Los ácidos grasos Omega-3

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Los ácidos grasos Omega-3

La salud y el bienestar siempre están relacionados con una buena dieta, entre otras cosas. Afortunadamente, vivimos en un momento en el que tenemos muchas opciones a nuestro alcance. En nuestra mano está hacer las elecciones correctas. Los ácidos grasos Omega-3 son un elemento esencial que deberían estar presentes en nuestra dieta. Aquí te vamos a contar qué son y en qué alimentos los podemos encontrar.

Omega-3 y Omega-6

Los ácidos grasos Omega-3 no son estrictamente ácidos grasos esenciales, sin embargo son fundamentales para una buena salud. Nuestro cuerpo los fábrica aunque de manera bastante limitada y, únicamente, a través de la conversión de los ácidos grasos esenciales linolénico y linoleico que tomamos de la dieta.

Unsplash/Larisa Birta

Los ácidos grasos Omega 3 y 6 son ácidos grasos poliinsaturados de cadenas de 18 o 20 átomos de carbono. Aunque son difíciles de sintetizar, su importancia está relacionada con que forman parte de las membranas celulares dándoles elasticidad y flexibilidad evitando su envejecimiento. Trabajan también como transmisores de información a la célula y al tejido del que forman parte decidiendo cómo deben de ser las respuestas autoinmunes.

Dado que cada uno tiene su función determinada es necesario que exista una correcta correlación entre Omega-3 y Omega-6. Sin embargo, en la mayoría de las dietas occidentales se incluye más Omega-6 que Omega-3.

Beneficios del Omega-3

Cómo ya hemos dicho, nuestro cuerpo necesita Omega-3 y, en la dieta habitual, no lo tenemos demasiado en cuenta. Estos ácidos grasos están muy relacionados con la buena salud del aparato circulatorio y nuestro corazón. Tomar al menos dos raciones de pescado rico en Omega-3 a la semana nos ayudará a:

  • Reducir en cierta medida la presión arterial
  • Disminuir la cantidad de triglicéridos
  • Bajar el exceso de coagulación de la sangre
  • Aminorar el riesgo de sufrir derrames cerebrales e insuficiencia cardíaca
  • Estabilizar los latidos irregulares del corazón
Pixabay/ValeriaLu

Alimentos ricos en Omega-3

Algunos tipos de marisco contienen pequeñas cantidades de Omega-3. No obstante, los alimentos más ricos en este ácido graso son los pescados azules. Sería recomendable consumir a menudo caballa, sardinas, salmón salvaje, arenques, truchas, bacalao y, en menor medida, atún. Lo ideal es tomar pescados pequeños que tienen menos contaminación de metales pesados. Por lo tanto deberíamos evitar el tiburón, pez espada o caballa gigante.

Para aquellas personas que no quieran o no puedan tomar pescado, dentro del reino vegetal encontramos buena cantidad de Omega-3 en el aceite y semillas de linaza, las nueces, la chía y el aceite de canola.

Pixabay/DanaTentis

Con una dieta variada y lo más natural posible es muy fácil ingerir la cantidad de nutrientes necesarios para una buena salud. Únicamente en ciertos casos específicos el especialista podrá considerar necesario la suplementación con ácidos Omega-3.


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¿A qué llamamos coherencia cardíaca?

Cada vez que nuestro corazón late se generan ondas electromagnéticas. Cuando estas ondas siguen un patrón repetitivo y ordenado podemos decir que nuestro corazón está en coherencia. Este estado de coherencia es transmitido al cerebro también. Según los últimos estudios la coherencia cardíaca es sinónimo de salud. Si quieres saber como conseguir este estado sigue leyendo este artículo.

No tenemos un único cerebro

Hasta hace muy poco se creía que únicamente teníamos un cerebro. Sin embargo, actualmente, se sabe que tanto el intestino como el corazón cuentan con circuitos formados por decenas de miles de neuronas. Estos circuitos se comportan como si fueran pequeños cerebros dentro de nuestro cuerpo, siendo capaces de tener sus propias percepciones y modular sus respuestas dependiendo de esas percepciones. Podríamos decir que, de alguna forma, el corazón tiene sus propios recuerdos.

Fuente: Unsplash/Darius Basar

Fuente: Unsplash/Darius Basar

Nuestro corazón, además de contar con sus sistema de neuronas propio, también segrega y libera algunas hormonas. Entre otras, encontramos la adrenalina que es segregada cuando es necesario rendir al máximo, o la oxitocina, también llamada la hormona del amor.

Emociones y coherencia cardíaca

Cómo ya hemos comentado, el corazón tiene su propio circuito neuronal. Según sean nuestras emociones el corazón enviará diferentes señales al cerebro. Las emociones positivas nos proporcionan armonía tanto en el sistema nervioso como en el latido cardíaco. Además de esto, originan una sincronicidad en el funcionamiento de los distintos sistemas del organismo que nos llevarán a una coherencia cardíaca. Sin embargo, las emociones negativas. provocan alteraciones en el ritmo del corazón y también en el sistema nervioso. El estrés, el enfado o la ira, darán forma a lo que se conoce como caos cardíaco.

Todo este conocimiento nos ayuda a entender mejor nuestro cuerpo. Así mismo, llegamos a la conclusión de que un corazón que late de forma armónica envía señales de calma al cerebro y al sistema nervioso, dando lugar a una sensación de bienestar.

