Category Archives: Psicología

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La gratitud y su relación con la felicidad

En general, la gratitud, se asocia con la buena educación. No obstante, el hecho de estar agradecido, también nos ofrece muchos beneficios que quizá desconocemos. Algunas personas opinan que deberían ser agradecidos cuando encuentren la ansiada felicidad. Sin embargo, aquí te vamos a proponer lo contrario: cultiva el agradecimiento para ser más feliz.

La palabra gratitud tiene su origen en la palabra latina gratitûdo y su definición es la siguiente: «sentimiento que obliga a la persona a estimar el favor o beneficio que se nos hace y a corresponder a él de alguna manera.» Por lo tanto, la gratitud es un sentimiento que nos impulsa a actuar. Gracias a ella, somos capaces de reconocer las cosas buenas que nos rodean y actuar en consecuencia. Además de ser un estado emocional temporal, también podemos considerar la gratitud como un rasgo personal que equivale a sentirse satisfecho con la vida.

La gratitud como ciencia

En el campo de la psicología son muchos los trabajos que nos demuestran que, las personas que practican la gratitud. encuentran una mejora importante en su calidad de vida. Los beneficios van desde una mayor resistencia emocional hasta la mejora de la salud física.

Pixabay/alfcermed

Según el Mindfulness Awareness Research Center de UCLA (Centro Investigación de Conciencia de la Atención Integral), cuando expresamos gratitud la estructura molecular de nuestro cerebro cambia. Gracias a estos cambios nos sentimos más felices, somos menos reactivos y más pacíficos. La gratitud es la mejor manera de estimular los sentimientos de felicidad.

¿Qué es sentir agradecimiento?

Alguien podría pensar que practicar la gratitud es dar las gracias por todo, pero no es exactamente así. Los beneficios reales de esta práctica provienen de un ejercicio consciente de observación y apreciación. De hecho, no tendría por qué ser algo extraordinario sino más bien una actitud ante la vida. Quizá, muchas personas lo encuentren difícil ya que los seres humanos damos por sentadas cosas sencillas que, si las perdiéramos, serían consideradas muy valiosas.

La gratitud debería comenzar por cosas de las que disfrutamos cada día sin ser conscientes de ello como por ejemplo: vivir en un cuerpo que tiene salud, disfrutar de una mente que me permite gozar de estupendas percepciones, pasar tiempo con la gente que quiero, poder cubrir mis necesidades básicas, etc. Sin embargo, es muy habitual que solo valoremos estas cosas cuando dejamos de tenerlas…

Beneficios de la gratitud

Cultivar el agradecimiento, de manera consciente o inconsciente, siempre nos ofrece beneficios:

  • Nos sentimos más optimistas y resilientes
  • Disminuye la presión arterial
  • Mejora la función inmunológica
  • Nuestras emociones son más positivas
  • Nos relacionamos mejor con otras personas
  • Dormimos mejor
  • Desarrollamos mayor capacidad para ser compasivos y generosos

¿Cómo cultivar la gratitud?

En nuestro día a día podemos, con pequeños hábitos conscientes, acostumbrarnos a vivir agradecidos. Son muchos los especialistas en salud mental que animan a sus pacientes a llevar un diario en el que anotan aquello por lo que se sienten agradecidos cada noche. Este sencilla práctica nos conecta con la gratitud.

Otra manera de agradecer lo que vivimos es parar de vez en cuando y mirar y valorar lo que nos rodea. De la misma manera, ayudar a otros a sentirse agradecidos nos hará también conectar con esta emoción.

Unsplash/Flor Saurina

En definitiva, algo a lo que estamos tan poco habituados como agradecer cada momento, nos ayuda a traer felicidad a nuestra vida irremediablemente.


