Category Archives: Psicología

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Sufrimiento

Sufrimiento, ¿es necesario?

En general, los seres humanos nos esforzamos por evitar el sufrimiento. En la educación en polaridad que hemos recibido se nos ha enseñado a buscar «lo bueno» y evitar «lo malo». Lo que no nos gusta es lo malo y lo que nos gusta es lo bueno. De esta manera, nuestro vivir se desarrolla en la creencia que el sufrimiento no es necesario. ¿Es esto cierto? ¿Somos capaces de crecer y evolucionar solo a base de placer, paz y alegría?

Olvidamos el agradecimiento.

Los adultos, habitualmente, tendemos a dar las cosas por sentado. Nos cuesta ver la novedad que cada momento encierra y por eso no lo valoramos. Tenemos la impresión de que nada cambia y, a la vez, buscamos de manera continua lo nuevo. De eso saben mucho los expertos en marketing y publicidad. Esta actitud nos hace olvidar la importancia de apreciar y agradecer lo que a cada momento sucede.

La ilusión del control

La vida, en su infinita sabiduría, se desarrolla de manera perfecta y equilibrada. Sin embargo, nosotros creemos que tenemos que controlar lo que sucede. Para ello nos ofuscamos en perseguir aquello que creemos que es mejor para nosotros. Ponemos toda nuestra energía en esa búsqueda creyendo que eso nos dará la felicidad. Sin embargo, cuando aquello llega, se nos escapa de las manos y pocas veces sabemos disfrutarlo de verdad.

Apreciar lo que sucede

El grado de satisfacción que experimentamos en la vida depende en gran medida de cómo interpretamos lo que nos sucede y de la atención que ponemos en esos sucesos. Habitualmente, le damos nula importancia a los hechos que nos producen bienestar. Son pocas las personas que se levantan cada mañana agradeciendo un nuevo día.

Unsplash/Joshua Earle

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Cuando estamos enfermos prestamos mucha atención a nuestra enfermedad y al sufrimiento que nos provoca. Toda nuestra atención se centra en la esperanza de que aquello pase y en los síntomas que nos obligan a cambiar nuestro vivir. Nos quejamos y lamentamos de la situación todo el tiempo que dure. Sin embargo, cuando nos recuperamos, la alegría de estar sanos no nos dura más allá de un par de días. ¿Quién se levanta de manera habitual con verdadera alegría de sentir salud? ¿Quién disfruta verdaderamente de la ducha o del desayuno cada mañana? Pocas personas… Lo normal es no valorar ni poner atención en lo que sí nos va bien.

Sufrir nos empuja

Cualquier tipo de sufrimiento supone un alto en el camino. Da igual si hablamos de una enfermedad, una ruina económica o la muerte de un ser querido. El caso es que cualquiera de estas situaciones nos obliga a detener nuestro vivir inconsciente y nos lleva a plantearnos cosas que, de manera natural, nunca nos plantearíamos. Después de cualquier situación de estas características nuestra visión del mundo y de la realidad cambia en gran medida.

Unsplash/Luis Galvez

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Entonces, si el sufrimiento es el impulsor del crecimiento personal y de la mayor consciencia, ¿es esta la única forma de crecer? La respuesta es un rotundo no. Solo necesitamos aminorar nuestra velocidad y aprender a disfrutar de lo que vivimos cada día con atención plena. Cuando vivimos plenamente en el momento presente, la vida se nos revela mágica y perfecta y la necesidad de que aparezca el sufrimiento desaparece.


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La fatiga adrenal en tiempos de estrés

El ser humano cuenta con una fuerza autocurativa que se tiene poco en cuenta en la actualidad. Como todo en la naturaleza, en nuestro interior se encuentra una fuerza creadora que tiende a la organización. En momentos de mucho estrés, es muy común que a nuestro cuerpo le cueste trabajo reequilibrarse y muestre síntomas que nos pueden alertar. La fatiga suprarrenal o fatiga adrenal es una de las manifestaciones de que estamos sufriendo una falta de equilibrio y salud.

