Category Archives: Psicología

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¿Aceptas tu sombra?

Los seres humanos somos luz y somos sombra. Ambas polaridades conviven en nosotros y nos conforman creando un Ser perfecto. Sin embargo, la mayoría de las personas se empeñan en sofocar la parte no tan luminosa, llegando incluso a creer que, a base de negarla, deja de existir. Curiosamente, aquellos que se empeñan en negar su sombra, son aquellos que mas la ven reflejada en el exterior.

Nuestro cuarto oscuro

El concepto de sombra, acuñado por Carl Gustav Jung, es cada día más popular. La sombra se refiere a una parte nuestra «más oscura» y escondida que intentamos negar. Allí se encuentran todas aquellas pulsiones, deseos, sueños o instintos que nuestra cultura y creencias reprimen.

Pixabay/Pexels

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Nuestra sombra también está conformada por todas las frustraciones y resentimientos que no queremos mirar. Por este motivo, pasamos nuestra vida intentando no mirar ese terrible «cuarto oscuro» y excluyendo dichas emociones de la imagen que tenemos de nosotros mismos.

El motivo por el cual ocultamos nuestra sombra es porque rechazamos el personaje en el que nos convierten. Tenemos un ideal de lo que deberíamos ser que podría verse perjudicado si abriéramos esa puerta. Por ello, vivimos intentando mostrar solamente aquello que creemos que es más luminoso. Sin embargo, en nuestro interior, conviven todo tipo de personajes que interactúan entre ellos, con o sin nuestros consentimiento.

El reflejo exterior

Quizá la tarea más difícil que una persona tiene por delante en su vida es la de poder reconocer su sombra. Un ser humano capaz de ver su parte oscura tiene muchas posibilidades de llevar una vida más consciente y pacífica. No obstante, esto no es tarea fácil porque, como ya hemos dicho, siempre intentamos sofocar toda esa oscuridad.

Pixabay/kloxklox_com

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Afortunadamente, en la creación todo tiene un punto de unión. Nada existe separado del resto. Por este motivo, cualquier cosa que queramos ocultar, la vida nos la mostrará en el exterior para ayudarnos a hacerla consciente. Todo aquello que nos enfurece y nos molesta de los demás es, sin duda, parte de nuestra sombra. Por este motivo, cuando alguien muestra un comportamiento que no nos gusta, sería muy buena idea, observarlo y ver qué tiene que ver con nosotros, aunque duela.

Iluminar la sombra

Como hemos dicho, nuestra sombra se reflejará en el exterior hasta que seamos capaces de reconocerla. Simplemente, con el reconocimiento, basta para que este lado oscuro se ilumine. Al poner esta parte nuestra al descubierto, la luz de nuestra consciencia conseguirá, mágicamente, hacer que poco a poco desaparezca. Como todo lo importante en la vida, es sencillo.

Observar y abrazar nuestra nuestra parte oscura es la mejor manera de crecer a nivel personal. Una vez en ese camino nuestra vida se va tornando cada vez más fácil y compasiva. Poder ver en los otros partes nuestras, y viceversa, fomenta la unión y la compresión entre las personas.


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Superar el miedo a través de la meditación

El ser humano ha convivido con el miedo a lo largo de toda la historia. Es casi imposible encontrar alguna persona que nunca haya experimentado esta emoción. En general, el miedo, no suele ser un compañero de viaje demasiado apreciado. Sin embargo, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de abrazar ese miedo y de superarlo de diferentes maneras, una de ellas es la meditación.

Saber qué estoy sintiendo

En nuestra cultura no estamos acostumbrados a prestar atención a lo que ocurre en nuestro interior. Vivimos mirando hacía el exterior y siempre tenemos prisa. Esta forma de vida está íntimamente relacionada con la desconexión de aquello que sentimos. Son pocas las ocasiones en las que nos paramos a sentir y a darle nombre a eso que estamos sintiendo.

