Atrévete a decir No sin sentirte culpable

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Atrévete a decir No sin sentirte culpable

Algo tan sencillo como la palabra «no» se convierte en complicado cuando tenemos que pronunciarlo si el otro espera lo contrario. ¿Quién no se ha encontrado en una situación en la que quiere decir no pero no se atreve? El miedo, la culpa, la idea de no merecer algo, son emociones que se presentan en estas situaciones. La realidad es que aprender a decir sin miedo esta palabra tan corta es imprescindible si queremos gozar de buena salud física y mental.

El cuerpo expresa el No

Según las investigaciones del doctor de origen húngaro Gabor Maté, cuando no somos capaces de decir no, nuestro cuerpo lo hace por nosotros. En el trabajo que ha llevado a cabo durante años el doctor Maté con sus pacientes, ha podido comprobar que, en general, aquellas personas que tienen más dificultad en ponerse en primer lugar enferman más a menudo que las que si lo hacen. Ha volcado toda las experiencias con sus pacientes en su libro When the body says no (Cuando el cuerpo dice no) donde podemos encontrar cientos de casos en los que llega a demostrar que una respuesta negativa por nuestra parte cuando es necesaria podría incluso evitar enfermedades muy graves.

Creencias

La incapacidad de decir NO se origina en la creencia de que al negar a otra persona aquello que nos pide le estamos fallando. Desde muy jóvenes nuestra cultura nos enseña que negarnos a nosotros mismos es positivo. Sin embargo esto es un error. Nuestro principal deber es cuidarnos y respetarnos y no esperar que otros lo hagan por nosotros. De esta manera respetaremos el tiempo de los demás y no exigiremos que nadie haga por nosotros cosas que, quizá, no tenga ganas de hacer.

Una sociedad en la que cada miembro se ponga en primer lugar y cuide de sus necesidades será, muy probablemente, una sociedad sana en la que la cooperación fluya de manera natural. Si yo estoy bien atendido tendré ganas de tender una mano a aquel que lo necesite. Sin embargo, si lo hago desde la obligación, aunque me encuentre mal, lo que ofrezca al otro no tendrá la misma calidad.

Decir No en la práctica

De manera teórica decir No a otra persona puede parecer más o menos fácil. Sin embargo, en la práctica la cosa se complica. ¿Cómo podríamos empezar a decir No sin sentirnos culpables?

  1. Clarifica cuáles son tus prioridades. Ralentizando tu vida y haciendo ejercicios de introspección se puede reflexionar de manera sosegada acerca de qué es prioritario en nuestra vida y darle la atención, el tiempo y la importancia que merece.
  2. Dale tiempo a tu respuesta. Cuando alguien te pida algo no hace falta que te apresures a decir que sí. Intenta tomarte un tiempo para reflexionar antes de contestar. La frase «tengo que mirarlo, ya te diré» te deja tiempo para meditarlo
  3. Simplemente di No. Si tu decisión es que No puedes o no quieres hacer lo que la otra persona demanda, simplemente di que no. Tienes el mismo derecho a decir no que a decir si. Es importante dejar de excusarse o justificarse, no es necesario
Pixabay/Free-Photos

Con el tiempo y con la práctica decir No comenzará a ser algo habitual y te sentirás más cómodo. Así evitarás sentirte saturado y tus relaciones mejorarán sensiblemente. Eso si, quizá algunas personas desaparezcan de tu vida. No te preocupes, otras que reflejen tu amor por ti mismo aparecerán.


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La gratitud y su relación con la felicidad

En general, la gratitud, se asocia con la buena educación. No obstante, el hecho de estar agradecido, también nos ofrece muchos beneficios que quizá desconocemos. Algunas personas opinan que deberían ser agradecidos cuando encuentren la ansiada felicidad. Sin embargo, aquí te vamos a proponer lo contrario: cultiva el agradecimiento para ser más feliz.