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Ayudar a otros nos ayuda a ser más felices

Los seres humanos somos buenos por naturaleza. Nuestra impresión puede ser la contraria debido al aluvión de noticias negativas con las que convivimos día a día. En los medios de comunicación habituales pocas veces se muestran actos de generosidad y apoyo entre seres humanos. Sin embargo, este tipo de gestos son más abundantes que los negativos ya que, nuestra primera respuesta ante una situación de peligro, es siempre de amor hacía el otro y altruismo. Por este motivo, ayudar a otras personas, es una fuente inigualable de satisfacción y felicidad.

En el interior de los seres humanos, ligado a nuestro instinto de supervivencia, se encuentra un instinto que nos dice que la felicidad de los demás es equivalente a la nuestra. Es por ello que, cuando ayudamos a otro, es muy posible, que recibamos más de lo que damos.

Cooperación a lo largo de la historia

Ya desde tiempos remotos la supervivencia de nuestra especie ha estado ligada a la cooperación. En el pasado. los grupos humanos eran más pequeños y la ayuda y la unión eran lo habitual. De manera natural, la gente que se agrupaba en pequeñas poblaciones y se ayudaban unos a otros. Gracias a ello, todos sabían que ante determinadas situaciones difíciles la comunidad respondería y el estrés de vivir y sufrir en soledad, tan habitual hoy en día, antaño no existía.

Unsplash/Randy Fath

En la actualidad, nuestra manera de vivir, nos empuja, cada vez más, hacía el polo opuesto. En las enormes ciudades que vivimos la separación y la individualidad aumentan a pasos agigantados. Es muy posible, que personas que vivan durante años en el mismo edificio se conozcan poco o nada. A lo largo del tiempo, esta actitud nos hace perder muchos momentos preciosos.

Siempre las mismas noticias

El camino hacía la peligrosa individualidad nos lo marcan los medios de comunicación que nos acompañan continuamente. En ellos encontramos, de manera habitual, noticias negativas que nos muestran lo peor del ser humano. Solo en muy contadas ocasiones estos medios nos ofrecerán noticias que ensalcen las mejores cualidades del ser humano, como la compasión, el amor al prójimo o la entrega. De esta mamera, tendemos a integrar en nuestra psique que el peligro, causado por otro ser humano, podría encontrarse a la vuelta de la esquina.

Focaliza tu atención

Seguro que, haciendo memoria, eres capaz de recordar lo bien que te has sentido cuando has ayudado a otra persona. Eso es debido a que, en nuestra fisiología, la empatía, el amor y el altruismo desencadenan la secreción de las hormonas ligadas a la felicidad. Sabiendo esto, si queremos sentirnos plenos y más felices, debemos dirigir nuestra atención a aquello que podemos hacer por los demás y hacerlo.

Solo con pequeños detalles de ayuda y cooperación cada día nuestro organismo comenzará a mostrarnos los beneficios de tal actitud. Si conseguimos ignorar el bombardeo de noticias negativas y nos ponemos manos a la obra para construir un mundo de ayuda mutua, estaremos comenzando la construcción de un planeta en el que la vida será mejor para todos.

No obstante, algo que debemos de tener presente, es que antes de ayudar a los demás deberemos atender nuestras propias necesidades. Cuando damos desde un lugar de carencia lo que entregamos está vacío.


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Las 5 heridas arquetípicas

El pasado ya no está. Sin embargo, en muchas ocasiones llegamos al presente con marcas que provienen del pasado. A menudo, estas huellas que marcaron nuestra infancia, están íntimamente relacionadas en el discurrir de nuestra vida adulta. Aunque no recordemos qué paso en nuestra niñez, las heridas de aquello que nos dolió nos acompañan pidiendo ser atendidas y sanadas.

Señales de alerta

De la misma manera que un accidente físico deja marcas en nuestro cuerpo, las heridas emocionales nos dejan cicatrices que podemos tomar como señales a observar que nos impiden una vida plena. Son muchas las personas que sufren ansiedad, trastornos de sueño o pensamientos obsesivos que muchas veces tienen su origen en la infancia. Estas manifestaciones de desequilibrio psíquico les impiden afrontar su día a día con la naturalidad que necesitarían.