Cada persona y, en cada situación, el miedo puede sentirse de forma diferente. En los casos más extremos se hace muy evidente ya que puede llegar a ser paralizante. Sin embargo, en otros momentos, se puede manifestar de forma vaga e imprecisa. El nudo en el estómago o el sueño irregular son dos de las manifestaciones de miedo más comunes. Por eso, es imprescindible que seamos capaces de identificar qué sentimos y dónde se localiza la sensación.

Observar los pensamientos

Nuestros pensamientos viajan a su antojo por nuestra mente. No tenemos ningún control sobre lo que pensamos y, en muchas ocasiones, repetimos pensamientos. Ese «run-run» en nuestra cabeza es capaz de hacernos sentir miedo por cosas que, probablemente, nunca llegarán a suceder. Sin embargo, al no darnos cuenta de que eso sucede, le damos credibilidad y nos sumimos en emociones de miedo.

A través de la meditación es posible observar esos pensamientos. Al observarlos, podemos darnos cuenta de que están ahí y también examinarlos para ver qué hay de verdad en ellos. Solo esta postura ya nos distancia de nuestros pensamientos y nos ofrece diferente perspectiva.

Ríndete al miedo

Cuando entramos en meditación y tomamos la posición del observador, solo con esto, ya notamos cierto alivio interior. Después, necesitamos aceptar y dejar ir aquello surja, sin juicio. Es muy habitual que la mente se empeñe en juzgar los pensamientos y sentimientos pero no deberíamos dejarla. La observación sin juicio es la mejor de las terapias.

Una vez que conseguimos observar aquello que aparece en la mente, sin más, el siguiente paso es aceptarlo. La aceptación sin condiciones nos llevará a la rendición. Rendirse al miedo es permitir que exista otorgándole un lugar en tu vida pero sin dejar que te controle.

Sentir miedo, o cualquier otra emoción, es humano y normal. Lo verdaderamente importante es saber lo que estamos sintiendo y no juzgarlo. 


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Cantar y bailar, dos actividades que nos conectan con el alma

Cada día desplegamos muchas y diferentes actividades. Dependiendo de aquello que hacemos en cada momento vamos creando nuestra realidad y nuestros sentimientos. En un mundo caracterizado por las obligaciones queda poco tiempo para el esparcimiento. Sin embargo, dentro de la vorágine de los quehaceres diarios podemos hacer huecos a aquellas cosas que nos ayudan a relajarnos y a disfrutar de la vida. Cantar y bailar son cosas sencillas de llevar a cabo que nos hacen subir de vibración en muy poco tiempo.

Adiós al ridículo

Desde que somos niños, recibimos creencias de los adultos, que conforman nuestra personalidad y nuestra manera de ver el mundo. Una de esas creencias es que si no hacemos algo «muy bien» es mejor que no lo hagamos. Por supuesto, vivir con esta opinión prestada nos hará emprender poco o nada…

Pixabay/qgadrian

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Si olvidamos lo que significa cantar o bailar bien y entendemos que dichas actividades son, simplemente, una forma de darnos placer, quizá podamos practicarlas sin ir más allá que el mero gozo de hacerlo. Probablemente, muchas personas nunca se hayan planteado que el hecho de cantar o bailar un rato cada día puede mejorar su salud mental y física. Lo contrario, también es cierto. Una vida vivida sin alegría casi siempre nos lleva a carecer de bienestar.

Calidad de vida

¿Te has parado a pensar alguna vez qué es para ti tener calidad de vida? La sociedad en la que vivimos nos hace creer que obtenemos esa calidad si tenemos mucho de todo. Además, para poder alcanzar todo eso, debemos pasar muchas horas de cada día trabajando para poderlas pagar. Pero… ¿realmente es eso lo que nuestra alma anhela?

