Category Archives: Psicología

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Wu wei, el arte del no hacer

Vivimos en una cultura que premia la acción. La frenética actividad a la que nuestra sociedad nos empuja parece estar asociada al éxito. Tenemos tanta adicción al continuo hacer que no sabemos disfrutar de su contrario, el no hacer nada. Wu Wei es un concepto taoísta que significa «no acción». Vamos a ver de qué se trata.

La senda del Tao

Nuestro mundo se caracteriza por la necesidad de acumular poder y por las ambiciones personales. En un ambiente de estas características el Wu wei resulta totalmente revolucionario. Este concepto está relacionado con el camino del tao en el que se vive de manera intuitiva y armónica, sin esfuerzo, de la misma manera que el agua fluye.

Pixabay/Evelyn_Chai

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En el Tao Te King (escrito en China en el año 600 a.c.) se insiste en el concepto de wei-wu-wei (acción a través de la no acción). Esto no quiere decir que se ponga solo énfasis en que permanezcamos estáticos. Simplemente, se trata de evitar influir con nuestra voluntad o intenciones ya que esto obstaculiza la ligereza y fluidez de la naturaleza. Podemos decir que el Wu Wei es la idea principal del taoismo.

¿En qué consiste el Wu Wei?

Esta filosofía nos muestra que muchas situaciones se resuelven mejor si no hacemos nada. La sencillez a la hora de actuar es la tónica general en esta corriente de pensamiento. Forzar no sirve para nada. Podríamos tomar el ejemplo de como se desarrollan las plantas: crecen sin más y no podemos forzar su crecimiento. Cualquier esfuerzo por nuestra parte, probablemente, sería inútil.

Pixabay/Couleur

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En principio, no hacer nada parece muy fácil aunque en realidad no lo es. Además, debemos de intentar no confundir la no acción con la pasividad.

No acción y pasividad

Los practicantes del Wu Wei a menudo pueden caer en la pasividad sin ser conscientes. Sin embargo, tenemos que entender que esta técnica no defiende el quedarse de brazos cruzados mirando al cielo. De hecho, una de sus máximas es intentar no dejar nada sin hacer aunque siempre procurando gastar la menor cantidad de energía posible. La no acción busca hacer las cosas de forma natural y espontánea pero sin prisa. La impaciencia o la preocupación por los resultados no tienen cabida en esta disciplina.

Disfrutar del vivir

Cuando no forzamos las cosas para que ocurran comenzamos a disfrutar de la vida. Desde esta perspectiva, los eventos se van desplegando ante nuestra mirada que siempre acepta aunque no sucedan exactamente como nos gustaría. Gracias a esa posición de observadores podemos decidir la acción que menos esfuerzo requiera.

El Wu Wei nos invita a llevar una vida sencilla. Así mismo, nos ayuda a aceptar las cosas tal y como son. La aceptación activa nos conduce a senderos de vida en los que, aunque no tengamos el control de lo que nos sucede, la tranquilidad será nuestra compañera.


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La magia de una sonrisa

A fuerza de vivir a toda velocidad nos hemos acostumbrado a no prestar atención a los pequeños gestos que dan un toque mágico a la vida. Las buenas relaciones entre los seres humanos son unos de los pilares de la salud y del bienestar. Cuando regalamos una sonrisa estamos dando al otro mucho más que un gesto de cortesía.

Seriedad y madurez

Cualquier niño es capaz de reír o llorar con toda naturalidad. Sin embargo, según vamos creciendo vamos perdiendo esa espontaneidad. Parece como si ser adulto y  maduro estuviera relacionado con ser serio y aburrido. Los sueños que de niños nos hacían vivir la vida de manera mágica dejan paso al realismo de la adultez. Quizá sea por eso que la sonrisa, con el tiempo, pasa a ser algo que, de alguna manera tenemos que justificar. Probablemente, si supiéramos el valor real de una sonrisa intentaríamos sonreír más a menudo.