Un poco de historia

De la misma manera que otras enfermedades relacionadas con nuestro estilo de vida, no hay demasiadas evidencias científicas que apoyen la llamada fatiga adrenal. Sin embargo, algunos científicos, como por ejemplo el Dr. James M. Wilsonhan estudiado este problema que tantas personas padecen. El Dr. Wilson volcó muchos de los resultados de sus investigaciones en el libro que publicó en el año 2001 Adrenal Fatigue: The 21st Century Stress Syndrome ayudando con su trabajo a miles de personas.

Unsplash/Finn Hackshaw

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¿Qué es la fatiga adrenal?

La hipadrenia o fatiga adrenal es un estado en el que las glándulas suprarrenales se encuentran agotadas. Debido a ello, la producción de hormonas es baja, y de esta manera, hay baja energía metabólica. Estas glándulas son las encargadas de segregar las hormonas relacionadas con el estrés como el cortisol. Si, por diferentes motivos, vivimos en un estrés continuo estás glándulas llegarán a la extenuación. Originalmente, este tipo de hormonas serían necesarias para momentos puntuales, no a largo plazo. El cuerpo humano no fue diseñado para vivir en continua tensión aunque en la actualidad sea la tónica general.

Síntomas de la fatiga adrenal

Este tipo de patología comparte síntomas con la enfermedad de Addison pero no son lo mismo. La persona con fatiga adrenal notará: debilidad, baja tensión arterial, insomnio, mala circulación, fatiga, bajo estado de ánimo, problemas digestivos y constantes deseos de orinar, entre otros. Normalmente, son personas que necesitan grandes dosis de café para poder afrontar su jornada cada mañana.

Soluciones naturales

Todos sabemos que es mejor prevenir que curar. Por este motivo, lo mejor que podemos hacer por nuestra salud es evitar llegar a ciertos límites. Aunque en la actualidad el estrés es nuestro habitual compañero, si queremos gozar de buena salud, es necesario hacer lo que esté en nuestra mano para evitarlo o, al menos, para reducirlo al mínimo.

Desde la alimentación es muy importante evitar los alimentos que contengan excitantes, azúcar y grasas de mala calidad. Una dieta en la que abunden cereales integrales, frutas y verduras será la más adecuada. Para aquellas personas que padezcan fatiga adrenal es imprescindible realizar ejercicio físico que no les agote. Las mejores opciones las encontraremos en el yoga, el pilates o el tai chi. Cualquiera de estas disciplinas se apoyan en ejercicios respiratorios que relajan nuestro sistema nervioso.

Pixabay/YogawithAmit

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La meditación también es una buena herramienta para poner distancia entre aquello que nos genera tensión y nosotros mismos. Esta técnica es capaz de situarnos en le papel del observador de aquello que nos ocurre y nos otorga la perspectiva necesaria para relativizar cualquier situación.


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¿Te permites sentir tus emociones?

A lo largo de nuestra existencia aparecen momentos en los que sentimos malestar. En muchas de estas ocasiones no sabemos de dónde proviene esa sensación. Es muy posible que en esas situaciones ni siquiera sepamos qué estamos sintiendo exactamente. Habitualmente, todo eso se produce cuando hemos perdido la conexión con nuestro sentir. La salud de nuestro cuerpo físico y mental siempre estará relacionada con nuestros sentimientos. Por este motivo, es sumamente importante que demos permiso a nuestras emociones para que afloren y también que las dejemos fluir.

Las emociones nos afectan

Todo en la vida tiene su finalidad. Las emociones también. Cada vez que sentimos algo todo nuestro organismo se implica en ese sentimiento de alguna manera. Si sentimos algo positivo en nuestro interior se segregan una sería de hormonas que nos harán sentir bien inmediatamente. Por el contrario, con las emociones negativas, nos inundaremos de sustancias que nos alejan del equilibrio y el bienestar.