La palabra gratitud tiene su origen en la palabra latina gratitûdo y su definición es la siguiente: «sentimiento que obliga a la persona a estimar el favor o beneficio que se nos hace y a corresponder a él de alguna manera.» Por lo tanto, la gratitud es un sentimiento que nos impulsa a actuar. Gracias a ella, somos capaces de reconocer las cosas buenas que nos rodean y actuar en consecuencia. Además de ser un estado emocional temporal, también podemos considerar la gratitud como un rasgo personal que equivale a sentirse satisfecho con la vida.

La gratitud como ciencia

En el campo de la psicología son muchos los trabajos que nos demuestran que, las personas que practican la gratitud. encuentran una mejora importante en su calidad de vida. Los beneficios van desde una mayor resistencia emocional hasta la mejora de la salud física.

Pixabay/alfcermed

Según el Mindfulness Awareness Research Center de UCLA (Centro Investigación de Conciencia de la Atención Integral), cuando expresamos gratitud la estructura molecular de nuestro cerebro cambia. Gracias a estos cambios nos sentimos más felices, somos menos reactivos y más pacíficos. La gratitud es la mejor manera de estimular los sentimientos de felicidad.

¿Qué es sentir agradecimiento?

Alguien podría pensar que practicar la gratitud es dar las gracias por todo, pero no es exactamente así. Los beneficios reales de esta práctica provienen de un ejercicio consciente de observación y apreciación. De hecho, no tendría por qué ser algo extraordinario sino más bien una actitud ante la vida. Quizá, muchas personas lo encuentren difícil ya que los seres humanos damos por sentadas cosas sencillas que, si las perdiéramos, serían consideradas muy valiosas.

La gratitud debería comenzar por cosas de las que disfrutamos cada día sin ser conscientes de ello como por ejemplo: vivir en un cuerpo que tiene salud, disfrutar de una mente que me permite gozar de estupendas percepciones, pasar tiempo con la gente que quiero, poder cubrir mis necesidades básicas, etc. Sin embargo, es muy habitual que solo valoremos estas cosas cuando dejamos de tenerlas…

Beneficios de la gratitud

Cultivar el agradecimiento, de manera consciente o inconsciente, siempre nos ofrece beneficios:

  • Nos sentimos más optimistas y resilientes
  • Disminuye la presión arterial
  • Mejora la función inmunológica
  • Nuestras emociones son más positivas
  • Nos relacionamos mejor con otras personas
  • Dormimos mejor
  • Desarrollamos mayor capacidad para ser compasivos y generosos

¿Cómo cultivar la gratitud?

En nuestro día a día podemos, con pequeños hábitos conscientes, acostumbrarnos a vivir agradecidos. Son muchos los especialistas en salud mental que animan a sus pacientes a llevar un diario en el que anotan aquello por lo que se sienten agradecidos cada noche. Este sencilla práctica nos conecta con la gratitud.

Otra manera de agradecer lo que vivimos es parar de vez en cuando y mirar y valorar lo que nos rodea. De la misma manera, ayudar a otros a sentirse agradecidos nos hará también conectar con esta emoción.

Unsplash/Flor Saurina

En definitiva, algo a lo que estamos tan poco habituados como agradecer cada momento, nos ayuda a traer felicidad a nuestra vida irremediablemente.


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Cómo aliviar la ansiedad en el embarazo

Todo aquello que sienta la madre durante el embarazo también lo siente su hijo. En general, la emociones de la mujer embarazada sufren desequilibrios durante esta etapa debido a los ajustes hormonales. La ansiedad es una emoción común en muchas mujeres embarazadas. Aquí vamos a ver por qué se produce y como se puede aminorar con técnicas naturales.

El embarazo cambia la vida

La ansiedad, o cualquier otra emoción de incertidumbre, es algo normal que sienten muchas mujeres durante el embarazo. Traer un hijo al mundo implica muchos cambios durante la gestación, el parto y la crianza. Es normal que estos cambios nos hagan sentir esas emociones que quizá nos desequilibren en cierta medida. Sin embargo, cuando la ansiedad es alta hay que tener en cuenta que puede perjudicar tanto a la madre como a su hijo. Por este motivo cada día son más los expertos en salud mental que estudian la importancia del bienestar emocional durante el embarazo.