¿Has observado alguna vez la alegría de vivir que despliegan los animales que viven libres en la naturaleza? ¡¡Eso si que es calidad de vida!! Por ejemplo, los pájaros: comienzan el día cantando como signo del gozo que sienten al ver los primeros rayos de luz; y después, organizan su jornada entre pequeños espacios de búsqueda de alimento y diferentes momentos de danza, juego y canto; cuando el día se acaba vuelven a cantar con todas sus fuerzas hasta que se agota la última gota de luz… ¡Eso es vivir! ¿Por qué no aprender de estas libres criaturas entonces y llevar el baile y el canto a nuestras vidas, aunque solo sea a ratitos?

Beneficios de cantar y bailar

Aunque a los pájaros no hace falta decirles los beneficios de la vida que llevan, a los humanos si. Desde que nacemos ya tenemos una tendencia natural favorable hacía la música. Dicha tendencia la ha estudiado en profundidad el psicólogo húngaro István Winkler: «todos nacemos con sentido del ritmo». Esto nos lleva a entender que nuestro cuerpo necesita moverse al ritmo de la música. En todas las culturas cantar y bailar son actividades que unen y alegran a las personas. Por todo ello, cuando cantamos o bailamos, nuestro cuerpo obtiene los siguientes beneficios:

  • Mejora el estado de ánimo, de la misma manera que cualquier ejercicio físico
  • Nos ayuda a liberarnos de las emociones negativas
  • Disminuye los niveles de cortisol en sangre
  • Fomenta la atención y la memoria
  • Nos empuja a mejorar la creatividad y la espontaneidad
Unsplash/Drew Colins

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Cosas tan sencillas como cantar o bailar pueden ayudarnos a mirar la vida desde otro punto de vista y a mejorar nuestra salud y la de las personas que nos rodean.


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¿Existen las almas gemelas?

A lo largo de la historia de la literatura el tema de las almas gemelas ha sido la inspiración de muchos autores. Además, son muchas las personas que sostienen la creencia de que todos estamos destinados a encontrar a una persona que nos complemente. En este artículo vamos a ver qué hay de cierto en todo ello.

Nacimos seres completos

En numerosas leyendas se habla de las dos mitades del alma que se buscan a través del tiempo para unirse. Según cuentan esos mitos, dichas almas encarnan en el plano físico en el mismo momento y son atraídas una hacía a la otra como imanes. El final de tales «almas incompletas» sería la unión por toda la eternidad.

Probablemente, estas leyendas dieron origen a la creencia en la media naranja. Debido a ello muchas personas se sienten incompletas. Esta creencia deja de tener sentido si nos damos cuenta de que cada ser humano que llega a este maravilloso planeta nace completo y perfecto para aquello que ha venido a hacer.

Otra cosa distinta es el hecho de que, a lo largo de nuestra vida, encontramos a personas que nos ayudan a sumar consciencia y con las que disfrutamos en el encuentro. Esto podría ser debido a que el nivel vibratorio en un determinado momento puede ser el mismo entre diferentes personas y esto las hace sentirse atraídas la una por la otra.

Las muchas almas gemelas

Según diferentes fuentes científicas y espirituales sabemos que todo es vibración. Cada vibración es diferente y va cambiando a lo largo del tiempo. Aun así, ciertas almas tienen vibraciones afines. A esta similitud de vibración se le podía denominar almas gemelas. Por supuesto, pueden ser muchas las personas con las que tengamos esta semejanza en la vibración. Resulta difícil pensar que El Espíritu tendiera a limitar esta afinidad únicamente a dos almas. Esto no quiere decir que, de entre esas almas afines, solo de una te puedas enamorar… Desde luego una unión de esas características sería, con mucha seguridad, muy enriquecedora.

Además de esto, a lo largo de nuestra vida nuestra energía vibratoria cambia. Por este motivo, es posible que con algunas personas vibremos en sintonía durante un tiempo pero luego, esa afinidad desaparezca, para quizá volver a aparecer después Las personas con afinidad vibratoria aparecen y desaparecen en nuestra realidad continuamente.