En general, muchas de estas memorias son bloqueadas por la psique en un intento de hacer más manejable la realidad. Sin embargo, por mucho que se sofoquen, estas emociones influyen en nuestra vida a nivel inconsciente. De manera general. todos compartimos cinco heridas arquetípicas asociadas a experiencias dolorosas de nuestra infancia. Cualquiera de ellas dejarán su impronta en nuestra personalidad.

1. Abandono

Aquellas personas que se sintieron abandonadas en la infancia suelen tener problemas para manejar la soledad. Sus relaciones con otras personas están teñidas de inseguridad y recelo. Si el miedo es muy grande son capaces de abandonar primero con tal de no sufrir de nuevo.

2. Rechazo

El miedo al rechazo es una herida muy profunda. Esto es debido a que conlleva el rechazo a lo que interiormente somos. A partir de esta herida los niños crecen necesitando altas dosis de reconocimiento externo para intentar paliar el dolor que les produce sentir que no son dignos de ser amados por lo que son.

3. Humillación

La humillación tiene su origen en las críticas y la desaprobación hacía el niño. En general, las personas que padecen esta herida desarrollan una personalidad dependiente con necesidad de sentirse válidos y útiles. A menudo, estas personas llegan a olvidarse de sus propias necesidades.

4. Traición o miedo a confiar en el otro

Esta emoción surge en los niños que se han podido sentir traicionados por uno de sus padres. De manera general, podemos observar que este tipo de herida da origen a personas excesivamente controladoras que necesitan tenerlo todo bajo control.

5. Injusticia

El origen de está herida suele estar en progenitores que practican una educación muy autoritaria y tienden a ser rígidos y poco cálidos. Las consecuencias de sufrir esta herida suele ser que las personas se defienden mostrando también rigidez, tendencia al perfeccionismo exagerado e incapacidad para tomar decisiones de manera asertiva y segura.

Cualquier de estas cinco heridas arquetípicas pueden ser sanadas a través de diferentes herramientas. Las constelaciones familiares, por ejemplo, trabajan a diferentes niveles ayudando a la sanación de todos los miembros de la familia implicados.


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Las quejas nos impiden ser felices

La ansiada felicidad es una meta que todo ser humano aspira alcanzar. En cualquier cultura o tradición las personas buscan ser felices. Para alcanzar dicha meta no siempre es necesario que ocurra algo en el exterior. Ser felices depende, sobre todo, de pequeños gestos del día a día y de nuestra intención inquebrantable de serlo. Uno de esos hábitos diarios a evitar, si queremos ser felices, son las quejas. Cuando nos quejamos alejamos de nuestro horizonte muchos motivos para la felicidad. De hecho, las quejas nos obligan a observar la realidad de una manera pesimista haciendo que aquello de lo que nos quejamos se magnifique.

Vivir no es fácil ¿o sí?

Desde niños recibimos la creencia de que vivir no es fácil. Hemos de reconocer que, en ocasiones, las cosas se ponen «difíciles» y quejarse es muy humano. Sin embargo, la queja constante, convierte la vida en algo que no aceptamos y que se nos hace cuesta arriba. Una cosa es reconocer la dificultad de una situación en concreto y otra expresar una queja a cada paso que damos. Al final, la interpretación que damos a lo que sucede solo depende de nosotros. Además, si algo ya ha sucedido es absurdo no aceptarlo porque no va a dejar de existir. Abrazar lo que nos sucede es la mejor manera de dar un paso hacía la felicidad.