Pixabay/Graehaw

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¿Nos damos cuenta de lo que sentimos?

El tipo de vida que llevamos en occidente empuja a muchas personas a desconectarse emocionalmente de si mismas. No saben lo que están sintiendo. Esta forma de vivir no es una decisión consciente. Es, ante todo, un mecanismo inconsciente que se activa por la falta de costumbre que tenemos de reflexionar y también como un intento de evitar el sufrimiento. Sin embargo, aunque no seamos conscientes de ello, las emociones siguen produciendo sus efectos en nuestro cuerpo.

¿Hay varios tipos de desconexión emocional?

La mayor desconexión la padecen las personas que no se dan cuenta de que están sintiendo una emoción. Estas personas reprimen su sentir y viven como si nada sucediera. Otras personas pueden sentir que algo sucede en su interior pero evitan dejar que aflore porque censuran cualquier emocionalidad. Y, en tercer lugar, están las personas que aunque se permitan sentir la emoción no son capaces de ponerle nombre ni saber de dónde procede.

Pixabay/xxolaxx

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Aparte de estos grupos, encontramos personas que sabiendo lo que sienten y por qué lo sienten hacen todo lo posible por evitar mostrar ningún signo de esa emoción. No obstante, el lenguaje corporal pondrá en evidencia que estamos ante una persona totalmente bloqueada.

Para finalizar, podemos encontrar a ciertas personas que saben exactamente lo que sienten y no son capaces de deshacerse de esa emoción por más que lo intenten.

La guía interior

En cualquiera de los casos anteriormente mencionados es imprescindible observar que todos necesitamos tener conexión con nuestro interior. Cuando conectamos con la sabiduría que habita en cada uno de nosotros es muy fácil saber qué estamos sintiendo. Gracias a la conexión que se establece con nuestro ser interno, el vivir de cada día se torna más fácil y ligero.

Pixabay/Pexels

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Para poder favorecer esa conexión necesitamos calmar la mente. La meditación, la relajación y cualquier técnica como el yoga, el Tai Chi o el Chi Kung despejan nuestro campo mental dejando el camino libre para la conexión interior.


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Ya no son tiempos de maestros

A lo largo de la historia de la humanidad encontramos personas que han marcado todas las culturas por ser líderes de diferentes movimientos. Dentro de la espiritualidad, aquellos que han sido seguidos por otros, han sido llamados maestros. Gracias al discurso de todos estos seres que han marcado tendencias, un gran número personas han encontrado respuesta a muchas de sus inquietudes.

Vivimos en un momento en el que a muchas personas la guía externa se nos empieza a quedar pequeña. Tenemos la sensación de que nos falta algo pero no sabemos qué es. Eso que buscamos se encuentra dentro de nosotros esperando ser reconocido, siempre estuvo ahí. Sin embargo nos falta práctica, no sabemos como encontrarlo.

La humanidad ya ha madurado

Como si de niños pequeños que están aprendiendo se tratara, los seres humanos hemos necesitado de los maestros que nos llevaran de la mano durante mucho tiempo. Gracias a todos ellos, nuestro avance en la espiritualidad ha sido más fácil. Podríamos decir que estos seres han sido nuestro apoyo mientras no éramos capaces de caminar por nosotros mismos. En la actualidad, el momento ha llegado, ya no necesitamos esa mano porque hemos crecido. Los maestros han sido la muleta de la que ya podemos prescindir.

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Cada persona es única

El papel de los maestros ha sido muy positivo pero también nos ha restado poder. Al seguir el camino marcado por otras personas nos hemos visto obligados a dejar de transitar el nuestro en particular. Cada persona en este planeta tiene un propósito y es única e irrepetible. Esa singularidad no se contempla en los grupos que siguen gurús o maestros que dictan las reglas. Además, cuando seguimos a otros, tendemos a idealizar su forma de vivir o de actuar e intentamos imitarlo aunque no tenga nada que ver con nosotros. El poder que nos habita solo se hace visible cuando somos fieles a lo que sentimos individualmente.