La realidad es que, lo más importante, es que seamos capaces de reconocer cuándo aparece una de esas almas afines para disfrutar de ese maravilloso encuentro. Si aminoramos el ritmo de vida y ponemos más atención a cada momento, esto será más fácil. Y, ante todo, debemos entender que somos seres completos.


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La compasión empieza por uno mismo

La compasión nos facilita el entendimiento y la comprensión hacía el sufrimiento ajeno. En muchas ocasiones este término se confunde con pena o empatía que no son lo mismo. Además, la práctica de la compasión hacía los demás suele resultar algo más fácil que sentirla por nosotros mismos. La realidad es que si no sentimos compasión por nosotros mismos, es difícil que seamos compasivos con los demás.

Son muchas las personas que se autocritican con frecuencia y que ponen demasiada atención en los posibles errores que pudieran cometer. Esta forma de relación con uno mismo es una pesada carga que puede aligerarse con un poco de compasión.

Pixabay/joojoo41

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La compasión nos aleja del sufrimiento

A lo largo de nuestra vida reaccionamos de diferentes maneras ante determinados acontecimientos. Casi siempre, nuestra manera de actuar viene marcada por las creencias que forman nuestra manera de mirar la realidad. Podríamos decir que, en muchas ocasiones, nuestra reacción es algo automático que se produce sin nuestro control. Después, si los resultados no son los deseados, decimos que cometimos un error. A partir de ahí, desplegaremos todo tipo de críticas o castigos inconscientes intentando pagar por ese error. Sin embargo, si somos capaces de ofrecer otra mirada a este tipo de situaciones, haremos un buen ejercicio de inteligencia emocional.

Unsplash/Mor Shani

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Autocompasión

Tradicionalmente, la compasión por uno mismo se ha relacionado con sentir lastima hacía la propia persona. En la actualidad las cosas han cambiado. La investigadora Kristin Neffuna gran estudiosa de la autocompasión, explica los tres componentes de la autocompasión:

  1. La amabilidad: consiste en la comprensión y compasión dirigida hacía uno mismo cuando se siente incompetente, inadecuado, etc
  2. Humanidad compartida: se trata de procurar revertir la tendencia al aislamiento cuando sufrimos y entender que todos los seres humanos pueden pasar por lo mismo. La comprensión de que el dolor y el sufrimiento son parte de la experiencia humana nos ayuda a compadecernos de nosotros mismos.
  3. Observación sin apego: gracias a técnicas como el mindfulness podemos observar con cierta desidentificación nuestra experiencia. La perspectiva del observador nos permite expresar el dolor sin reprimirlo y sin identificarnos con él.

Una persona que practica la compasión consigo misma es imposible que no sea compasiva con los demás. Si recordamos aquella frase que se dijo hace mucho tiempo: «Ama a los demás como a ti mismo», nos daremos cuenta de que uno mismo está en primer lugar.

Unsplash/Graca Assane

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Para lograr vivir una vida en paz y con bienestar necesitamos modificar la forma en que nos tratamos a nosotros mismos. Urge decir adiós al juez que vive en nuestro interior. Siempre actuamos lo mejor que sabemos dadas las circunstancias. Con esa mirada comprensiva, nuestro camino se tornará mucho más fácil y llevadero.


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El Tao y la sonrisa interior

Encontrar cierto equilibrio en una sociedad que vive a toda velocidad es muy difícil. El ruido, las prisas y la incesante actividad nos hacen sentir que estamos desgatados. En ciertos momentos de máxima tensión, incluso, nos embarga la necesidad de salir corriendo y escapar… Unas vacaciones o un cambio de aires suelen ayudarnos a desconectar. Sin embargo, esto no siempre es posible. No obstante, sin salir de nuestra realidad, podemos encontrar diferentes técnicas que nos ayudan a sentirnos mejor y a encontrar remansos de paz. La «sonrisa interior taoísta» es una de estas herramientas.