Autobservación

Si quieres dar un giro a tu vida y convertirte en una persona más feliz, lo primero que debes de hacer es autoobservarte. Quizá, de manera automática, las quejas se hayan convertido en tu respuesta a la mayoría de las situaciones. De esta manera, tu posición ante la vida es la de alguien que condiciona su felicidad a las circunstancias externas. La vida se convierte entonces en un intento de controlar que todo suceda como yo quiero. Si no es así, me quejo… Con esta actitud se sufre en buena medida y olvidamos la magia que la vida nos ofrece gracias a las sorpresas.

La decisión de ser feliz

El primer paso hacía una vida feliz es decidir que quieres serlo. Si abandonamos las quejas y decidimos poner atención en aquello que nos hace afortunados, la vida cambia. Cada día convivimos con infinitas razones para ser felices que pasamos por alto. Todas esas cosas son tan sencillas como importantes. Por ese motivo, cuando elegimos poner atención a aquello que sí nos gusta y desviar la atención de lo que no nos gusta, somos más felices. Además, es muy posible, que con el tiempo, podamos comprobar que aquello de lo que nos hubiéramos quejado es lo mejor que podría habernos ocurrido.

Si conseguimos vivir una vida más pausada y ponemos más atención a cada instante que vivimos podremos observar las maravillas que nos rodean. La queja está basada en los automatismos que desarrollamos al vivir a toda velocidad y que opacan la verdadera dicha. ¡Comienza a vivir una vida más consciente!


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Los nuevos niños ¿Son especiales?

Dentro del mundo de la espiritualidad, hace muchos años, se viene hablando de las características de la nueva «oleada» de niños que nacen en nuestro planeta. Según diferentes teorías, estos niños son «especiales» y, muy probablemente, tienen una vibración más alta… Debido a ello, a estos niños les resulta más difícil aceptar las normas impuestas por nuestra manera de educarles. Pero…¿realmente los nuevos niños son niños diferentes? Vamos a hablar de ello en este artículo

Nacemos vírgenes

Cualquier alma que encarna en la Tierra aterriza como una página en blanco. Es muy posible que, en el reverso de dicha página, se encuentren ciertas memorias de otras vidas. No obstante, en la realidad recién estrenada empezamos desde cero.

Unsplash/Kiana Bosman

Por todo ello podemos decir que, de origen, todos llegamos con un aroma que recuerda a la Fuente a aquellos que nos reciben. De alguna manera podríamos decir que vibramos muy alto cuando empezamos nuestra andadura por la materia. Después, con el paso del tiempo, nuestro entorno se irá encargando de condicionar nuestra frescura con creencias y mandatos que nada tienen que ver con quién realmente Somos.

Una educación más libre

Los que se han venido a llamar niños índigo, niños cristal o niños arco iris, comparten ciertas características. En general son niños más libres, más espontáneos y con mayor claridad de su verdadera naturaleza. Normalmente, son más difíciles de educar según los patrones establecidos. Es por este motivo que, para el sistema educativo, son más problemáticos.

En el pasado, los niños eran educados de manera más rígida. Probablemente, la mayor permisividad de los padres más modernos influye en como se desarrollan los niños en la actualidad. Si, como ya hemos dicho, todos nacemos sintiendo el valor real que tenemos, no tendríamos porque perder ese sentimiento si no fuera porque nos obligan. Es por eso que, quizá, los niños criados de manera más libre conserven el recuerdo su verdadera valía.

Pixabay/sasint

Todos somos diferentes

Cada ser humano es diferente. Afortunadamente, en la creación existe una maravillosa variedad en todo ser vivo. Por este motivo, la agrupación de personas por sus características, suele conllevar ciertos problemas. Si hablamos de que los nuevos niños son tan diferentes y elevados ¿se quedan lo demás por debajo?

Todos los niños que nacen son maravillosos. Sus características físicas, mentales o emocionales no pueden situarlos por encima o por debajo de los demás. No existe tal concepto de arriba o abajo. Aquí estamos todos en el mismo nivel. De otra manera no podríamos apoyarnos de manera sincera. Por todo ello, es muy importante que dejemos las etiquetas a un lado y permitamos que nuestros hijos sean libres de manifestar su singularidad, sin la necesidad de que eso les lleve a entrar dentro de una categoría humana inventada.