Sonrisa y aceptación

Cada vez que sonreímos a una persona, sin darnos cuenta, estamos lanzando un mensaje de aceptación y aprecio. Además, es casi seguro, que esa persona también nos sonreirá. De esa manera el intercambio comenzará de una manera armoniosa y su desarrollo siempre será más positivo. Por supuesto estamos hablando de sonrisas sinceras no de aquellas que surgen por compromiso. Sonreír desde el alma ilumina a quien recibe la sonrisa.

Los beneficios de la sonrisa

Ron Gutman, uno de los más conocidos expertos en sonrisas, ha estudiado las muchas ventajas que tiene el hecho de sonreir. Él y su equipo han llegado a sorprendentes conclusiones:

Unsplash/bradford zak

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  • Todos las culturas sonríen

La sonrisa es universal. En todas las culturas se sonríe para expresar satisfacción, alegría y bienestar. Gracias a ella nos podemos comunicar mejor con cualquier persona de cualquier cultura.

  • Sonreír alarga la vida y nos hace sentir mejor

Según una investigación llevada a cabo en Wayne State University, las personas que más sonríen viven más tiempo. Esto parece ser debido a que las personas risueñas, habitualmente, sienten de forma más positiva y esto las hace vivir más tiempo.

Así mismo, cuando sonreímos, aunque sea de forma forzada, nuestro organismo registra el hecho segregando sustancias que nos harán sentir mejor. Por ello, si nos sentimos mal e insistimos en sonreír durante un rato, al final nos sentiremos mejor.

  • La sonrisa es contagiosa

Cuando vemos a otra persona sonreír es muy difícil que no hagamos lo mismo. Se han hecho estudios al respecto y parece ser que cuando alguien sonríe es casi imposible mantener el ceño fruncido.

La vida se vive mejor si nos acompaña la sonrisa. No obstante, el mayor beneficio lo obtenemos cuando esta es genuina. De hecho, a todos nos resulta bastante fácil darnos cuenta de aquellos que sonríen de manera falsa o artificial.

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¿Qué te parecería decorar tu rostro cada mañana con una sonrisa al salir de casa?


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Una mente tranquila para tiempos convulsos

Todo aquello que sucede a nuestro alrededor nos afecta de alguna manera. La vida es dinámica y, en ciertos momentos, parece que todo se mueve en exceso a nuestro alrededor. Ese movimiento provoca diferentes desequilibrios en nuestro cuerpo y en nuestra psique. Además, nuestra mente, acostumbrada al juicio y a la actividad continua, nos agita aún más. La meditación, el yoga o cualquier técnica de relajación son formas de encontrar la calma que necesitamos en aquellos momentos en los que afuera todo se agita.

La loca de la casa

Todo aquello que sentimos o experimentamos tiene su origen en nuestra mente. Los sentimientos siguen a los pensamientos y la interpretación de aquello que nos sucede también proviene de esos pensamientos. El origen de todo lo que pensamos está en lo que hemos llamado «la loca de la casa», nuestra mente. Aunque la mente humana es una maravillosa herramienta para transitar por este mundo, cuando solo ella tiene el mando de nuestros pensamientos, la locura entra en nuestra vida.

Pixaba/darksouls1

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La mente lanza ideas, pensamientos y recuerdos a su antojo. Lo hace de forma repetida y machacona. Muchas veces no somos conscientes de que esto está sucediendo. Vivimos tan desconectados que no somos capaces de encontrar el origen de un malestar en algo que antes hemos pensado. Sin embargo, si fuéramos capaces de vivir de manera más lenta y consciente observaríamos que todo tuvo su origen en un simple pensamiento.

Una vida más lenta

La lentitud no está de moda. En una sociedad donde prima la productividad esta apreciada cualidad se contempla como algo no deseable. Todo ha de suceder casi de manera instantánea para que sea «rentable». Debido a esta forma de vivir, los momentos se nos escapan de las manos. Somos como pequeños títeres que corren de un lado a otro y no tienen control sobre sus vidas.