Síntomas de ansiedad

La ansiedad durante el embarazo se manifiesta de manera muy similar a en cualquier otro momento de la vida. Una mujer embarazada que sufre ansiedad suele presentar sensación de opresión en el pecho, taquicardia o falta de concentración. Así mismo, en muchas ocasiones, aparecen problemas digestivos o dolores de cabeza tensionales. A nivel mental, suelen presentarse preocupaciones relacionadas con la salud de su hijo y miedo exagerado al parto. Otras mujeres se preocupan en exceso por su imagen corporal, sintiéndose mal por los cambios que experimentan.

Un momento de grandes transformaciones

Las causas de que aparezca ansiedad durante el embarazo son variadas. Por supuesto, las mujeres que con anterioridad hayan padecido ansiedad serán más propensas a sentirla. No obstante, tenemos que tener en cuenta el papel que las hormonas juegan en el estado de ánimo.

Además de eso, la mujer vive un momento de total transformación de su vida, de su cuerpo y de su papel social. Si la mujer es capaz de aceptar estos cambios con normalidad todo será mucho más fácil. Sin embargo, si se resiste y los observa de manera negativa el grado de ansiedad se incrementará más y más.

Aliviar la ansiedad

Diferentes estudios muestran que la ansiedad de la mujer embarazada ralentiza el crecimiento del feto y aumenta las posibilidades de parto prematuro. Así mismo, este estado de ánimo afectará a la relación de pareja con todas las implicaciones que ello conlleva. Por todo ello, es muy importante conocer qué podemos hacer para tratar esta ansiedad de manera natural.

  1. Técnicas de relajación. Cualquier técnica que relaje nuestra mente y nos ayude a respirar de manera consciente es de gran ayuda
  2. Yoga. La práctica de yoga para embarazadas calma las emociones y otorga confianza en el propio cuerpo
  3. Musicoterapia. La música es una gran herramienta para modular positivamente las emociones.
  4. Meditación. Dedicar un rato al día a sentir el cuerpo y a observar las emociones por medio de la meditación nos distancia de las emociones perturbadoras.
Unsplash/Jonathan Borba

Cualquier herramienta que ayude a vivir el embarazo de manera más sosegada y consciente será muy beneficioso para la madre y su hijo.


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¿Somos lo que comemos?

Aquello que comemos tiene mucho que ver con nuestra salud y con lo que somos. Por todos es conocido aquello de «somos lo que comemos». Sin embargo esto no es siempre cierto. La realidad es que más que lo que comemos somos lo que digerimos. Y si queremos profundizar aún más diremos que lo que somos y lo que digerimos está íntimamente relacionado con lo que sentimos.

Somos bacterias andantes

Como fruto de nuestra educación, al escuchar la palabra bacteria nos ponemos a la defensiva. Pensamos que las bacterias son dañinas y que hay que evitarlas a toda costa… La realidad es totalmente distinta.

Diferentes autores, como Ed Young con su libro «Yo contengo multitudes» o Josep María Subirá I Vallés con «Haz felices a tus bacterias», nos explican la importancia de los billones de bacterias que habitan en nuestro interior. Cada ser humano tiene una célula de las bacterias por cada célula humana. Por supuesto, las células bacterianas son muy pequeñas y pesan poco. Por este motivo, según las últimas estimaciones, todas nuestras bacterias equivalen a un par de kilos de nuestros peso. Y en cuanto a cantidad, cada cuerpo humano se calcula que albergue unos 39 billones de estas bacterias de muy diferentes tipos.

