Wilhelm Reich y la energía orgónica

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Wilhelm Reich y la energía orgónica

¿A quién no le asombra el hecho de que la vida aparezca? La ciencia, en su continua búsqueda, descarta la posibilidad de que la vida se genere de forma espontánea proveniente de materia que no esté viva. Si así fuera, la ciencia tendría que admitir que existe la intervención divina. Sin embargo, allá por los años 40, Wilhelm Reich  -psicoanalista y discípulo de Freud- formuló ciertos principios y leyes sobre el origen de la vida que pusieron patas arriba la biología tal y como la conocemos.

La investigación de Wilhelm Reich perseguida

En sus muchos estudios, Whilhelm Reich (1897-1957) puso en cuestión muchos de los dogmas de la cosmología, la biología y la meteorología. Como otros científicos que se han enfrentado a lo establecido, Reich fue perseguido y encarcelado. También el material relacionado con sus investigaciones tuvo que ser destruido. Algún tiempo después, la extraña muerte de Reich abrió muchos interrogantes. ¿Cuáles fueron los motivos que llevaron a que fuera necesario desmontar todo el trabajo de esta persona? ¿Si realmente eran solo las investigaciones de un loco por qué no dejarlo en el olvido?

Wilhelm_Reich

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La energía orgónica

El origen del trabajo de Reich se encontraba en el concepto de líbido de Freud. A partir de ahí observó que el orgasmo seguía un patrón de movimiento habitual y esencial en la naturaleza: el proceso de contracción y expansión como generador de vida.

De tales observaciones obtuvo la certeza de que existía un tipo de energía básica de vida. A esta energía la denominó Orgón y vio que estaba presente en todo el universo siendo la fuerza creadora de vida que se reprime en los organismos enfermos. Así mismo, entendió que esta energía también existía a nivel atmosférico y que se podía capturar y reunir en cámaras para utilizarla con fines terapéuticos. 

En 1986 un grupo de científicos – Müschenich y Gebaue – de la Universidad Marburg en Alemania – publicaron los resultados del tratamiento al que se sometió a algunas personas durante 30 minutos en un acumulador de energía orgónica. La mayoría de estas personas experimentaron efectos físicos y psicológicos medibles. En general, lo que se observó fue un efecto vagotónico en el que destacaban las siguientes características:

  • Respiración más profunda y regulación de la presión arterial
  • Calor en la piel y aumento de la rubefacción
  • Mayor peristaltismo intestinal

Al utilizarlo en plantas se comprobó que existía un aumento en la germinación, crecimiento y floración. Y en animales y humanos también se produjo un aumento de la regeneración de los tejidos. La capacidad inmunológica también se incrementó. En definitiva, en todos los casos el nivel energético y la vitalidad aumentó.

¿Qué son los orgonitas?

Partiendo de los trabajos de Reich y otros científicos interesados en el tema se han diseñado los dispositivos denominados Orgones u Orgonitas. Estos instrumentos están compuestos por metales, resina y cuarzo. Actúan como generadores de energía. Esta energía es conocida como Chi, prana o energía vital.

Los Orgonitas transmutan la energía no saludable que nos rodea. Devuelven la armonía y el equilibrio a aquellos ambientes que lo necesiten. Están muy indicados para sitios donde exista contaminación electromagnética o diferentes geopatías.

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No se sabe muy bien por qué Whilhelm Reich fue perseguido. Podría ser que sus estudios no fueran propicios para aquellos que tenían otros intereses. En cualquier caso, no deja de ser un personaje interesante que, todavía hoy, tiene muchos seguidores.


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Oxitocina, una hormona que enamora

La oxitocina, también llamada hormona del amor, está presente en situaciones que favorecen el vínculo. La segregamos al estar en contacto con nuestro bebé, durante el parto, en la lactancia y en las relaciones sexuales. Por este motivo podemos decir que la oxitocina es la hormona de los vínculos humanos por excelencia.

Las hormonas mandan

Aunque nos guste pensar que tenemos el control de casi todo, esto no es verdad. Nuestras decisiones y nuestra voluntad están sujetas tanto a nuestro sistema nervioso como a nuestro sistema endocrino. Este último, funciona en segundo plano de forma más sutil y duradera. La forma en la que estos dos sistemas se relacionan y se modifican uno al otro es a través de las hormonas. Algunas neuronas liberan hormonas a la sangre a la vez que otras llegan a las neuronas y modifican su actividad y hasta la expresión de los genes.

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Las hormonas cumplen numerosas funciones. Su tarea va desde regular el nivel de azúcar en sangre hasta contribuir a nuestro estado de ánimo y a nuestro comportamiento. La oxitocina es una de las hormonas más interesantes que segrega nuestro organismo.

La oxitocina nos endulza

La oxitocina es un oligopéptido que se compone de nueve aminoácidos. Fue sintetizada de manera artificial en 1953 por Vicent Du Vigneaud poco tiempo después de su descubrimiento.

Esta hormona se conoce a nivel popular como la hormona del amor. Es la responsable de que se den los vínculos de pareja, los buenos vínculos sociales y también la estrecha relación entre madre e hijo. La oxitocina se produce en la lactancia, durante el orgasmo y también en el parto. Su principal misión es crear un gran vínculo entre las personas. Se han hecho estudios en los que administrando oxitocina de forma artificial se aumentaba la confianza, empatía y generosidad en las personas.

Otro de los efectos de esta amorosa hormona es actuar como desinhibidora. Según los expertos, en este sentido la oxitocina actúa en nuestros circuitos neuronales de forma parecida al alcohol. Esta desinhibición nos empuja a correr riesgos y a confiar en nosotros mismos. En ocasiones, nos otorga también un exceso de confianza que nos impide ver la parte tóxica o dañina de una relación.

La conexión entre las personas es mucho más fácil cuando esta hormona entra en juego. Nos ayuda a conectar con nuestro entorno y con el resto de las especies. Esta íntimamente relacionada con la supervivencia ya que nos ayuda a sentir altruismo, afecto, autocuidado y conexión con los demás.

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Después de conocer algunas de las bondades de nuestra hormona más amorosa, deberíamos intentar que nuestro cuerpo la haga circular siempre que sea posible. De la misma manera que al segregarla nos vinculamos a los demás, también al vincularnos la segregamos. Por lo tanto, un intento de favorecer relaciones armoniosas nos ayudará a segregar más oxitocina y beneficiarnos de sus efectos.