Sonreír es muy saludable

Cada vez que sonreímos nuestro cerebro lo interpreta como una señal de satisfacción. Una sola sonrisa libera dopamina y serotonina en la cantidad suficiente para relajar todo nuestro organismo. Si mantenemos esa sonrisa, y la liberación de hormonas de la felicidad continua circulando por nuestro torrente sanguíneo podemos, incluso, regular nuestra tensión arterial y mejorar nuestro humor. Por si esto fuera poco, diferentes estudios han demostrado que aquellas personas que sonríen más a menudo tienen una vida más larga.

Unsplash/Omid Armin

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Sonrisa interior taoísta

Según la tradición taoísta, practicar la sonrisa interior es una buena forma de relajar la mente y el cuerpo. Con este tipo de sonrisa alejamos el estrés de nuestra vida de manera fácil.

La glándula tiroidea está conectada con nuestra sonrisa. Por ello, cada vez que sonreímos activamos dicha glándula y, por lo tanto, conseguimos relajarnos. Los taoístas dicen que cada vez que sonreímos todos nuestros órganos segregan ciertas sustancias que nutren nuestro organismo. Sin embargo, emociones negativas como la rabia o el miedo bloquean nuestra energía y deterioran nuestra salud.

Pixabay/Helena

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Cómo llevar a cabo la sonrisa interior

Vivimos constantemente mirando nuestro aspecto exterior. Este hábito nos hace olvidar que en nuestro interior también hay mucho de nosotros que nunca observamos. La sonrisa interior consigue llevar atención y sonrisa a todos nuestros órganos.

Esta técnica se lleva a cabo desde una relajación profunda o meditación. Desde ese estado, una vez que nuestra mente se haya calmado, la iremos llevando a cabo la práctica. Primero, visualizaremos una gran luz encima de nuestra cabeza que irá bañando todo nuestro cuerpo. Después, comenzaremos a sonreír mientras seguimos vigilando nuestra respiración. Imaginaremos también a una persona sonriendo frente a nosotros. A partir de ese momento, iremos recorriendo poco a poco todo nuestro cuerpo, empezando por la cara, llevando una sonrisa y reconocimiento hasta el último rincón. Sonreiremos a los pulmones, hígado, riñones, bazo, columna vertebral y cada uno de los huesos y músculos.

Esta meditación no debe exceder los quince minutos. Cada persona deberá decidir dónde quiere detenerse más tiempo, según se lo indique su intuición. Como todo lo sencillo, esta práctica es sumamente poderosa. Si nos habituamos a sonreír a nuestro cuerpo, cualquier problema de salud se solucionará más fácilmente.


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Sufrimiento, ¿es necesario?

En general, los seres humanos nos esforzamos por evitar el sufrimiento. En la educación en polaridad que hemos recibido se nos ha enseñado a buscar «lo bueno» y evitar «lo malo». Lo que no nos gusta es lo malo y lo que nos gusta es lo bueno. De esta manera, nuestro vivir se desarrolla en la creencia que el sufrimiento no es necesario. ¿Es esto cierto? ¿Somos capaces de crecer y evolucionar solo a base de placer, paz y alegría?

Olvidamos el agradecimiento.

Los adultos, habitualmente, tendemos a dar las cosas por sentado. Nos cuesta ver la novedad que cada momento encierra y por eso no lo valoramos. Tenemos la impresión de que nada cambia y, a la vez, buscamos de manera continua lo nuevo. De eso saben mucho los expertos en marketing y publicidad. Esta actitud nos hace olvidar la importancia de apreciar y agradecer lo que a cada momento sucede.

La ilusión del control

La vida, en su infinita sabiduría, se desarrolla de manera perfecta y equilibrada. Sin embargo, nosotros creemos que tenemos que controlar lo que sucede. Para ello nos ofuscamos en perseguir aquello que creemos que es mejor para nosotros. Ponemos toda nuestra energía en esa búsqueda creyendo que eso nos dará la felicidad. Sin embargo, cuando aquello llega, se nos escapa de las manos y pocas veces sabemos disfrutarlo de verdad.