Si ralentizamos el ritmo en el que se desenvuelve nuestra vida, podemos observar que todo cobra otro sentido. La mejor manera de poder llevar esto a cabo es consiguiendo que la mente aminore su actividad frenética y nos acompañe en esta nueva manera de vivir.

Unsplash/Austin Schmid

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Hacía una vida más consciente

En los momentos de mayor convulsión es cuando más necesitamos saber vivir desde la paz y la tranquilidad. Cualquier cosa que suceda a nuestro alrededor nos afectará en menor medida si internamente estamos equilibrados. Afortunadamente, contamos con diferentes herramientas que nos ayudan a conservar el equilibrio incluso en los momentos más duros.

La meditación o relajación nos ayudan a observar la realidad desde diferente perspectiva. Una pequeña meditación al comenzar el día observando nuestros pensamientos armonizará mágicamente nuestra jornada. De la misma manera, la práctica del yoga dos o tres veces por semana nos relaja y armoniza cuerpo y mente. En la actualidad contamos con numerosas formas de estabilizar nuestra mente y, consecuentemente, nuestro cuerpo: tai chí, masaje metamórfico, reflexología, etc. Lo importante es encontrar aquella que mejor vaya con cada uno de nosotros y entender que una mente tranquila siempre es sinónimo de una vida pacífica y placentera.


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¿Es posible la felicidad sin causa?

Todo ser humano persigue la felicidad incluso sin ser consciente de ello. Cualquier acción que emprendemos siempre tiene como último fin el otorgarnos algún tipo de satisfacción. Vivimos persiguiendo esa felicidad que cuando llega no deja de ser efímera  y se nos escapan de las manos. ¿Y si te dijera que la felicidad puede ser alcanzada y mantenida de manera fácil y duradera? ¿Y si además te dijera que el encontrarla nada tuviera que ver con lo que te suceda?

La felicidad que se escapa

En nuestra cultura el futuro y la felicidad suelen ir de la mano. Ponemos nuestra esperanza en que al llegar a aquello que deseamos, que siempre ocurrirá en el futuro, nos sentiremos felices. En ese empeño nos pasamos gran parte de nuestra vida sin dar demasiado importancia a la sensación de insatisfacción que subyace bajo ese anhelo.

Normalmente, con el paso de los años comenzamos a darnos cuenta de que hay algo que se nos escapa. Además de eso, la vida suele ayudarnos a empujar este proceso de cambio y crecimiento personal, otorgándonos esas noches oscuras que tanto nos hacen avanzar. Tras esos proceso de dolor y sufrimiento solemos darnos cuenta de qué cosas importan realmente; y gracias a ellos, vamos avanzando hacía el reconocimiento de nuestro verdadero Ser.

El aquí y ahora

Tras cierto tiempo de maduración personal son muchas las personas que se dan cuenta de que su felicidad no depende de nada exterior. En muchos casos, al llegar a ese punto surge una sensación de vacío e inestabilidad totalmente normal. La llegada de algo nuevo siempre es motivo de cierto desequilibrio. En este momento vital te das cuenta de que todo aquello que antes te empujaba ahora ya no te llama la atención. Ya no necesitas consumir, competir, ni poner tus expectativas en un futuro que no conoces. Cada vez necesitas menos y eres consciente de que el hecho de añadir cosas a tu vida no te hará más feliz.

Es bajo estas circunstancias cuando podemos ver que la verdadera felicidad no tiene causa en absoluto. Cuando somos realmente felices sentimos una especie de luz que brota de nuestro interior independientemente de las circunstancias. Pero ¿cómo llegar a ese sentimiento? ¡Muy sencillo! Tan solo mantén toda tu atención en cada cosa que hagas. Sé uno con el momento presente. Acepta totalmente lo que suceda, sin juicio. Cada vez que conseguimos esto, aunque sea por cortos espacios de tiempo, abrimos paso a nuestra luz interior llenando de gozo toda nuestra realidad.