Fuente: Unsplash/Simon Migaj

Fuente: Unsplash/Simon Migaj

 ¿Qué nos ayuda a favorecer la coherencia cardíaca?

El hecho de conseguir una buena coherencia cardíaca nos aporta muchos beneficios. Además de encontrarnos mejor físicamente, nuestro cerebro estará más despierto y será más eficiente.  Vamos a ver de qué forma podemos conseguirlo:

  • Una mirada hacía el interior. La mayoría de las personas ponen toda su atención en el exterior. Sin embargo, dirigir nuestra atención hacía lo que pasa en nuestro interior es tan necesario como estar pendientes de lo que sucede afuera. Cualquier de las muchas técnicas de relajación o meditación son una buena herramienta.
  • Ejercicio físico. Cualquier ejercicio que favorezca una correcta conexión entre la mente y el cuerpo, favorecerá la coherencia cardíaca. El yoga, el tai-chi, o un paseo poniendo atención en la respiración serán muy beneficiosos.
  • Atención a lo que sucede Ahora. Si somos capaces de poner toda nuestra atención en el momento presente, todos nuestros sistemas se armonizarán. El ahora es lo único que realmente existe. El pasado y el futuro únicamente viven en nuestra mente.

Un corazón que late con coherencia es un seguro de salud y bienestar. Cómo habrás comprobado es fácil de conseguir. Emociones positivas, vida tranquila y ejercicio moderado serán tus mejores aliados.


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El cerebro de tu corazón

¿Eres de las personas que creen en las «corazonadas»? Pues quizá esa forma de pensar tenga mucho que ver con la realidad ya que nuestro corazón es algo más que una bomba que distribuye la sangre por nuestro cuerpo.

Hasta hace muy poco se creía que las neuronas solamente se encontraban en nuestro cerebro. Sin embargo, no hace mucho, se ha podido comprobar que el corazón contiene su propio sistema nervioso. Sabiendo esto es posible que te preguntes: ¿Es el corazón inteligente? ¿Podría influir el corazón en nuestra forma de pensar? Sigue leyendo si quieres saber las respuestas a estas preguntas.

La inteligencia del corazón

El sistema nervioso que contiene el corazón cuenta con aproximadamente 40.000 neuronas y una vasta y densa red de neurotransmisores, proteínas y células de soporte.

Pixabay/GDJ

Pixabay/GDJ

Según las investigaciones de  la matemática e investigadora de la conciencia Annie Marquierel corazón tiene circuitos muy elaborados que le permiten tomar decisiones y pasar a la acción de forma independiente al cerebro. Así mismo, nuestro corazón es capaz de aprender, recordar e incluso percibir. De hecho, existen cuatro tipos de conexiones que desde el corazón parten hacía el cerebro.

La primera conexión se lleva a cabo mediante impulsos nerviosos. La segunda se realiza a través de hormonas y neurotransmisores. La tercera es una conexión biofísica que se produce a través de ondas de presión por medio del ritmo cardíaco.  Finalmente, la cuarta es una comunicación energética que re realiza por medio del potente campo electromagnético del corazón.

El orden o desorden del corazón

Nuestro corazón es muy sensible a aquello que sentimos.  Su campo electromagnético cambia en función de nuestras emociones. Si sentimos miedo, estrés o frustración este campo se torna incoherente o desordenado. Sin embargo, cuando sentimos emociones positivas este campo electromagnético se ordenará de manera armoniosa con ondas amplias y regulares.

El campo electromagnético del corazón se extiende entre dos y cuatro metros a nuestro alrededor. Lógicamente, cualquier persona que se encuentre a esta distancia se verá afectada por él.

¿Dónde llega primero la información?

La información que recibimos del exterior llega primero a nuestro corazón para después dirigirse hacía el cerebro. Además, desde ahí, y según sea nuestro ritmo cardíaco, las ondas cerebrales se sincronizarán con este órgano. Podríamos decir que el corazón «tira» de nuestro cerebro.

Unsplash/Linda Xu

Unsplash/Linda Xu

Otro de los descubrimientos que se han hecho, según explica Annie Marquier, es que el cerebro del corazón funciona sin memorias que le condicionen. Este cerebro cardíaco es capaz de activar en nuestra cabeza centros de percepción superiores totalmente nuevos. Estos centros no interpretan la realidad basándose en experiencias antiguas y son capaces de obtener un conocimiento inmediato experimentado la realidad con exactitud.

¿Cómo conectar con el cerebro del corazón?

Se ha comprobado que cuando utilizamos el cerebro del corazón de manera consciente creamos un estado de coherencia biológica donde todo funciona a la perfección. En estos casos, las emociones positivas que experimentamos, armonizan todo nuestro cuerpo físico y mental.

Para poder experimentar este estado es requisito indispensable aminorar tu ritmo de vida y hacer un hueco al silencio en nuestro día a día. Gracias  al silencio y la tranquilidad, tenemos más capacidad de observar nuestros pensamientos y de permanecer en la posición de testigos. Desde ahí, observaremos como nuestros pensamientos y emociones pasan a través nuestro sin ser juzgados ni interpretados mentalmente.

La meditación, las técnicas como el yoga, el tai chi, el contacto con la naturaleza, la soledad y la contemplación son herramientas que nos acercarán a esta conexión con nuestro corazón. Así mismo, la buena disposición hacía los demás y la sencillez nos facilitarán compartir esta conexión con los que nos rodean.