Apreciar lo que sucede

El grado de satisfacción que experimentamos en la vida depende en gran medida de cómo interpretamos lo que nos sucede y de la atención que ponemos en esos sucesos. Habitualmente, le damos nula importancia a los hechos que nos producen bienestar. Son pocas las personas que se levantan cada mañana agradeciendo un nuevo día.

Unsplash/Joshua Earle

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Cuando estamos enfermos prestamos mucha atención a nuestra enfermedad y al sufrimiento que nos provoca. Toda nuestra atención se centra en la esperanza de que aquello pase y en los síntomas que nos obligan a cambiar nuestro vivir. Nos quejamos y lamentamos de la situación todo el tiempo que dure. Sin embargo, cuando nos recuperamos, la alegría de estar sanos no nos dura más allá de un par de días. ¿Quién se levanta de manera habitual con verdadera alegría de sentir salud? ¿Quién disfruta verdaderamente de la ducha o del desayuno cada mañana? Pocas personas… Lo normal es no valorar ni poner atención en lo que sí nos va bien.

Sufrir nos empuja

Cualquier tipo de sufrimiento supone un alto en el camino. Da igual si hablamos de una enfermedad, una ruina económica o la muerte de un ser querido. El caso es que cualquiera de estas situaciones nos obliga a detener nuestro vivir inconsciente y nos lleva a plantearnos cosas que, de manera natural, nunca nos plantearíamos. Después de cualquier situación de estas características nuestra visión del mundo y de la realidad cambia en gran medida.

Unsplash/Luis Galvez

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Entonces, si el sufrimiento es el impulsor del crecimiento personal y de la mayor consciencia, ¿es esta la única forma de crecer? La respuesta es un rotundo no. Solo necesitamos aminorar nuestra velocidad y aprender a disfrutar de lo que vivimos cada día con atención plena. Cuando vivimos plenamente en el momento presente, la vida se nos revela mágica y perfecta y la necesidad de que aparezca el sufrimiento desaparece.


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La fatiga adrenal en tiempos de estrés

El ser humano cuenta con una fuerza autocurativa que se tiene poco en cuenta en la actualidad. Como todo en la naturaleza, en nuestro interior se encuentra una fuerza creadora que tiende a la organización. En momentos de mucho estrés, es muy común que a nuestro cuerpo le cueste trabajo reequilibrarse y muestre síntomas que nos pueden alertar. La fatiga suprarrenal o fatiga adrenal es una de las manifestaciones de que estamos sufriendo una falta de equilibrio y salud.

Un poco de historia

De la misma manera que otras enfermedades relacionadas con nuestro estilo de vida, no hay demasiadas evidencias científicas que apoyen la llamada fatiga adrenal. Sin embargo, algunos científicos, como por ejemplo el Dr. James M. Wilsonhan estudiado este problema que tantas personas padecen. El Dr. Wilson volcó muchos de los resultados de sus investigaciones en el libro que publicó en el año 2001 Adrenal Fatigue: The 21st Century Stress Syndrome ayudando con su trabajo a miles de personas.

Unsplash/Finn Hackshaw

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¿Qué es la fatiga adrenal?

La hipadrenia o fatiga adrenal es un estado en el que las glándulas suprarrenales se encuentran agotadas. Debido a ello, la producción de hormonas es baja, y de esta manera, hay baja energía metabólica. Estas glándulas son las encargadas de segregar las hormonas relacionadas con el estrés como el cortisol. Si, por diferentes motivos, vivimos en un estrés continuo estás glándulas llegarán a la extenuación. Originalmente, este tipo de hormonas serían necesarias para momentos puntuales, no a largo plazo. El cuerpo humano no fue diseñado para vivir en continua tensión aunque en la actualidad sea la tónica general.

