Ayudar a otros nos ayuda a ser más felices

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Ayudar a otros nos ayuda a ser más felices

Los seres humanos somos buenos por naturaleza. Nuestra impresión puede ser la contraria debido al aluvión de noticias negativas con las que convivimos día a día. En los medios de comunicación habituales pocas veces se muestran actos de generosidad y apoyo entre seres humanos. Sin embargo, este tipo de gestos son más abundantes que los negativos ya que, nuestra primera respuesta ante una situación de peligro, es siempre de amor hacía el otro y altruismo. Por este motivo, ayudar a otras personas, es una fuente inigualable de satisfacción y felicidad.

En el interior de los seres humanos, ligado a nuestro instinto de supervivencia, se encuentra un instinto que nos dice que la felicidad de los demás es equivalente a la nuestra. Es por ello que, cuando ayudamos a otro, es muy posible, que recibamos más de lo que damos.

Cooperación a lo largo de la historia

Ya desde tiempos remotos la supervivencia de nuestra especie ha estado ligada a la cooperación. En el pasado. los grupos humanos eran más pequeños y la ayuda y la unión eran lo habitual. De manera natural, la gente que se agrupaba en pequeñas poblaciones y se ayudaban unos a otros. Gracias a ello, todos sabían que ante determinadas situaciones difíciles la comunidad respondería y el estrés de vivir y sufrir en soledad, tan habitual hoy en día, antaño no existía.

Unsplash/Randy Fath

En la actualidad, nuestra manera de vivir, nos empuja, cada vez más, hacía el polo opuesto. En las enormes ciudades que vivimos la separación y la individualidad aumentan a pasos agigantados. Es muy posible, que personas que vivan durante años en el mismo edificio se conozcan poco o nada. A lo largo del tiempo, esta actitud nos hace perder muchos momentos preciosos.

Siempre las mismas noticias

El camino hacía la peligrosa individualidad nos lo marcan los medios de comunicación que nos acompañan continuamente. En ellos encontramos, de manera habitual, noticias negativas que nos muestran lo peor del ser humano. Solo en muy contadas ocasiones estos medios nos ofrecerán noticias que ensalcen las mejores cualidades del ser humano, como la compasión, el amor al prójimo o la entrega. De esta mamera, tendemos a integrar en nuestra psique que el peligro, causado por otro ser humano, podría encontrarse a la vuelta de la esquina.

Focaliza tu atención

Seguro que, haciendo memoria, eres capaz de recordar lo bien que te has sentido cuando has ayudado a otra persona. Eso es debido a que, en nuestra fisiología, la empatía, el amor y el altruismo desencadenan la secreción de las hormonas ligadas a la felicidad. Sabiendo esto, si queremos sentirnos plenos y más felices, debemos dirigir nuestra atención a aquello que podemos hacer por los demás y hacerlo.

Solo con pequeños detalles de ayuda y cooperación cada día nuestro organismo comenzará a mostrarnos los beneficios de tal actitud. Si conseguimos ignorar el bombardeo de noticias negativas y nos ponemos manos a la obra para construir un mundo de ayuda mutua, estaremos comenzando la construcción de un planeta en el que la vida será mejor para todos.

No obstante, algo que debemos de tener presente, es que antes de ayudar a los demás deberemos atender nuestras propias necesidades. Cuando damos desde un lugar de carencia lo que entregamos está vacío.


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Eben Alexander y su experiencia más allá de esta vida

Ya hemos hablado en entradas anteriores de personas que han experimentado experiencias cercanas a la muerte o ECM. Este tipo de acontecimientos son cada vez más frecuentes en todo el mundo. Uno de los más populares es el del neurócirujano Eben Alexander. Su caso ha causado mucha expectación, tanto por su formación científica, como por su falta de información de las ECM antes de su experiencia.

Una mente científica

Eben Alexander es un prestigioso neurocirujano y profesor de la Escuela Médica de Harvard en Boston (Estados Unidos). Su formación científica y educación le hacían rechazar la posibilidad de que las personas experimentaran ECM. Su conocimiento del cerebro humano le hacía comprender qué ocurre exactamente en la computadora central humana antes de morir. Antes de su experiencia cercana a la muerte no daba credibilidad a los viajes fuera del cuerpo relatados por sus pacientes.

Doctor Ebeb Alexander

Doctor Ebeb Alexander

A sus 54 años, un día se despertó con un fuerte dolor de cabeza. Solo bastaron unas horas para que toda su corteza cerebral se apagará. Esta parte del cerebro es la que controla las emociones y pensamientos haciéndonos humanos. Sus propios compañeros en el hospital que trabajaba diagnosticaron una meningitis bacteriana poco habitual y, sobre todo, en adultos. Su estado fue empeorando muy rápidamente hasta llegar a un coma profundo perdiendo por completo todas sus funciones cerebrales superiores. Lo que sucedió durante este estado fue tan sorprendente como mágico.

La historia más allá de la vida

El testimonio de Eben Alexander ha llegado a ser tan conocido que fue portada en la revista Newsweek. Según afirma Alexander, cuando entró en coma debido a su meningitis, comenzó un viaje a un lugar maravilloso. Parece ser que sintió que visitaba un espacio inmensamente superior. Lo describió alto como las nubes. Le resultaba muy difícil encontrar palabras para especificar el tipo de criaturas que allí encontró. En su alucinante viaje también encontró sonidos inexplicables. El los define como cantos gloriosos, casi palpables, como la lluvia que podemos sentir en la piel.

Por supuesto, aquellos seres le transmitieron mensajes que pudo recordar después. La presencia de una mujer, que le acompañó en todo momento, fue una de los detalles que más le marcó. La mayor parte de la información que recibió se podría resumir en mensajes de amor y esperanza: «Sois amados y queridos y apreciados» “No hay nada que temer” y “Es imposible hacer nada mal». Al salir del coma, poco a poco, fue recordando maravillado su experiencia.

Según Raymond Moody -experto en este tipo de experiencias- las circunstancias de la enfermedad del doctor Alexander y la impecabilidad de sus credenciales hacen que su descripción de lo que vivió sea algo más que «terrenal».

La prueba del cielo

Una vez que toda la experiencia fue asumida y aposentada, Eben Alexander la volcó en su primer libro «La prueba del cielo». En esta fabulosa obra podemos encontrar todos los detalles de su fantástico viaje. Su testimonio es un canto a la esperanza y a la transcendencia. El mismo Alexander reconoce que solo cuatro años antes un relato como el suyo le hubiera puesto en guardia. Ahora, sin embargo, según sus propias palabras: «Otra dimensión existe; a mi me enseñó que somos mucho más que nuestros cuerpos y nuestros cerebros y que la muerte no es el fin, sino otro capitulo en un viaje increíblemente positivo».