Bacterias felices

Esta gran cantidad de bacterias que viven en nuestro interior no están ahí por casualidad. Cuando se encuentran equilibradas y «felices» estas bacterias consiguen que nuestro cuerpo y nuestro vivir estén equilibrados. Mientras nuestro nicho bacteriano funcione bien nuestra salud física y mental serán optimas. Sin embargo, si estas bacterias no tienen el vigor y la alegría que necesitan nuestro cuerpo comenzará a enfermar.

Todas estas bacterias viven en diferentes partes de nuestro cuerpo. Cada una de ellas es importante y necesaria para mantener el equilibrio en todo el organismo. No obstante, las bacterias intestinales son las que más influyen en el resto del cuerpo. Ya lo decía uno de los padres de la medicina, Hipocrates de Cos (460 a.C – 360 a.C); «La salud comienza en el intestino»

Microbiota

Al conjunto de bacterias que viven en nuestro intestino se las denomina microbiota. Cuando esta microbiota se desequilibra los microorganismos patógenos ganan terreno y causan enfermedad. Las causas de este desequilibrio son numerosas pero, la mala alimentación y las emociones negativas, como el estrés por ejemplo, son los grandes detonantes.

Cada vez son más los estudios científicos que corroboran la relación de una microbiota desequilibrada con patologías diversas: enfermedades autoinmunes, patologías respiratorias, problemas cardiológicos y alteraciones mentales, entre otros muchos. Por todo ello, es nuestra responsabilidad, contribuir a que nuestra microbiota esté equilibrada y las bacterias que la componen sean bacterias felices.

Unsplash/Heather Ford

Paz interior y dieta saludable

Como ya hemos visto, no solo somos lo que comemos. Después de comer necesitamos digerir y asimilar lo que comemos correctamente. De esto se encargan nuestras bacterias. Por lo tanto, debemos procurar llevar una vida tranquila y que los alimentos que pongamos en nuestra mesa sean lo más naturales posible. De esta manera, nuestras bacterias nos procurarán una vida más feliz y saludable.

Para más información acerca de este apasionante tema aquí os dejamos la charla de un experto en bacterias felices


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Superar el miedo a través de la meditación

El ser humano ha convivido con el miedo a lo largo de toda la historia. Es casi imposible encontrar alguna persona que nunca haya experimentado esta emoción. En general, el miedo, no suele ser un compañero de viaje demasiado apreciado. Sin embargo, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de abrazar ese miedo y de superarlo de diferentes maneras, una de ellas es la meditación.

Saber qué estoy sintiendo

En nuestra cultura no estamos acostumbrados a prestar atención a lo que ocurre en nuestro interior. Vivimos mirando hacía el exterior y siempre tenemos prisa. Esta forma de vida está íntimamente relacionada con la desconexión de aquello que sentimos. Son pocas las ocasiones en las que nos paramos a sentir y a darle nombre a eso que estamos sintiendo.

Cada persona y, en cada situación, el miedo puede sentirse de forma diferente. En los casos más extremos se hace muy evidente ya que puede llegar a ser paralizante. Sin embargo, en otros momentos, se puede manifestar de forma vaga e imprecisa. El nudo en el estómago o el sueño irregular son dos de las manifestaciones de miedo más comunes. Por eso, es imprescindible que seamos capaces de identificar qué sentimos y dónde se localiza la sensación.

Observar los pensamientos

Nuestros pensamientos viajan a su antojo por nuestra mente. No tenemos ningún control sobre lo que pensamos y, en muchas ocasiones, repetimos pensamientos. Ese «run-run» en nuestra cabeza es capaz de hacernos sentir miedo por cosas que, probablemente, nunca llegarán a suceder. Sin embargo, al no darnos cuenta de que eso sucede, le damos credibilidad y nos sumimos en emociones de miedo.

A través de la meditación es posible observar esos pensamientos. Al observarlos, podemos darnos cuenta de que están ahí y también examinarlos para ver qué hay de verdad en ellos. Solo esta postura ya nos distancia de nuestros pensamientos y nos ofrece diferente perspectiva.