La guía interior

Si pasamos mucho tiempo sin utilizar una parte de nuestro cuerpo, esta se atrofia en cierta medida. Un brazo que fue escayolado, por ejemplo, tardará en volver a funcionar correctamente. De la misma manera, tras mucho tiempo siguiendo maestros que nos dictan aquello que debemos hacer o sentir, es muy posible que no sepamos qué es exactamente lo que nosotros sentimos de verdad.

Afortunadamente, nuestra guía interior nos acompaña desde siempre. No por no ser escuchada ha dejado de estar activa. Todo ser humano está habitado por un alma que sabe que sabe muy bien qué es lo que más le conviene. El secreto está en poner atención. Para eso, lógicamente, hace falta un tipo de vida más consciente y un ritmo más lento, en general.

Cada persona tiene acceso directo a su sabiduría interior. Si aminoramos nuestro ritmo de vida y escuchamos, sinceramente, lo que sentimos, podremos acceder a la información que nos envía nuestra alma.  De esta manera, nuestra vida fluirá de forma más armoniosa y tranquila.


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¿Cómo aliviar los dolores de espalda?

Nuestra espalda es la parte de nuestro cuerpo que más tensiones soporta. Al cuidar de ella, aseguramos bienestar a todo el organismo ya que es la que sostiene todo nuestro cuerpo. Las preocupaciones del día a día suelen «echarse a la espalda» para poder seguir hacía adelante. En muchas ocasiones lo mejor sería hacer un alto en el camino y revisar y tirar a la basura nuestro exceso de carga. De esa manera no viajaríamos con tanto equipaje. Además de eso, existen diferentes tipos de ejercicios que nos ayudarán a mantener sana esa parte tan importante de nuestra anatomía.

Una postura correcta

En muchas ocasiones los dolores de espalda no están relacionados con ninguna patología. Es muy común que posturas incorrectas o la debilidad de los músculos causen molestias que tienen fácil solución.

Una buena higiene postural es imprescindible para mimar la espalda. Por ejemplo, al agacharnos, es muy importante mantener la espalda bien derecha y flexionar las rodillas. Cuando tengamos que permanecer sentados mucho tiempo también la mejor postura será con la espalda recta.

Además de esto, el ejercicio físico es imprescindible para que los músculos tengan el tono suficiente para mantener la postura deseada. Una musculatura tonificada actúa como protección de los huesos y evita mayores complicaciones.

Ejercicio físico aconsejable

Los mejores deportes para la espalda son aquellos que nos fortalecen y flexibilizan pero que no implican gran impacto. Podríamos decir que en primer lugar se encuentra la natación. Cuando nadamos, fortalecemos suavemente los músculos a la vez que minimizamos cualquier riesgo de lesión al realizarse en el agua. El ciclismo o el running no son tan aconsejables porque pueden crear tensiones tanto en el cuello como en la zona lumbar o dorsal.

Después de la natación, los mejores deportes para mantener la salud de la espalda son el yoga y el pilates. El yoga, por su parte, ayuda a relajar y flexibilizar la musculatura de todo nuestro cuerpo. Esta disciplina también nos obliga a poner conciencia en aquellas zonas en las que haya tensión y, gracias a los ejercicios de respiración, nos conduce a la relajación.

El pilates, además de otras beneficios, nos ayuda a fortalecer los músculos abdominales. Cuando nuestra zona abdominal tiene un buen tono es muy difícil que la parte baja de la espalda nos duela.

Aligerar la carga

Ya hemos visto que físicamente es fácil mantener nuestros músculos tonificados y relajados. Sin embargo, si actuamos físicamente pero, mental y emocionalmente, aún cargamos con demasiado equipaje es muy posible que la espalda nos siga molestando.