Da igual lo que suceda. Da igual lo que estemos haciendo. Da igual con quién estemos. Cualquier situación vivida desde la plena conciencia puede ser el origen de una profunda felicidad sin causa.

 


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Necesitamos silencio para estar sanos

Vivimos en un mundo de ruidos y estímulos continuos. Nos hemos acostumbrado a ello sin darnos cuenta. En las grandes ciudades la gente camina pérdida en sus pensamientos y parece no darse cuenta del desequilibrio acústico que predomina. Sin embargo, en lo más profundo de nosotros, reina el más absoluto silencio. En esa ausencia de estímulos auditivos se encuentra nuestra esencia a la que sofocamos sin darnos cuenta.

Contaminación acústica

Son muchas las personas que necesitan que haya ruido a su alrededor. Vivimos inmersos en la contaminación acústica que nos acompaña de igual manera que la contaminación atmosférica, sobre todo en las ciudades. Nos hemos habituado de tal forma que casi nadie es consciente de que eso perturba nuestro equilibrio. Una buena manera de darnos cuenta es observar el incremento de patologías derivadas del estrés en nuestra sociedad.

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Aunque parezca una exageración, el ruido puede matar. Según informó la Agencia Europea de Medio Ambiente, 10.000 personas mueren cada año por efectos derivados del ruido. Nuestro cerebro se pone en alerta al recibir incluso los ruidos más pequeños. El sistema cardiovascular y el sistema inmunológico se alteran sensiblemente ante la presencia de los mismos.

Silencio exterior

Según afirma el doctor Qing Li, algo tan sencillo como pasear por el bosque previene la enfermedad. Sus investigaciones le han llevado a afirmar que un paseo de este tipo reduce la tensión arterial, mejorando así la salud de nuestro corazón. Así mismo, los niveles de azúcar en sangre se equilibran y mejoran la memoria y la concentración.

La naturaleza y el silencio que la envuelve son una de las mejores terapias y completamente gratis. Simplemente, con estar cerca de un paisaje natural ya obtenemos sus efectos terapéuticos. Se ha comprobado que tras una intervención quirúrgica la recuperación es mucho más rápida solo con que  la habitación del paciente tenga vistas a algún paisaje natural. Solo con la mirada desde la habitación los efectos positivos son reales.

Silencio interior

Los estudios del neurocientífico Michel Le Van Quyen, le han llevado a afirmar que nuestro cerebro necesita el silencio. Ese silencio cerebral es necesario para la construcción de la persona, la memoria y la creatividad. Según explica Le Van Quyen, nuestras neuronas aprovechan los momentos de silencio para reproducirse,

Muy a menudo lo que más trabajo nos cuesta es encontrar la manera de provocar el silencio en nuestro interior. Cerrar los ojos e ir hace adentro es una práctica altamente saludable. Con este sencillo gesto nuestras ondas cerebrales se ralentizan. Esto es debido a que el parpadeo, además de para humedecer los ojos, sirve para dar descanso a nuestro cerebro. De ahí que la práctica de la meditación ya sea reconocida como altamente beneficiosa para cualquier persona.

Vivimos en una sociedad que se caracteriza por la atención dispersa. La continua información y todo tipo de distracciones e interrupciones son nuestras continuas compañeras. Todo ello agota nuestro cerebro porque provoca sobrecarga cognitiva. ¡Necesitamos hacer un hueco a pequeños espacios de silencio cada día!


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Escuchar, el mejor regalo

Nuestros días discurren cargados de diferentes y numerosos estímulos. Vivimos en un momento en el que la información es tal abundante que puede llegar a abrumarnos. Además de eso, la velocidad con la desplegamos nuestra actividad diaria, nos empuja sin piedad a desconectar de nuestro verdadero Ser. Consecuentemente, la falta de conexión con nosotros mismos evita que podamos contactar de forma sincera y atenta con los demás. Gran parte de nuestras relaciones con otras personas están basadas en dar la imagen que pensamos que mejor nos vende. Sin embargo, pocas veces nos preocupamos por saber qué necesita la otra persona. Escuchar no está de moda. Lo normal es que todos tengamos mucho que decir pero poco tiempo para escuchar...