Ríndete al miedo

Cuando entramos en meditación y tomamos la posición del observador, solo con esto, ya notamos cierto alivio interior. Después, necesitamos aceptar y dejar ir aquello surja, sin juicio. Es muy habitual que la mente se empeñe en juzgar los pensamientos y sentimientos pero no deberíamos dejarla. La observación sin juicio es la mejor de las terapias.

Una vez que conseguimos observar aquello que aparece en la mente, sin más, el siguiente paso es aceptarlo. La aceptación sin condiciones nos llevará a la rendición. Rendirse al miedo es permitir que exista otorgándole un lugar en tu vida pero sin dejar que te controle.

Sentir miedo, o cualquier otra emoción, es humano y normal. Lo verdaderamente importante es saber lo que estamos sintiendo y no juzgarlo. 


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Cantar y bailar, dos actividades que nos conectan con el alma

Cada día desplegamos muchas y diferentes actividades. Dependiendo de aquello que hacemos en cada momento vamos creando nuestra realidad y nuestros sentimientos. En un mundo caracterizado por las obligaciones queda poco tiempo para el esparcimiento. Sin embargo, dentro de la vorágine de los quehaceres diarios podemos hacer huecos a aquellas cosas que nos ayudan a relajarnos y a disfrutar de la vida. Cantar y bailar son cosas sencillas de llevar a cabo que nos hacen subir de vibración en muy poco tiempo.

Adiós al ridículo

Desde que somos niños, recibimos creencias de los adultos, que conforman nuestra personalidad y nuestra manera de ver el mundo. Una de esas creencias es que si no hacemos algo «muy bien» es mejor que no lo hagamos. Por supuesto, vivir con esta opinión prestada nos hará emprender poco o nada…

Pixabay/qgadrian

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Si olvidamos lo que significa cantar o bailar bien y entendemos que dichas actividades son, simplemente, una forma de darnos placer, quizá podamos practicarlas sin ir más allá que el mero gozo de hacerlo. Probablemente, muchas personas nunca se hayan planteado que el hecho de cantar o bailar un rato cada día puede mejorar su salud mental y física. Lo contrario, también es cierto. Una vida vivida sin alegría casi siempre nos lleva a carecer de bienestar.

Calidad de vida

¿Te has parado a pensar alguna vez qué es para ti tener calidad de vida? La sociedad en la que vivimos nos hace creer que obtenemos esa calidad si tenemos mucho de todo. Además, para poder alcanzar todo eso, debemos pasar muchas horas de cada día trabajando para poderlas pagar. Pero… ¿realmente es eso lo que nuestra alma anhela?

¿Has observado alguna vez la alegría de vivir que despliegan los animales que viven libres en la naturaleza? ¡¡Eso si que es calidad de vida!! Por ejemplo, los pájaros: comienzan el día cantando como signo del gozo que sienten al ver los primeros rayos de luz; y después, organizan su jornada entre pequeños espacios de búsqueda de alimento y diferentes momentos de danza, juego y canto; cuando el día se acaba vuelven a cantar con todas sus fuerzas hasta que se agota la última gota de luz… ¡Eso es vivir! ¿Por qué no aprender de estas libres criaturas entonces y llevar el baile y el canto a nuestras vidas, aunque solo sea a ratitos?

Beneficios de cantar y bailar

Aunque a los pájaros no hace falta decirles los beneficios de la vida que llevan, a los humanos si. Desde que nacemos ya tenemos una tendencia natural favorable hacía la música. Dicha tendencia la ha estudiado en profundidad el psicólogo húngaro István Winkler: «todos nacemos con sentido del ritmo». Esto nos lleva a entender que nuestro cuerpo necesita moverse al ritmo de la música. En todas las culturas cantar y bailar son actividades que unen y alegran a las personas. Por todo ello, cuando cantamos o bailamos, nuestro cuerpo obtiene los siguientes beneficios:

  • Mejora el estado de ánimo, de la misma manera que cualquier ejercicio físico
  • Nos ayuda a liberarnos de las emociones negativas
  • Disminuye los niveles de cortisol en sangre
  • Fomenta la atención y la memoria
  • Nos empuja a mejorar la creatividad y la espontaneidad

Unsplash/Drew Colins

Unsplash/Drew Colins

Cosas tan sencillas como cantar o bailar pueden ayudarnos a mirar la vida desde otro punto de vista y a mejorar nuestra salud y la de las personas que nos rodean.