Son muchas las personas que, habitualmente, llevan a cuestas cosas que, si las soltaran, es muy probable se resolverían por si solas. Así mismo, también es muy común cargar con asuntos que no nos pertenecen porque pensamos que así somos mejores personas…

Nuestro trabajo más importante es cuidar de nosotros mismos. Cuando nos encargamos de aquello que no nos pertenece nuestro cuerpo nos enviará señales a través de malestares y dolores que no deberíamos ignorar. Una persona sana es aquella que se cuida y que aligera su «carga» siempre que lo necesita.


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Wu wei, el arte del no hacer

Vivimos en una cultura que premia la acción. La frenética actividad a la que nuestra sociedad nos empuja parece estar asociada al éxito. Tenemos tanta adicción al continuo hacer que no sabemos disfrutar de su contrario, el no hacer nada. Wu Wei es un concepto taoísta que significa «no acción». Vamos a ver de qué se trata.

La senda del Tao

Nuestro mundo se caracteriza por la necesidad de acumular poder y por las ambiciones personales. En un ambiente de estas características el Wu wei resulta totalmente revolucionario. Este concepto está relacionado con el camino del tao en el que se vive de manera intuitiva y armónica, sin esfuerzo, de la misma manera que el agua fluye.

Pixabay/Evelyn_Chai

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En el Tao Te King (escrito en China en el año 600 a.c.) se insiste en el concepto de wei-wu-wei (acción a través de la no acción). Esto no quiere decir que se ponga solo énfasis en que permanezcamos estáticos. Simplemente, se trata de evitar influir con nuestra voluntad o intenciones ya que esto obstaculiza la ligereza y fluidez de la naturaleza. Podemos decir que el Wu Wei es la idea principal del taoismo.

¿En qué consiste el Wu Wei?

Esta filosofía nos muestra que muchas situaciones se resuelven mejor si no hacemos nada. La sencillez a la hora de actuar es la tónica general en esta corriente de pensamiento. Forzar no sirve para nada. Podríamos tomar el ejemplo de como se desarrollan las plantas: crecen sin más y no podemos forzar su crecimiento. Cualquier esfuerzo por nuestra parte, probablemente, sería inútil.

Pixabay/Couleur

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En principio, no hacer nada parece muy fácil aunque en realidad no lo es. Además, debemos de intentar no confundir la no acción con la pasividad.

No acción y pasividad

Los practicantes del Wu Wei a menudo pueden caer en la pasividad sin ser conscientes. Sin embargo, tenemos que entender que esta técnica no defiende el quedarse de brazos cruzados mirando al cielo. De hecho, una de sus máximas es intentar no dejar nada sin hacer aunque siempre procurando gastar la menor cantidad de energía posible. La no acción busca hacer las cosas de forma natural y espontánea pero sin prisa. La impaciencia o la preocupación por los resultados no tienen cabida en esta disciplina.

Disfrutar del vivir

Cuando no forzamos las cosas para que ocurran comenzamos a disfrutar de la vida. Desde esta perspectiva, los eventos se van desplegando ante nuestra mirada que siempre acepta aunque no sucedan exactamente como nos gustaría. Gracias a esa posición de observadores podemos decidir la acción que menos esfuerzo requiera.

El Wu Wei nos invita a llevar una vida sencilla. Así mismo, nos ayuda a aceptar las cosas tal y como son. La aceptación activa nos conduce a senderos de vida en los que, aunque no tengamos el control de lo que nos sucede, la tranquilidad será nuestra compañera.


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La magia de una sonrisa

A fuerza de vivir a toda velocidad nos hemos acostumbrado a no prestar atención a los pequeños gestos que dan un toque mágico a la vida. Las buenas relaciones entre los seres humanos son unos de los pilares de la salud y del bienestar. Cuando regalamos una sonrisa estamos dando al otro mucho más que un gesto de cortesía.