Profesionales de la salud mental

Cuando una persona atraviesa un momento delicado o desestabilizante es normal que acuda en busca de ayuda a algún experto en el campo de las emociones. Las terapias que la mayoría de los psicoterapeutas ofrecen tienen su base en saber escuchar. La persona en cuestión tiene necesidad de verbalizar aquello que dentro le hace daño, tiene una profunda necesidad de escucha y de compresión. De esa manera, su mundo mental y emocional podrán comenzar a poner en marcha los mecanismos de curación que, de forma natural, tenemos en nuestro interior.

La Naturaleza, en su gran sabiduría, nos ha equipado con un organismo capaz de autosanarse en todos los sentidos. Ante una enfermedad física, el descanso y el ayuno serán de gran ayuda para colaborar con el proceso natural de curación del cuerpo. En el caso de enfermedades del alma, una persona que nos escuche y comprenda será el mejor apoyo.

Escuchar estando presentes

Nuestra mente se encuentra saturada de pensamientos, información, etc. Son muchas las voces internas que continuamente nos bombardean. La mayoría de las personas ni siquiera son conscientes de todo ese barullo interno. Por eso nuestra atención suele estar diseminada de manera habitual. Ante esta continua dispersión nuestra escucha no puede ser de calidad.

Pocas personas saben escuchar de verdad. Nos cuesta prestar atención sin estar pensando en lo que vamos a responder. La verdadera escucha, la que nos reconforta, es aquella que se produce sin necesidad de dar respuesta a lo escuchado. Cuando escuchamos siendo un recipiente amoroso que acoge todo lo que la otra persona necesite decir es cuando realmente servimos de ayuda.

Para poder llevar a cabo este tipo de escucha es importante que estemos acostumbrados a escucharnos a nosotros mismos. Una vida ajetreada y llena de velocidad no nos permitirá esta paz interior. Saber escuchar es poner la atención en el otro e ir más allá de lo que yo pienso acerca de lo que escucho.

Son muchas las personas que necesitan ser escuchadas. En el momento en el que nos ha tocado vivir escuchar es algo que no se hace de manera habitual. Todos queremos hablar y ser escuchados. El mejor regalo que podemos hacerle a otro ser humano es una escucha atenta y sin juicios cuando así lo necesite. Cuando una persona logra compartir lo que le aflige y no se siente juzgado, comienza a sentirse mejor de manera inmediata.

 


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¿Es lo mismo aceptación que resignación?

Dentro del ámbito del crecimiento personal es muy común utilizar la palabra aceptación. Se da por entendido que hemos de aceptar aquello que nos sucede si queremos vivir en paz. Esto es una gran verdad, sin embargo, son muchas las personas que confunden la aceptación con la resignación. ¿Qué diferencias hay entre estos dos conceptos?

Las expectativas nos entorpecen

Para comenzar, es bueno tener en cuenta que luchar contra lo que ya es nos coloca en una posición absurda, siempre. Suceda lo que suceda, si ya está sucediendo, la forma más inteligente de vivirlo es aceptándolo. Esto se hace especialmente difícil cuando las circunstancias no se adaptan a la idea que teníamos de antemano acerca de cómo aquello debería de ser. Aun así, la aceptación siempre es un bálsamo.

Nuestro modo de vida nos empuja a intentar controlar aquello que sucede. Debido a esa inclinación al control, nuestra mente formula expectativas que, a la hora de la verdad, es posible que no concuerden con la realidad. Por este motivo, una de las mejores formas de vivir es tener la menor cantidad de expectativas posibles. Para lograrlo lo más fácil es entender que tenemos menos control del que creemos en aquello que nos sucede.

¿Qué es aceptación?