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El Tao y la sonrisa interior

Encontrar cierto equilibrio en una sociedad que vive a toda velocidad es muy difícil. El ruido, las prisas y la incesante actividad nos hacen sentir que estamos desgatados. En ciertos momentos de máxima tensión, incluso, nos embarga la necesidad de salir corriendo y escapar… Unas vacaciones o un cambio de aires suelen ayudarnos a desconectar. Sin embargo, esto no siempre es posible. No obstante, sin salir de nuestra realidad, podemos encontrar diferentes técnicas que nos ayudan a sentirnos mejor y a encontrar remansos de paz. La «sonrisa interior taoísta» es una de estas herramientas.

Sonreír es muy saludable

Cada vez que sonreímos nuestro cerebro lo interpreta como una señal de satisfacción. Una sola sonrisa libera dopamina y serotonina en la cantidad suficiente para relajar todo nuestro organismo. Si mantenemos esa sonrisa, y la liberación de hormonas de la felicidad continua circulando por nuestro torrente sanguíneo podemos, incluso, regular nuestra tensión arterial y mejorar nuestro humor. Por si esto fuera poco, diferentes estudios han demostrado que aquellas personas que sonríen más a menudo tienen una vida más larga.

Unsplash/Omid Armin

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Sonrisa interior taoísta

Según la tradición taoísta, practicar la sonrisa interior es una buena forma de relajar la mente y el cuerpo. Con este tipo de sonrisa alejamos el estrés de nuestra vida de manera fácil.

La glándula tiroidea está conectada con nuestra sonrisa. Por ello, cada vez que sonreímos activamos dicha glándula y, por lo tanto, conseguimos relajarnos. Los taoístas dicen que cada vez que sonreímos todos nuestros órganos segregan ciertas sustancias que nutren nuestro organismo. Sin embargo, emociones negativas como la rabia o el miedo bloquean nuestra energía y deterioran nuestra salud.

Pixabay/Helena

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Cómo llevar a cabo la sonrisa interior

Vivimos constantemente mirando nuestro aspecto exterior. Este hábito nos hace olvidar que en nuestro interior también hay mucho de nosotros que nunca observamos. La sonrisa interior consigue llevar atención y sonrisa a todos nuestros órganos.

Esta técnica se lleva a cabo desde una relajación profunda o meditación. Desde ese estado, una vez que nuestra mente se haya calmado, la iremos llevando a cabo la práctica. Primero, visualizaremos una gran luz encima de nuestra cabeza que irá bañando todo nuestro cuerpo. Después, comenzaremos a sonreír mientras seguimos vigilando nuestra respiración. Imaginaremos también a una persona sonriendo frente a nosotros. A partir de ese momento, iremos recorriendo poco a poco todo nuestro cuerpo, empezando por la cara, llevando una sonrisa y reconocimiento hasta el último rincón. Sonreiremos a los pulmones, hígado, riñones, bazo, columna vertebral y cada uno de los huesos y músculos.

Esta meditación no debe exceder los quince minutos. Cada persona deberá decidir dónde quiere detenerse más tiempo, según se lo indique su intuición. Como todo lo sencillo, esta práctica es sumamente poderosa. Si nos habituamos a sonreír a nuestro cuerpo, cualquier problema de salud se solucionará más fácilmente.