Seriedad y madurez

Cualquier niño es capaz de reír o llorar con toda naturalidad. Sin embargo, según vamos creciendo vamos perdiendo esa espontaneidad. Parece como si ser adulto y  maduro estuviera relacionado con ser serio y aburrido. Los sueños que de niños nos hacían vivir la vida de manera mágica dejan paso al realismo de la adultez. Quizá sea por eso que la sonrisa, con el tiempo, pasa a ser algo que, de alguna manera tenemos que justificar. Probablemente, si supiéramos el valor real de una sonrisa intentaríamos sonreír más a menudo.

Sonrisa y aceptación

Cada vez que sonreímos a una persona, sin darnos cuenta, estamos lanzando un mensaje de aceptación y aprecio. Además, es casi seguro, que esa persona también nos sonreirá. De esa manera el intercambio comenzará de una manera armoniosa y su desarrollo siempre será más positivo. Por supuesto estamos hablando de sonrisas sinceras no de aquellas que surgen por compromiso. Sonreír desde el alma ilumina a quien recibe la sonrisa.

Los beneficios de la sonrisa

Ron Gutman, uno de los más conocidos expertos en sonrisas, ha estudiado las muchas ventajas que tiene el hecho de sonreir. Él y su equipo han llegado a sorprendentes conclusiones:

Unsplash/bradford zak

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  • Todos las culturas sonríen

La sonrisa es universal. En todas las culturas se sonríe para expresar satisfacción, alegría y bienestar. Gracias a ella nos podemos comunicar mejor con cualquier persona de cualquier cultura.

  • Sonreír alarga la vida y nos hace sentir mejor

Según una investigación llevada a cabo en Wayne State University, las personas que más sonríen viven más tiempo. Esto parece ser debido a que las personas risueñas, habitualmente, sienten de forma más positiva y esto las hace vivir más tiempo.

Así mismo, cuando sonreímos, aunque sea de forma forzada, nuestro organismo registra el hecho segregando sustancias que nos harán sentir mejor. Por ello, si nos sentimos mal e insistimos en sonreír durante un rato, al final nos sentiremos mejor.

  • La sonrisa es contagiosa

Cuando vemos a otra persona sonreír es muy difícil que no hagamos lo mismo. Se han hecho estudios al respecto y parece ser que cuando alguien sonríe es casi imposible mantener el ceño fruncido.

La vida se vive mejor si nos acompaña la sonrisa. No obstante, el mayor beneficio lo obtenemos cuando esta es genuina. De hecho, a todos nos resulta bastante fácil darnos cuenta de aquellos que sonríen de manera falsa o artificial.

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¿Qué te parecería decorar tu rostro cada mañana con una sonrisa al salir de casa?


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Una mente tranquila para tiempos convulsos

Todo aquello que sucede a nuestro alrededor nos afecta de alguna manera. La vida es dinámica y, en ciertos momentos, parece que todo se mueve en exceso a nuestro alrededor. Ese movimiento provoca diferentes desequilibrios en nuestro cuerpo y en nuestra psique. Además, nuestra mente, acostumbrada al juicio y a la actividad continua, nos agita aún más. La meditación, el yoga o cualquier técnica de relajación son formas de encontrar la calma que necesitamos en aquellos momentos en los que afuera todo se agita.

La loca de la casa

Todo aquello que sentimos o experimentamos tiene su origen en nuestra mente. Los sentimientos siguen a los pensamientos y la interpretación de aquello que nos sucede también proviene de esos pensamientos. El origen de todo lo que pensamos está en lo que hemos llamado «la loca de la casa», nuestra mente. Aunque la mente humana es una maravillosa herramienta para transitar por este mundo, cuando solo ella tiene el mando de nuestros pensamientos, la locura entra en nuestra vida.

Pixaba/darksouls1

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La mente lanza ideas, pensamientos y recuerdos a su antojo. Lo hace de forma repetida y machacona. Muchas veces no somos conscientes de que esto está sucediendo. Vivimos tan desconectados que no somos capaces de encontrar el origen de un malestar en algo que antes hemos pensado. Sin embargo, si fuéramos capaces de vivir de manera más lenta y consciente observaríamos que todo tuvo su origen en un simple pensamiento.