Como ya hemos dicho, aceptar es decir sí a aquello que llega a nuestra vida. Esto no quiere decir que nos guste. Algo puede no gustarnos y aún así ser aceptado sin condiciones. Esta forma de recibir las experiencias nos sitúa en un lugar privilegiado respecto a la lucha contra lo que es. Desde esa aceptación todas las acciones que tomemos procederán de un lugar de calma y no resistencia. Aceptando tomaremos decisiones siempre más eficaces y, casi seguro, fruto de una mayor reflexión y comprensión.

Cuando nos enfrentamos a cualquier situación queriendo luchar contra ella es muy posible que nuestro hacer esté teñido de negatividad y no veamos las mejores soluciones. La lucha siempre altera nuestro organismo y nos aleja de nuestra verdadera esencia.

¿Qué es la resignación?

La resignación se parece mucho a la rendición ya que es una actitud más pasiva que la aceptación. La aceptación es activa porque, aunque aceptando, nos permite hacer algo al respecto. Sin embargo, cuando nos resignamos entregamos nuestro poder. Resignarse es tirar la toalla y creer que ya no hay más alternativas.

Una persona resignada es una persona a menudo triste, sin esperanza. Esta emoción pone un muro entre quien la experimenta y el fluir de su vida. Parece que al resignarnos decidimos que ya nada merece la pena. Nos privamos del poder que nos da estar vivos para actuar. En definitiva, la resignación es una emoción limitante que deja a la persona a merced de sus circunstancias.

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Aceptación y resignación se encuentran en polos opuestos. Ambas aceptan lo que está ocurriendo en un momento determinado pero la primera nos empuja y vigoriza y la segunda nos frena y debilita.


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Abraza tu miedo

El miedo es una emoción humana que tiene su porqué y su para qué. Gracias al miedo hemos logrado sobrevivir como especie. Sin embargo, en la actualidad, dentro de los círculos de crecimiento personal y espiritualidad, cualquier emoción denominada de baja vibración no se considera recomendable. ¿Hasta que punto esto es cierto?

La vida es dinámica

Con un poco de observación es fácil darse cuenta de que nada es estático y uniforme en la vida. Los días de sol alternan con los días nubosos. Las estaciones de frío y las de calor se dan paso unas a otras. En el reino animal hay momentos de cría, de hibernación, de cortejo, de anidación… Todo está bien, todo es adecuado y perfecto en el momento que sucede.

Encontramos un gran paralelismo en la vida humana. Cada día nos levantamos sintiendo de forma diferente. Tampoco las experiencias que vivimos desencadenan siempre los mismos sentimientos. Todo es dinámico. Habrá días en que veamos todo de color de rosa y también otros en los que todo parezca gris. Cualquiera de esas sensaciones son parte de la vida como seres humanos, forman parte del hecho de estar vivos.

Abraza todo aquello llegue

La lucha y la resistencia no son buenas compañeras de viaje. Cuando nos resistimos a aquello que sucede todo se torna más difícil. Aunque nuestro pequeño yo crea que tiene el control de su vida, no es verdad. La Inteligencia que nos ha creado lleva la batuta que dirige nuestra melodía de vida.

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Unsplash/Zac Durant

Afortunadamente, somos seres con libre albedrío. No obstante, no tenemos muy claro de que se trata esa libertad que tan de moda se ha puesto. Ese libre albedrío no tiene nada que ver con decidir qué es lo que quiero y lo que no. Si somos sinceros no siempre podemos elegir. No podemos saber qué es lo que nos va a pasar mañana. Las posibilidades son infinitas. Sin embargo, en nuestra mano está decidir cómo vamos a reaccionar ante aquello que nos suceda. ¡Ese es el libre albedrio! Una misma situación puede ser afrontada de muy diferentes maneras.

Di que sí al miedo

Si hay algo mas paralizante que el propio miedo es temer sentir ese miedo. Como ya hemos dicho, dentro de los diferentes círculos de espiritualidad y crecimiento personal se da mucha importancia a la frecuencia vibratoria. Son muchas las escuelas que nos enseñan lo negativo de «vibrar bajo». El miedo es una de las emociones catalogadas de baja vibración. Por este motivo, muchas personas, en momentos de verdadero miedo, ante grandes crisis, están aterrorizadas de sentir su propio miedo. Se asustan por lo que les produce miedo y también por tener miedo ya que creen que no deberían sentirlo. Eso es una sobre carga difícil de soportar.