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Psoas, el músculo del alma

El psoas es un músculo que interviene en muchas funciones importantes del cuerpo. Sobre todo, es fundamental para mantener la estabilidad ya que está ligado al suelo pélvico y al diafragma. Su desequilibrio puede ocasionar dolor en la pelvis o en la zona lumbar. Cuando este músculo está estirado y relajado nos ayuda a liberar tensión que, de otra manera, se acumularía ocasionando diferentes molestias. Según diferentes investigaciones, se ha llegado a saber que está relacionado con el equilibrio emocional. Por este motivo se le ha llegado a llamar el «músculo del alma». Se trata de un músculo grande y fuerte que está insertado en la profundidad del cuerpo. Ante todo, es el músculo conector de la piernas con la espalda. Está insertado, a la altura del diafragma, en la columna baja por delante de la pelvis hasta el fémur.

¿Qué funciones tiene?

Como hemos dicho, su principal función es la conectar el tronco con las piernas. Gracias a ello podemos caminar, correr y tener una buena postura al andar. Además de esto, asegura la estabilidad al cuerpo y corrige la posición de las vértebras lumbares.

Psoas

El psoas también mantiene los órganos de la parte baja del abdomen bien sujetos. Así, la vejiga, los riñones, la matriz o los intestinos funcionarán de manera óptima. El hecho de estar conectado con el diafragma hace que se acorte ante cualquier tensión. Este acortamiento facilitaría, en caso de necesidad, el salir corriendo o recoger el cuerpo doblado para protegernos.

Al pasar muchas horas sentados, haciendo ciclismo o deportes tipo atletismo el psoas se suele acortar también. El acortamiento presiona las vértebras hacía abajo y provoca mayor lordosis. Debido a ello se puede producir pinzamiento de los discos vertebrales y también dolor.

Unsplash/bruce mars

Unsplash/bruce mars

Cuando el cuerpo detecta el acortamiento, el organismo registra la posibilidad de peligro inminente. A partir de ahí se activarán los mecanismos de supervivencia con la consiguiente liberación de adrenalina. En estos casos aparecerán miedos y angustia con la consecuente bajada de defensas.

Beneficios de estirar el psoas

Dentro de los asanas del yoga existen muchos ejercicios que nos ayudan a estirar el psoas y mantenerlo en equilibrio. Gracias a estos ejercicios obtendremos los siguientes beneficios:

  • Tendremos menor secreción de adrenalina con lo que los síntomas asociados a la ansiedad y el miedo desaparecerán
  • Los órganos internos trabajarán con más eficacia
  • La energía fluirá libremente con mayor facilidad
  • La postura corporal será mejor y, por lo tanto, desaparecerán los dolores de espalda
  • El sistema inmunológico se verá fortalecido

Unsplash/Alex Shaw

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Existen numerosas posturas de yoga que ayudan a liberar la tensión innecesaria del psoas. Un psoas relajado nos ayuda a fluir y a disfrutar de la vida desplegando toda nuestra vitalidad.


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El diafragma, un músculo ligado a las emociones

En anteriores artículos hemos hablado de la importancia de la respiración para gozar de buena salud. Para que esta respiración se lleve a cabo de manera efectiva es imprescindible que los músculos implicados estén en buenas condiciones. El diafragma es uno de los músculos que intervienen en todo este proceso. Vamos a ver por qué es tan importante.

Funcionamiento del diafragma

El diafragma se encuentra situado dentro de la caja torácica. Se le ha llegado a llamar la cama del corazón porque pareciera que es allí donde este reposa. Se trata de una especie cúpula que separa las cavidades abdominal y torácica. Está insertado en diferentes puntos de las costillas, el esternón y las vértebras. Cuenta también con orificios por los que pasan el esófago, algunos nervios y vasos sanguíneos.

Diafragma

Cuando realizamos la inspiración, este músculo se contrae a la vez que aumenta el espacio de la cavidad torácica. A la vez, el aire entra en los pulmones a través de la tráquea llenando el vacío que queda. Tras la inhalación, el diafragma se relaja y el aire es exhalado vaciando así los pulmones.