Pixabay/trilemedia

Los nuevos niños son seres divinos viviendo una experiencia en la Tierra, de la misma manera que lo han sido todos los niños de la historia.


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¿Existen los vampiros energéticos?

Dentro de las relaciones personales sabemos que hay personas con las que sentimos más afinidad que con otras. Además de eso, la compañía de ciertas personas nos revitaliza mientras que con otras sentimos todo lo contrario. La relación con estas últimas nos puede hacer sentir que, cuando se marchan, nos han robado parte de nuestra vitalidad. ¿Se podría definir a estas personas como vampiros energéticos? Vamos a hablar de ello en este artículo.

Generadores de malestar

Se denominan vampiros energéticos o emocionales a aquellas personas que parece que nos desgastan. Estos individuos tienen la habilidad inconsciente de crear un halo de negatividad allá donde se encuentran. De la misma manera, suelen sustraer la energía positiva de las personas que les rodean.

Pixabay/xusenru

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Los vampiros emocionales son generadores de fatiga emocional y altas dosis de estrés. Con gran facilidad enturbian el ambiente con su presencia contagiando, habitualmente, de su negatividad a aquellos con los que se relacionan. En general, se trata de personas que se quejan sin buscar soluciones y son dadas a criticar a los demás.

¿Cómo identificar a un vampiro energético?

Todos pasamos por momentos negativos en la vida en los que necesitamos el apoyo de los demás. Como seres sociales que somos es importante que sintamos compasión hacía el sufrimiento ajeno y ofrezcamos nuestra ayuda. Sin embargo, hay personas que casi siempre tienen un comportamiento de este estilo y es importante saber identificarlas.

Los vampiros energéticos suelen tener una o varias de las siguientes características:

  • Suelen ser personas que tienen muy poca empatía
  • Habitualmente, ven todo de manera pesimista y negativa
  • Las críticas, hacía ti o hacía los demás, son su tema preferido. Tras esa personalidad criticona hay un fuerte deseo de ser mejor que nadie
  • Sus temas preferidos son las catástrofes o posibles peligros

Unsplash/Icons8 Team

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  • Tienen una personalidad muy victimista y siempre hay queja en su discurso
  • Su sentido del humor es excesivamente sarcástico
  • Reaccionan de manera violenta con facilidad
  • Demandan atención y cuidados haciéndose pasar por una persona necesitada. Estas características, menos agresivas y dramáticas que las anteriores, también roban la energía de otras personas por su alta demanda de atención.

Nuestra conexión interior

Una persona conectada con su Ser interior es difícil que se deje vampirizar emocional o energéticamente. Por ello es muy importante cultivar una atención plena hacía lo que nos sucede íntimamente.

Deberíamos de tener en cuenta que los vampiros emocionales no suelen ser conscientes de su conducta. Saber esto nos tiene que llevar a la compasión ya que, a menudo, su comportamiento tiene su origen en traumas muy antiguos. No obstante, nadie debería de permitir que otra persona le manipule o le robe la energía.

Pixabay/xxolaxx

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Una vez que identificamos a una persona que se comporta de esa manera está en nuestra mano tomar las medidas oportunas. En ocasiones con una charla podría ser suficiente para reconducir su comportamiento. En otros casos, quizá la mejor solución sea alejarnos y poner distancia.


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¿Aceptas tu sombra?

Los seres humanos somos luz y somos sombra. Ambas polaridades conviven en nosotros y nos conforman creando un Ser perfecto. Sin embargo, la mayoría de las personas se empeñan en sofocar la parte no tan luminosa, llegando incluso a creer que, a base de negarla, deja de existir. Curiosamente, aquellos que se empeñan en negar su sombra, son aquellos que mas la ven reflejada en el exterior.