Una vida más lenta

La lentitud no está de moda. En una sociedad donde prima la productividad esta apreciada cualidad se contempla como algo no deseable. Todo ha de suceder casi de manera instantánea para que sea «rentable». Debido a esta forma de vivir, los momentos se nos escapan de las manos. Somos como pequeños títeres que corren de un lado a otro y no tienen control sobre sus vidas.

Si ralentizamos el ritmo en el que se desenvuelve nuestra vida, podemos observar que todo cobra otro sentido. La mejor manera de poder llevar esto a cabo es consiguiendo que la mente aminore su actividad frenética y nos acompañe en esta nueva manera de vivir.

Unsplash/Austin Schmid

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Hacía una vida más consciente

En los momentos de mayor convulsión es cuando más necesitamos saber vivir desde la paz y la tranquilidad. Cualquier cosa que suceda a nuestro alrededor nos afectará en menor medida si internamente estamos equilibrados. Afortunadamente, contamos con diferentes herramientas que nos ayudan a conservar el equilibrio incluso en los momentos más duros.

La meditación o relajación nos ayudan a observar la realidad desde diferente perspectiva. Una pequeña meditación al comenzar el día observando nuestros pensamientos armonizará mágicamente nuestra jornada. De la misma manera, la práctica del yoga dos o tres veces por semana nos relaja y armoniza cuerpo y mente. En la actualidad contamos con numerosas formas de estabilizar nuestra mente y, consecuentemente, nuestro cuerpo: tai chí, masaje metamórfico, reflexología, etc. Lo importante es encontrar aquella que mejor vaya con cada uno de nosotros y entender que una mente tranquila siempre es sinónimo de una vida pacífica y placentera.


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¿Es posible la felicidad sin causa?

Todo ser humano persigue la felicidad incluso sin ser consciente de ello. Cualquier acción que emprendemos siempre tiene como último fin el otorgarnos algún tipo de satisfacción. Vivimos persiguiendo esa felicidad que cuando llega no deja de ser efímera  y se nos escapan de las manos. ¿Y si te dijera que la felicidad puede ser alcanzada y mantenida de manera fácil y duradera? ¿Y si además te dijera que el encontrarla nada tuviera que ver con lo que te suceda?

La felicidad que se escapa

En nuestra cultura el futuro y la felicidad suelen ir de la mano. Ponemos nuestra esperanza en que al llegar a aquello que deseamos, que siempre ocurrirá en el futuro, nos sentiremos felices. En ese empeño nos pasamos gran parte de nuestra vida sin dar demasiado importancia a la sensación de insatisfacción que subyace bajo ese anhelo.

Normalmente, con el paso de los años comenzamos a darnos cuenta de que hay algo que se nos escapa. Además de eso, la vida suele ayudarnos a empujar este proceso de cambio y crecimiento personal, otorgándonos esas noches oscuras que tanto nos hacen avanzar. Tras esos proceso de dolor y sufrimiento solemos darnos cuenta de qué cosas importan realmente; y gracias a ellos, vamos avanzando hacía el reconocimiento de nuestro verdadero Ser.

El aquí y ahora

Tras cierto tiempo de maduración personal son muchas las personas que se dan cuenta de que su felicidad no depende de nada exterior. En muchos casos, al llegar a ese punto surge una sensación de vacío e inestabilidad totalmente normal. La llegada de algo nuevo siempre es motivo de cierto desequilibrio. En este momento vital te das cuenta de que todo aquello que antes te empujaba ahora ya no te llama la atención. Ya no necesitas consumir, competir, ni poner tus expectativas en un futuro que no conoces. Cada vez necesitas menos y eres consciente de que el hecho de añadir cosas a tu vida no te hará más feliz.