Por este motivo es muy importante que tengamos claro que el miedo tiene su función y es necesario. Aceptarlo y sentirlo es imprescindible. Si lo hacemos de forma consciente este miedo puede ser una buena referencia, un punto de partida hacía algo nuevo. El permitirnos sentir ese miedo con tranquilidad es el primer paso para que después desaparezca. Además, nos libera de la carga adicional que supone el creer que no deberíamos de sentirlo.

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En los momentos en los que el miedo se presente, acéptalo. Otórgale el abrazo que le darías a un buen amigo. Mírale a los ojos y pregúntale que trae para ti. Después de disfrutar de su compañía será él quien decida marcharse después de dejarte su regalo. Vivamos diciendo si a la vida, nos traiga lo que nos traiga.


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Tranquilidad para tiempos de incertidumbre

Hay momentos en la historia y en la vida de toda persona en los que se pierde de vista la normalidad y la cordura. En ciertas situaciones, el dinamismo de la vida y su naturaleza cambiante nos arrebatan la tranquilidad a la que estamos acostumbrados. En todas esas situaciones de incertidumbre es necesario soltar el control y confiar. La vida se desenvuelve con misteriosa perfección aunque no sepamos verlo.

Las ilusiones del pequeño ego

Toda persona encarnada en la tierra se vale de un ego que vive la ilusión de estar al control de casi todo. Desde muy pequeños nos esforzamos por conseguir atención y amor. Estos esfuerzos nos llevan, irremediablemente, a abandonar nuestra singularidad. En la vida de todo ser humano, a partir de cierto momento, se desarrolla la personalidad que nos servirá de vehículo con el que enfrentarnos a los desafíos que se nos presenten. Esa personalidad o ego se sitúa al mando de nuestra vida desde muy temprano. En su sueño de grandeza cree que controla la mayoría de las experiencias que se presentan.

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El miedo a perder lo que no es real

Ese pequeño ego del que ya hemos hablado pasa sus días intentando, con uñas y dientes, conseguir y mantener aquello que cree que es mejor para él. Su vivir discurre en continua lucha por controlar y defender aquello que considera real y verdadero. En su delirio, imagina que ahí fuera existen oponentes, competidores y fuerzas que van en su contra. Debido a ello, su vida se convierte en un continuo esfuerzo para conservar aquello que considera sus grandes tesoros. Dentro de esas preciadas mercancías encontramos pertenencias materiales, ideologías, y todo lo que al pequeño ego le de una identidad.

La incertidumbre nos pone a  prueba

No obstante, el ego, que tanto miedo tiene, pocas veces se encuentra satisfecho. Las quejas y la sensación de insuficiencia suelen empujarle continuamente a intentar conseguir más de lo que sea. Afortunadamente, la Vida, en su infinita sabiduría, tiene a bien otorgarnos diversas «llamadas de atención» para que podamos dejar de mimar a ese ego y dirigir la mirada hacia lo que realmente importa.

Todas las situaciones que representan variaciones en nuestra manera de vivir nos sirven para reflexionar y darnos cuenta de la poca importancia que tiene nuestro ego y todo lo que le rodea. Ante momentos de grandes crisis, no nos queda más remedio que rendirnos a la pequeñez de esos personajes que pensábamos que tenían todo el control. Cualquier ocasión que nos provoque incertidumbre nos facilita la comprensión profunda de que no controlamos casi nada.

Es tiempo de conectar con nuestro interior

Ante los momentos de crisis de cualquier índole es absurdo luchar y seguir intentando tener todo controlado. Una vez que la vida nos regala situaciones de incertidumbre lo mejor que podemos hacer es aceptar aquello que sucede y reflexionar. La reflexión ha de ir hacía dentro, hacía la sabiduría innata que nos habita. En nuestro interior yace la verdad que nos habla de confianza en cada uno de los procesos de la vida. Solo allí podemos vislumbrar la adecuación de cada situación aunque no podamos entenderla.