Síntomas de la fatiga adrenal

Este tipo de patología comparte síntomas con la enfermedad de Addison pero no son lo mismo. La persona con fatiga adrenal notará: debilidad, baja tensión arterial, insomnio, mala circulación, fatiga, bajo estado de ánimo, problemas digestivos y constantes deseos de orinar, entre otros. Normalmente, son personas que necesitan grandes dosis de café para poder afrontar su jornada cada mañana.

Soluciones naturales

Todos sabemos que es mejor prevenir que curar. Por este motivo, lo mejor que podemos hacer por nuestra salud es evitar llegar a ciertos límites. Aunque en la actualidad el estrés es nuestro habitual compañero, si queremos gozar de buena salud, es necesario hacer lo que esté en nuestra mano para evitarlo o, al menos, para reducirlo al mínimo.

Desde la alimentación es muy importante evitar los alimentos que contengan excitantes, azúcar y grasas de mala calidad. Una dieta en la que abunden cereales integrales, frutas y verduras será la más adecuada. Para aquellas personas que padezcan fatiga adrenal es imprescindible realizar ejercicio físico que no les agote. Las mejores opciones las encontraremos en el yoga, el pilates o el tai chi. Cualquiera de estas disciplinas se apoyan en ejercicios respiratorios que relajan nuestro sistema nervioso.

Pixabay/YogawithAmit

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La meditación también es una buena herramienta para poner distancia entre aquello que nos genera tensión y nosotros mismos. Esta técnica es capaz de situarnos en le papel del observador de aquello que nos ocurre y nos otorga la perspectiva necesaria para relativizar cualquier situación.


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¿Te permites sentir tus emociones?

A lo largo de nuestra existencia aparecen momentos en los que sentimos malestar. En muchas de estas ocasiones no sabemos de dónde proviene esa sensación. Es muy posible que en esas situaciones ni siquiera sepamos qué estamos sintiendo exactamente. Habitualmente, todo eso se produce cuando hemos perdido la conexión con nuestro sentir. La salud de nuestro cuerpo físico y mental siempre estará relacionada con nuestros sentimientos. Por este motivo, es sumamente importante que demos permiso a nuestras emociones para que afloren y también que las dejemos fluir.

Las emociones nos afectan

Todo en la vida tiene su finalidad. Las emociones también. Cada vez que sentimos algo todo nuestro organismo se implica en ese sentimiento de alguna manera. Si sentimos algo positivo en nuestro interior se segregan una sería de hormonas que nos harán sentir bien inmediatamente. Por el contrario, con las emociones negativas, nos inundaremos de sustancias que nos alejan del equilibrio y el bienestar.

Pixabay/Graehaw

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¿Nos damos cuenta de lo que sentimos?

El tipo de vida que llevamos en occidente empuja a muchas personas a desconectarse emocionalmente de si mismas. No saben lo que están sintiendo. Esta forma de vivir no es una decisión consciente. Es, ante todo, un mecanismo inconsciente que se activa por la falta de costumbre que tenemos de reflexionar y también como un intento de evitar el sufrimiento. Sin embargo, aunque no seamos conscientes de ello, las emociones siguen produciendo sus efectos en nuestro cuerpo.

¿Hay varios tipos de desconexión emocional?

La mayor desconexión la padecen las personas que no se dan cuenta de que están sintiendo una emoción. Estas personas reprimen su sentir y viven como si nada sucediera. Otras personas pueden sentir que algo sucede en su interior pero evitan dejar que aflore porque censuran cualquier emocionalidad. Y, en tercer lugar, están las personas que aunque se permitan sentir la emoción no son capaces de ponerle nombre ni saber de dónde procede.

Pixabay/xxolaxx

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Aparte de estos grupos, encontramos personas que sabiendo lo que sienten y por qué lo sienten hacen todo lo posible por evitar mostrar ningún signo de esa emoción. No obstante, el lenguaje corporal pondrá en evidencia que estamos ante una persona totalmente bloqueada.