Es bajo estas circunstancias cuando podemos ver que la verdadera felicidad no tiene causa en absoluto. Cuando somos realmente felices sentimos una especie de luz que brota de nuestro interior independientemente de las circunstancias. Pero ¿cómo llegar a ese sentimiento? ¡Muy sencillo! Tan solo mantén toda tu atención en cada cosa que hagas. Sé uno con el momento presente. Acepta totalmente lo que suceda, sin juicio. Cada vez que conseguimos esto, aunque sea por cortos espacios de tiempo, abrimos paso a nuestra luz interior llenando de gozo toda nuestra realidad.

Da igual lo que suceda. Da igual lo que estemos haciendo. Da igual con quién estemos. Cualquier situación vivida desde la plena conciencia puede ser el origen de una profunda felicidad sin causa.

 


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Necesitamos silencio para estar sanos

Vivimos en un mundo de ruidos y estímulos continuos. Nos hemos acostumbrado a ello sin darnos cuenta. En las grandes ciudades la gente camina pérdida en sus pensamientos y parece no darse cuenta del desequilibrio acústico que predomina. Sin embargo, en lo más profundo de nosotros, reina el más absoluto silencio. En esa ausencia de estímulos auditivos se encuentra nuestra esencia a la que sofocamos sin darnos cuenta.

Contaminación acústica

Son muchas las personas que necesitan que haya ruido a su alrededor. Vivimos inmersos en la contaminación acústica que nos acompaña de igual manera que la contaminación atmosférica, sobre todo en las ciudades. Nos hemos habituado de tal forma que casi nadie es consciente de que eso perturba nuestro equilibrio. Una buena manera de darnos cuenta es observar el incremento de patologías derivadas del estrés en nuestra sociedad.

Pixabay/Jwvein

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Aunque parezca una exageración, el ruido puede matar. Según informó la Agencia Europea de Medio Ambiente, 10.000 personas mueren cada año por efectos derivados del ruido. Nuestro cerebro se pone en alerta al recibir incluso los ruidos más pequeños. El sistema cardiovascular y el sistema inmunológico se alteran sensiblemente ante la presencia de los mismos.

Silencio exterior

Según afirma el doctor Qing Li, algo tan sencillo como pasear por el bosque previene la enfermedad. Sus investigaciones le han llevado a afirmar que un paseo de este tipo reduce la tensión arterial, mejorando así la salud de nuestro corazón. Así mismo, los niveles de azúcar en sangre se equilibran y mejoran la memoria y la concentración.

La naturaleza y el silencio que la envuelve son una de las mejores terapias y completamente gratis. Simplemente, con estar cerca de un paisaje natural ya obtenemos sus efectos terapéuticos. Se ha comprobado que tras una intervención quirúrgica la recuperación es mucho más rápida solo con que  la habitación del paciente tenga vistas a algún paisaje natural. Solo con la mirada desde la habitación los efectos positivos son reales.

Silencio interior

Los estudios del neurocientífico Michel Le Van Quyen, le han llevado a afirmar que nuestro cerebro necesita el silencio. Ese silencio cerebral es necesario para la construcción de la persona, la memoria y la creatividad. Según explica Le Van Quyen, nuestras neuronas aprovechan los momentos de silencio para reproducirse,

Muy a menudo lo que más trabajo nos cuesta es encontrar la manera de provocar el silencio en nuestro interior. Cerrar los ojos e ir hace adentro es una práctica altamente saludable. Con este sencillo gesto nuestras ondas cerebrales se ralentizan. Esto es debido a que el parpadeo, además de para humedecer los ojos, sirve para dar descanso a nuestro cerebro. De ahí que la práctica de la meditación ya sea reconocida como altamente beneficiosa para cualquier persona.

Vivimos en una sociedad que se caracteriza por la atención dispersa. La continua información y todo tipo de distracciones e interrupciones son nuestras continuas compañeras. Todo ello agota nuestro cerebro porque provoca sobrecarga cognitiva. ¡Necesitamos hacer un hueco a pequeños espacios de silencio cada día!