Nuestro cuarto oscuro

El concepto de sombra, acuñado por Carl Gustav Jung, es cada día más popular. La sombra se refiere a una parte nuestra «más oscura» y escondida que intentamos negar. Allí se encuentran todas aquellas pulsiones, deseos, sueños o instintos que nuestra cultura y creencias reprimen.

Pixabay/Pexels

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Nuestra sombra también está conformada por todas las frustraciones y resentimientos que no queremos mirar. Por este motivo, pasamos nuestra vida intentando no mirar ese terrible «cuarto oscuro» y excluyendo dichas emociones de la imagen que tenemos de nosotros mismos.

El motivo por el cual ocultamos nuestra sombra es porque rechazamos el personaje en el que nos convierten. Tenemos un ideal de lo que deberíamos ser que podría verse perjudicado si abriéramos esa puerta. Por ello, vivimos intentando mostrar solamente aquello que creemos que es más luminoso. Sin embargo, en nuestro interior, conviven todo tipo de personajes que interactúan entre ellos, con o sin nuestros consentimiento.

El reflejo exterior

Quizá la tarea más difícil que una persona tiene por delante en su vida es la de poder reconocer su sombra. Un ser humano capaz de ver su parte oscura tiene muchas posibilidades de llevar una vida más consciente y pacífica. No obstante, esto no es tarea fácil porque, como ya hemos dicho, siempre intentamos sofocar toda esa oscuridad.

Pixabay/kloxklox_com

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Afortunadamente, en la creación todo tiene un punto de unión. Nada existe separado del resto. Por este motivo, cualquier cosa que queramos ocultar, la vida nos la mostrará en el exterior para ayudarnos a hacerla consciente. Todo aquello que nos enfurece y nos molesta de los demás es, sin duda, parte de nuestra sombra. Por este motivo, cuando alguien muestra un comportamiento que no nos gusta, sería muy buena idea, observarlo y ver qué tiene que ver con nosotros, aunque duela.

Iluminar la sombra

Como hemos dicho, nuestra sombra se reflejará en el exterior hasta que seamos capaces de reconocerla. Simplemente, con el reconocimiento, basta para que este lado oscuro se ilumine. Al poner esta parte nuestra al descubierto, la luz de nuestra consciencia conseguirá, mágicamente, hacer que poco a poco desaparezca. Como todo lo importante en la vida, es sencillo.

Observar y abrazar nuestra nuestra parte oscura es la mejor manera de crecer a nivel personal. Una vez en ese camino nuestra vida se va tornando cada vez más fácil y compasiva. Poder ver en los otros partes nuestras, y viceversa, fomenta la unión y la compresión entre las personas.


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Superar el miedo a través de la meditación

El ser humano ha convivido con el miedo a lo largo de toda la historia. Es casi imposible encontrar alguna persona que nunca haya experimentado esta emoción. En general, el miedo, no suele ser un compañero de viaje demasiado apreciado. Sin embargo, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de abrazar ese miedo y de superarlo de diferentes maneras, una de ellas es la meditación.

Saber qué estoy sintiendo

En nuestra cultura no estamos acostumbrados a prestar atención a lo que ocurre en nuestro interior. Vivimos mirando hacía el exterior y siempre tenemos prisa. Esta forma de vida está íntimamente relacionada con la desconexión de aquello que sentimos. Son pocas las ocasiones en las que nos paramos a sentir y a darle nombre a eso que estamos sintiendo.

Cada persona y, en cada situación, el miedo puede sentirse de forma diferente. En los casos más extremos se hace muy evidente ya que puede llegar a ser paralizante. Sin embargo, en otros momentos, se puede manifestar de forma vaga e imprecisa. El nudo en el estómago o el sueño irregular son dos de las manifestaciones de miedo más comunes. Por eso, es imprescindible que seamos capaces de identificar qué sentimos y dónde se localiza la sensación.