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Vivimos momentos de agitación. La mejor manera de afrontarlos es desde la serenidad y la confianza. La Vida tiene sus razones y nada ocurre por casualidad. Todo está perfectamente orquestado y, aun en medio de grandes turbulencias, todo tiene un por qué y un para qué que siempre persigue el mayor bien.


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Jill Bolte Taylor

Jill Bolte Taylor, un viaje hacia la conciencia

Según apunta la ciencia, la conciencia podría ser un proceso biológico normal. Esta ciencia opina que la mente es una función cerebral. En ella se encuentran, además de la conciencia, la atención, la memoria, el inconsciente, etc. Aquello que realiza la mente se explica por las operaciones del cerebro. Aún así, resulta un enigma como lo hace. La doctora Jill Bolte Taylor, tras su increíble pero real experiencia, nos aporta mucha luz respecto a la relación del cerebro con la conciencia.

Una experiencia en carne propia

El motivo por el cual Jill Bolte Taylor llegó a ser una prestigiosa neuróloga en el Centro de Recursos de Tejidos Cerebrales de Harvard fue el de  profundizar e investigar acerca de la esquizofrenia que sufría su hermano. Lo que nunca pudo imaginar es que la parte más profunda de su estudio estaría protagonizada por ella misma.

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A sus 37 años, una mañana al levantarse, comenzó a sentir un fuerte dolor de cabeza. A la vez, experimentó una extraña sensación de desdoblamiento de la realidad. Poco a poco, fue perdiendo la capacidad de hablar, de reconocer los números, de andar y de mover los brazos. Afortunadamente, gracias a su conocimiento de las funciones cerebrales, pudo, rápidamente, ponerse en contacto con alguien que fuera a ayudarla. Jill Bolte Taylor sabía que lo que estaba sintiendo era una embolia cerebral.

El diagnóstico fue una hemorragia interna en el lóbulo izquierdo, perdiendo en menos de cuatro horas, la capacidad de procesar información. Aún así, según cuenta la doctora Taylor, tuvo una sensación de profunda paz interior que nunca antes había experimentado.

De vuelta a la «normalidad»

La recuperación mental y física total no se llevó a cabo hasta ocho años después del incidente. Todos sus conocimientos se habían esfumado como por arte de magia. En contra de todo pronóstico, y con mucha fuerza de voluntad, pudo recobrar todas las funciones dañadas. Esta recuperación tuvo mucho que ver con su conocimiento de la gran plasticidad de nuestro cerebro.

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Las vivencias

Jill B. Taylor explica que vivió el viaje hacia el abismo sin forma de una mente silenciosa, donde la esencia de mi ser quedó envuelta en una gran paz interior…. Mi conciencia me hizo sentir que era una con el universo”.

El hemisferio derecho del cerebro solo contempla el momento presente. No entiende de pasado y futuro. En su ahora todo está conectado y somos una sola cosa. El hemisferio izquierdo nos sitúa en el tiempo y nos define como un ego separado del resto. En su caso, al quedarse inutilizado el hemisferio «separador», la doctora Taylor accedió a una parte de la realidad que mientras el hemisferio izquierdo está al mando es muy difícil de experimentar.

Pixabay/Sciencefreak

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Tras su recuperación, trajo consigo una gran enseñanza que volcó en su libro My Stroke of Insight y también en numerosas conferencias impartidas por todo el mundo. Su mensaje habla de la necesidad de conectar con la parte derecha de nuestro cerebro para ser felices. La siguiente frase podría resumir su enseñanza: «La paz está sólo a un pensamiento de distancia, para acceder a ella solo necesitamos acallar la voz de nuestra dominante mente izquierda…»

En el siguiente vídeo puedes disfrutar de su extraordinaria vivencia.