preciosa meditación de Thich Nhat Hanh para conectar con el sufrimiento y transformarlo en amor.

 

 

 


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¿Qué es el mindfulness?

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La palabra mindfulness se está haciendo cada día más cotidiana. Esta técnica milenaria, que tiene su origen en la meditación, está entrando con fuerza en nuestra cultura. Probablemente, seas una de esas personas que, aún habiendo oído hablar de ello, no tienen muy claro qué significa. Si es tu caso, sigue leyendo porque te vamos a explicar de qué se trata.

Raíces del mindfulness

La palabra inglesa mindfulness es una traducción de la palabra Sati que se utiliza en el budismo. En castellano la traducimos como: atención plena. Las raíces de este término se encuentran en la meditación budista Vipassana. Esta meditación se fundamenta en prestar total atención al momento presente.

La gran enseñanza del mindfulness es que nos muestra como conectar plenamente con el momento que estamos viviendo. Es una gran ayuda para despertar a una realidad más rica y consciente y para alejarnos del adormecimiento en el que vivimos. Así mismo, esta práctica nos lleva a una íntima conexión con nuestro interior, sin juicio y con aceptación.

Nuestra mente inquieta

La mayoría de nuestra vida se desarrolla gobernada por una mente continuamente ocupada. Los pensamientos van y vienen a su antojo sin que podamos hacer nada. Aunque no nos demos cuenta, no somos dueños de esos pensamientos. Nuestra mente los lanza de manera automática según le parece sin que nos demos cuenta de ello. De hecho, estamos tan dormidos que muchas veces ni siquiera somos conscientes de que estamos pensando.

Los diferentes ejercicios de mindfulness son de gran ayuda para darnos cuenta de esa continua actividad mental desordenada. Además de hacernos conscientes de todos nuestros pensamientos, gracias a esta técnica, logramos hacernos uno con lo que este sucediendo en nuestra vida.

Beneficios de la atención plena

Son muchos los beneficios que tiene la aplicación de la atención plena o mindfulness. Entre ellos encontramos algunos como:

  • Mayor sensación de relajación y mayor placer por vivir
  • Se produce un incremento de la DHEA (Dehidroepiandrosterona), conocida como hormona de la juventud
  • Se reduce significativamente la posibilidad de enfermedad cardiovascular
  • Aumentan los niveles de melatonina. Gracias a ello la calidad del sueño es mejor
  • Disminuyen la tensión y el estrés

Consejos para practicar mindfulness

Aunque la mejor manera de aprender a practicar mindfulness es pasando por el asesoramiento de un profesional, también es posible hacer pequeños ejercicios por nuestra cuenta.

En un principio, es recomendable comenzar por sesiones de meditación de unos diez minutos. De esa manera nuestra mente se irá acostumbrando hasta llegar a la media hora. Lo ideal es tomarlo con calma y decidirnos a disfrutar. 

Para empezar, buscaremos un lugar lejos de ruidos y distracciones. El ambiente debe de ser tranquilo y la temperatura suave para que nos sintamos cómodos. La mejor postura es aquella que nos haga sentir relajados y en la que nuestra columna esté recta. Comenzaremos poniendo toda nuestra atención en la respiración observando como los pensamientos aparecen en nuestro campo mental. Esta primera parte es muy importante porque nos posiciona en el lugar del observador. Gracias a ello tomaremos cierta distancia de nuestros problemas y preocupaciones.

Pixabay/Solut_rai

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Una vez que hayamos encontrado cierta calma pasaremos a observar como se siente nuestro cuerpo. Haremos un recorrido por todos aquellos sitios dónde pueda existir tensión y pondremos allí la atención. Al mismo tiempo, seguiremos observando el ir y venir de los pensamientos sin enjuiciarlos. Solo tendremos que ser conscientes de que están ahí. Nada más. Respirar, sentir y estar presente.

Con esta sencilla práctica llevada a cabo a primera hora de la mañana, nuestro día se tornará mucho más pacífica y agradable.

 

Además de estas pequeñas meditaciones, también podemos introducir el mindfulness en nuestra actividad cotidiana. Tomar una taza de té de manera consciente. Pasear poniendo toda nuestra atención en la respiración. Comer lenta y conscientemente. ¡Cada actividad cotidiana puede convertirse en un ejercicio mindfulness!