Observar los pensamientos

Nuestros pensamientos viajan a su antojo por nuestra mente. No tenemos ningún control sobre lo que pensamos y, en muchas ocasiones, repetimos pensamientos. Ese «run-run» en nuestra cabeza es capaz de hacernos sentir miedo por cosas que, probablemente, nunca llegarán a suceder. Sin embargo, al no darnos cuenta de que eso sucede, le damos credibilidad y nos sumimos en emociones de miedo.

A través de la meditación es posible observar esos pensamientos. Al observarlos, podemos darnos cuenta de que están ahí y también examinarlos para ver qué hay de verdad en ellos. Solo esta postura ya nos distancia de nuestros pensamientos y nos ofrece diferente perspectiva.

Ríndete al miedo

Cuando entramos en meditación y tomamos la posición del observador, solo con esto, ya notamos cierto alivio interior. Después, necesitamos aceptar y dejar ir aquello surja, sin juicio. Es muy habitual que la mente se empeñe en juzgar los pensamientos y sentimientos pero no deberíamos dejarla. La observación sin juicio es la mejor de las terapias.

Una vez que conseguimos observar aquello que aparece en la mente, sin más, el siguiente paso es aceptarlo. La aceptación sin condiciones nos llevará a la rendición. Rendirse al miedo es permitir que exista otorgándole un lugar en tu vida pero sin dejar que te controle.

Sentir miedo, o cualquier otra emoción, es humano y normal. Lo verdaderamente importante es saber lo que estamos sintiendo y no juzgarlo. 


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Cantar y bailar, dos actividades que nos conectan con el alma

Cada día desplegamos muchas y diferentes actividades. Dependiendo de aquello que hacemos en cada momento vamos creando nuestra realidad y nuestros sentimientos. En un mundo caracterizado por las obligaciones queda poco tiempo para el esparcimiento. Sin embargo, dentro de la vorágine de los quehaceres diarios podemos hacer huecos a aquellas cosas que nos ayudan a relajarnos y a disfrutar de la vida. Cantar y bailar son cosas sencillas de llevar a cabo que nos hacen subir de vibración en muy poco tiempo.

Adiós al ridículo

Desde que somos niños, recibimos creencias de los adultos, que conforman nuestra personalidad y nuestra manera de ver el mundo. Una de esas creencias es que si no hacemos algo «muy bien» es mejor que no lo hagamos. Por supuesto, vivir con esta opinión prestada nos hará emprender poco o nada…

Pixabay/qgadrian

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Si olvidamos lo que significa cantar o bailar bien y entendemos que dichas actividades son, simplemente, una forma de darnos placer, quizá podamos practicarlas sin ir más allá que el mero gozo de hacerlo. Probablemente, muchas personas nunca se hayan planteado que el hecho de cantar o bailar un rato cada día puede mejorar su salud mental y física. Lo contrario, también es cierto. Una vida vivida sin alegría casi siempre nos lleva a carecer de bienestar.

Calidad de vida

¿Te has parado a pensar alguna vez qué es para ti tener calidad de vida? La sociedad en la que vivimos nos hace creer que obtenemos esa calidad si tenemos mucho de todo. Además, para poder alcanzar todo eso, debemos pasar muchas horas de cada día trabajando para poderlas pagar. Pero… ¿realmente es eso lo que nuestra alma anhela?

¿Has observado alguna vez la alegría de vivir que despliegan los animales que viven libres en la naturaleza? ¡¡Eso si que es calidad de vida!! Por ejemplo, los pájaros: comienzan el día cantando como signo del gozo que sienten al ver los primeros rayos de luz; y después, organizan su jornada entre pequeños espacios de búsqueda de alimento y diferentes momentos de danza, juego y canto; cuando el día se acaba vuelven a cantar con todas sus fuerzas hasta que se agota la última gota de luz… ¡Eso es vivir! ¿Por qué no aprender de estas libres criaturas entonces y llevar el baile y el canto a nuestras vidas, aunque solo sea a ratitos?