Para finalizar, podemos encontrar a ciertas personas que saben exactamente lo que sienten y no son capaces de deshacerse de esa emoción por más que lo intenten.

La guía interior

En cualquiera de los casos anteriormente mencionados es imprescindible observar que todos necesitamos tener conexión con nuestro interior. Cuando conectamos con la sabiduría que habita en cada uno de nosotros es muy fácil saber qué estamos sintiendo. Gracias a la conexión que se establece con nuestro ser interno, el vivir de cada día se torna más fácil y ligero.

Pixabay/Pexels

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Para poder favorecer esa conexión necesitamos calmar la mente. La meditación, la relajación y cualquier técnica como el yoga, el Tai Chi o el Chi Kung despejan nuestro campo mental dejando el camino libre para la conexión interior.


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Ya no son tiempos de maestros

A lo largo de la historia de la humanidad encontramos personas que han marcado todas las culturas por ser líderes de diferentes movimientos. Dentro de la espiritualidad, aquellos que han sido seguidos por otros, han sido llamados maestros. Gracias al discurso de todos estos seres que han marcado tendencias, un gran número personas han encontrado respuesta a muchas de sus inquietudes.

Vivimos en un momento en el que a muchas personas la guía externa se nos empieza a quedar pequeña. Tenemos la sensación de que nos falta algo pero no sabemos qué es. Eso que buscamos se encuentra dentro de nosotros esperando ser reconocido, siempre estuvo ahí. Sin embargo nos falta práctica, no sabemos como encontrarlo.

La humanidad ya ha madurado

Como si de niños pequeños que están aprendiendo se tratara, los seres humanos hemos necesitado de los maestros que nos llevaran de la mano durante mucho tiempo. Gracias a todos ellos, nuestro avance en la espiritualidad ha sido más fácil. Podríamos decir que estos seres han sido nuestro apoyo mientras no éramos capaces de caminar por nosotros mismos. En la actualidad, el momento ha llegado, ya no necesitamos esa mano porque hemos crecido. Los maestros han sido la muleta de la que ya podemos prescindir.

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Cada persona es única

El papel de los maestros ha sido muy positivo pero también nos ha restado poder. Al seguir el camino marcado por otras personas nos hemos visto obligados a dejar de transitar el nuestro en particular. Cada persona en este planeta tiene un propósito y es única e irrepetible. Esa singularidad no se contempla en los grupos que siguen gurús o maestros que dictan las reglas. Además, cuando seguimos a otros, tendemos a idealizar su forma de vivir o de actuar e intentamos imitarlo aunque no tenga nada que ver con nosotros. El poder que nos habita solo se hace visible cuando somos fieles a lo que sentimos individualmente.

La guía interior

Si pasamos mucho tiempo sin utilizar una parte de nuestro cuerpo, esta se atrofia en cierta medida. Un brazo que fue escayolado, por ejemplo, tardará en volver a funcionar correctamente. De la misma manera, tras mucho tiempo siguiendo maestros que nos dictan aquello que debemos hacer o sentir, es muy posible que no sepamos qué es exactamente lo que nosotros sentimos de verdad.

Afortunadamente, nuestra guía interior nos acompaña desde siempre. No por no ser escuchada ha dejado de estar activa. Todo ser humano está habitado por un alma que sabe que sabe muy bien qué es lo que más le conviene. El secreto está en poner atención. Para eso, lógicamente, hace falta un tipo de vida más consciente y un ritmo más lento, en general.

Cada persona tiene acceso directo a su sabiduría interior. Si aminoramos nuestro ritmo de vida y escuchamos, sinceramente, lo que sentimos, podremos acceder a la información que nos envía nuestra alma.  De esta manera, nuestra vida fluirá de forma más armoniosa y tranquila.