Tranquilidad para tiempos de incertidumbre

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Unsplash/Mikael Kristenson

Tranquilidad para tiempos de incertidumbre

Hay momentos en la historia y en la vida de toda persona en los que se pierde de vista la normalidad y la cordura. En ciertas situaciones, el dinamismo de la vida y su naturaleza cambiante nos arrebatan la tranquilidad a la que estamos acostumbrados. En todas esas situaciones de incertidumbre es necesario soltar el control y confiar. La vida se desenvuelve con misteriosa perfección aunque no sepamos verlo.

Las ilusiones del pequeño ego

Toda persona encarnada en la tierra se vale de un ego que vive la ilusión de estar al control de casi todo. Desde muy pequeños nos esforzamos por conseguir atención y amor. Estos esfuerzos nos llevan, irremediablemente, a abandonar nuestra singularidad. En la vida de todo ser humano, a partir de cierto momento, se desarrolla la personalidad que nos servirá de vehículo con el que enfrentarnos a los desafíos que se nos presenten. Esa personalidad o ego se sitúa al mando de nuestra vida desde muy temprano. En su sueño de grandeza cree que controla la mayoría de las experiencias que se presentan.

Unsplash/Counselling

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El miedo a perder lo que no es real

Ese pequeño ego del que ya hemos hablado pasa sus días intentando, con uñas y dientes, conseguir y mantener aquello que cree que es mejor para él. Su vivir discurre en continua lucha por controlar y defender aquello que considera real y verdadero. En su delirio, imagina que ahí fuera existen oponentes, competidores y fuerzas que van en su contra. Debido a ello, su vida se convierte en un continuo esfuerzo para conservar aquello que considera sus grandes tesoros. Dentro de esas preciadas mercancías encontramos pertenencias materiales, ideologías, y todo lo que al pequeño ego le de una identidad.

La incertidumbre nos pone a  prueba

No obstante, el ego, que tanto miedo tiene, pocas veces se encuentra satisfecho. Las quejas y la sensación de insuficiencia suelen empujarle continuamente a intentar conseguir más de lo que sea. Afortunadamente, la Vida, en su infinita sabiduría, tiene a bien otorgarnos diversas «llamadas de atención» para que podamos dejar de mimar a ese ego y dirigir la mirada hacia lo que realmente importa.

Todas las situaciones que representan variaciones en nuestra manera de vivir nos sirven para reflexionar y darnos cuenta de la poca importancia que tiene nuestro ego y todo lo que le rodea. Ante momentos de grandes crisis, no nos queda más remedio que rendirnos a la pequeñez de esos personajes que pensábamos que tenían todo el control. Cualquier ocasión que nos provoque incertidumbre nos facilita la comprensión profunda de que no controlamos casi nada.

Es tiempo de conectar con nuestro interior

Ante los momentos de crisis de cualquier índole es absurdo luchar y seguir intentando tener todo controlado. Una vez que la vida nos regala situaciones de incertidumbre lo mejor que podemos hacer es aceptar aquello que sucede y reflexionar. La reflexión ha de ir hacía dentro, hacía la sabiduría innata que nos habita. En nuestro interior yace la verdad que nos habla de confianza en cada uno de los procesos de la vida. Solo allí podemos vislumbrar la adecuación de cada situación aunque no podamos entenderla.

Pixabay/quangle

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Vivimos momentos de agitación. La mejor manera de afrontarlos es desde la serenidad y la confianza. La Vida tiene sus razones y nada ocurre por casualidad. Todo está perfectamente orquestado y, aun en medio de grandes turbulencias, todo tiene un por qué y un para qué que siempre persigue el mayor bien.


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El poder de la aceptación

La felicidad es un estado que todos buscamos lo sepamos o no. Cualquier ser humano pone el deseo de ser feliz en el primer lugar de su lista de aspiraciones. Hacemos cualquier cosa por conseguir esa felicidad pero muchas veces se nos escapa de las manos. Uno de los caminos más cortos para ser feliz es ser capaz de vivir con aceptación aquello que nos sucede. Sin embargo, son pocas las personas que conocen este secreto tan sencillo.

Lo que ya es no puede ser cambiado

Dependiendo de la forma de ser de cada persona la reacción ante diferentes situaciones variará. Las personas más agresivas suelen enfrentar aquello que no es de su agrado intentando cambiarlo. Existen otras personas sin embargo que, ante la misma situación, se resignarán y llevarán «su cruz» como puedan. Tanto en un caso como el otro. la persona sufrirá sin ninguna duda.

Unsplash/Andrew Bui

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Aquel que se lance a la lucha por cambiar una situación sin antes haberla aceptado plenamente, basará su acción en una reacción poco funcional. Así mismo, la persona que se resigna y evita hacer algo, probablemente, se pierda oportunidades que surgirían de la acción si la llevara a cabo.

El ego y su delirio de grandeza

Nuestro pequeño ego vive con la ilusión de controlar su realidad. Debido a ello, se lanza a la conquista del mundo olvidando que su propia creación fue programada sin su participación. El ego cree que el mundo y todo lo que en el sucede debe de obedecer, únicamente, a sus deseos. Desde esa creencia desarrolla su andadura por la materia ahogado en lucha y competitividad con otros egos como él.

Unsplash/Kelly Sikkema

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Aunque nos cueste darnos cuenta, la realidad que vivimos se desarrolla, en la mayoría de los casos, de maneras distintas a lo que esperábamos. Ante esos inesperados giros del destino el ego se levanta y se enfrenta a lo que está sucediendo o, en muchos casos, simplemente a resistirse porque sí.

Cuando suceden cosas en nuestra vida que contrarían nuestras expectativas, lo mejor es hacer las paces con ellas. Desde la aceptación de aquello que aparece, la acción que llevemos a cabo siempre será más eficaz. En muchas ocasiones confundimos aceptación con resignación. La aceptación nos da un poder que la resignación nos quita.

Aceptar es un comienzo mientras que resignarse es un final.

Detente, observa y acepta

Sea lo que sea lo que acontezca en tu vida el poder de decidir como reaccionas solo lo tienes tú. Las circunstancias pueden ser de los más adversas pero tu decisión de aceptarlas les dará un toque mucho más liviano.

Ante cualquier situación, lo primero que debemos de hacer es pararnos y observar. Esta pausa puede ser un rato de meditación, un paseo o,simplemente, un rato de recogimiento interior. Desde ahí, si aceptamos plenamente lo que está ocurriendo, nos daremos cuenta de nos sentimos con un mayor control de los acontecimientos. La aceptación es la llave maestra que nos lleva a vivir una vida más consciente y más humilde.

El hecho de aceptar la vida como se presenta nos resta protagonismo a la vez que aligera nuestra carga de estar al mando de todo.

 

Haz un hueco a la aceptación en tu vida y verás como el vivir se convierte en una gran aventura siempre a tu favor.