Beneficios de cantar y bailar

Aunque a los pájaros no hace falta decirles los beneficios de la vida que llevan, a los humanos si. Desde que nacemos ya tenemos una tendencia natural favorable hacía la música. Dicha tendencia la ha estudiado en profundidad el psicólogo húngaro István Winkler: «todos nacemos con sentido del ritmo». Esto nos lleva a entender que nuestro cuerpo necesita moverse al ritmo de la música. En todas las culturas cantar y bailar son actividades que unen y alegran a las personas. Por todo ello, cuando cantamos o bailamos, nuestro cuerpo obtiene los siguientes beneficios:

  • Mejora el estado de ánimo, de la misma manera que cualquier ejercicio físico
  • Nos ayuda a liberarnos de las emociones negativas
  • Disminuye los niveles de cortisol en sangre
  • Fomenta la atención y la memoria
  • Nos empuja a mejorar la creatividad y la espontaneidad

Unsplash/Drew Colins

Unsplash/Drew Colins

Cosas tan sencillas como cantar o bailar pueden ayudarnos a mirar la vida desde otro punto de vista y a mejorar nuestra salud y la de las personas que nos rodean.


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¿Existen las almas gemelas?

A lo largo de la historia de la literatura el tema de las almas gemelas ha sido la inspiración de muchos autores. Además, son muchas las personas que sostienen la creencia de que todos estamos destinados a encontrar a una persona que nos complemente. En este artículo vamos a ver qué hay de cierto en todo ello.

Nacimos seres completos

En numerosas leyendas se habla de las dos mitades del alma que se buscan a través del tiempo para unirse. Según cuentan esos mitos, dichas almas encarnan en el plano físico en el mismo momento y son atraídas una hacía a la otra como imanes. El final de tales «almas incompletas» sería la unión por toda la eternidad.

Probablemente, estas leyendas dieron origen a la creencia en la media naranja. Debido a ello muchas personas se sienten incompletas. Esta creencia deja de tener sentido si nos damos cuenta de que cada ser humano que llega a este maravilloso planeta nace completo y perfecto para aquello que ha venido a hacer.

Otra cosa distinta es el hecho de que, a lo largo de nuestra vida, encontramos a personas que nos ayudan a sumar consciencia y con las que disfrutamos en el encuentro. Esto podría ser debido a que el nivel vibratorio en un determinado momento puede ser el mismo entre diferentes personas y esto las hace sentirse atraídas la una por la otra.

Las muchas almas gemelas

Según diferentes fuentes científicas y espirituales sabemos que todo es vibración. Cada vibración es diferente y va cambiando a lo largo del tiempo. Aun así, ciertas almas tienen vibraciones afines. A esta similitud de vibración se le podía denominar almas gemelas. Por supuesto, pueden ser muchas las personas con las que tengamos esta semejanza en la vibración. Resulta difícil pensar que El Espíritu tendiera a limitar esta afinidad únicamente a dos almas. Esto no quiere decir que, de entre esas almas afines, solo de una te puedas enamorar… Desde luego una unión de esas características sería, con mucha seguridad, muy enriquecedora.

Además de esto, a lo largo de nuestra vida nuestra energía vibratoria cambia. Por este motivo, es posible que con algunas personas vibremos en sintonía durante un tiempo pero luego, esa afinidad desaparezca, para quizá volver a aparecer después Las personas con afinidad vibratoria aparecen y desaparecen en nuestra realidad continuamente.

La realidad es que, lo más importante, es que seamos capaces de reconocer cuándo aparece una de esas almas afines para disfrutar de ese maravilloso encuentro. Si aminoramos el ritmo de vida y ponemos más atención a cada momento, esto será más fácil. Y, ante todo, debemos entender que somos seres completos.