Las emociones

El diafragma, al ser un músculo que no notamos, tiende a ser olvidado. Sin embargo, cualquier situación de tensión que nos afecte emocionalmente repercute en él. Podríamos compararlo con una pequeña caja donde guardamos nuestras emociones. Algunas personas lo llaman el músculo del alma. De la misma manera que el resto de los músculos del cuerpo, el diafragma también se contractura. Esto sucede, casi siempre, cuando estamos sintiendo tensión y dejamos de respirar correctamente.

Cuando este músculo se bloquea, se encoje en cierta medida y va un poco hacía abajo. Lógicamente, cuando esto sucede, presiona a las vísceras y órganos que se encuentran por debajo. Esta presión ocasiona tensiones en todo el cuerpo llegando, incluso, a generar tensiones en el suelo pélvico o en la próstata.

Mejorar la respiración

Nuestras emociones marcan nuestra forma de respirar y, consecuentemente, nuestra postura corporal. Cuando no hacemos una buena respiración, de manera inconsciente, nos vamos «encogiendo». Cualquier ejercicio que mejore nuestra respiración beneficiará el diafragma.

La práctica regular de ejercicios respiratorios nos aporta equilibrio emocional y mental. El yoga es una de las mejores maneras de hacer que el diafragma se mueva y se relaje. Dicho movimiento hace que, de alguna manera, este músculo libere las emociones y tensiones que tuviéramos atrapadas. Por eso, muchas personas, gracias a la práctica del yoga, consiguen, además de sentirse mejor físicamente, mejorar su condición emocional.

La respiración es nuestra gran aliada para mantener una buena salud. Además del yoga, el pilates, la meditación y la relajación son excelentes disciplinas para mejorar el tono de nuestro diafragma. Un diafragma feliz nos asegura una vida plena y con salud.


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¿Cómo aliviar los dolores de espalda?

Nuestra espalda es la parte de nuestro cuerpo que más tensiones soporta. Al cuidar de ella, aseguramos bienestar a todo el organismo ya que es la que sostiene todo nuestro cuerpo. Las preocupaciones del día a día suelen «echarse a la espalda» para poder seguir hacía adelante. En muchas ocasiones lo mejor sería hacer un alto en el camino y revisar y tirar a la basura nuestro exceso de carga. De esa manera no viajaríamos con tanto equipaje. Además de eso, existen diferentes tipos de ejercicios que nos ayudarán a mantener sana esa parte tan importante de nuestra anatomía.

Una postura correcta

En muchas ocasiones los dolores de espalda no están relacionados con ninguna patología. Es muy común que posturas incorrectas o la debilidad de los músculos causen molestias que tienen fácil solución.

Una buena higiene postural es imprescindible para mimar la espalda. Por ejemplo, al agacharnos, es muy importante mantener la espalda bien derecha y flexionar las rodillas. Cuando tengamos que permanecer sentados mucho tiempo también la mejor postura será con la espalda recta.

Además de esto, el ejercicio físico es imprescindible para que los músculos tengan el tono suficiente para mantener la postura deseada. Una musculatura tonificada actúa como protección de los huesos y evita mayores complicaciones.

Ejercicio físico aconsejable

Los mejores deportes para la espalda son aquellos que nos fortalecen y flexibilizan pero que no implican gran impacto. Podríamos decir que en primer lugar se encuentra la natación. Cuando nadamos, fortalecemos suavemente los músculos a la vez que minimizamos cualquier riesgo de lesión al realizarse en el agua. El ciclismo o el running no son tan aconsejables porque pueden crear tensiones tanto en el cuello como en la zona lumbar o dorsal.

Después de la natación, los mejores deportes para mantener la salud de la espalda son el yoga y el pilates. El yoga, por su parte, ayuda a relajar y flexibilizar la musculatura de todo nuestro cuerpo. Esta disciplina también nos obliga a poner conciencia en aquellas zonas en las que haya tensión y, gracias a los ejercicios de respiración, nos conduce a la relajación.

El pilates, además de otras beneficios, nos ayuda a fortalecer los músculos abdominales. Cuando nuestra zona abdominal tiene un buen tono es muy difícil que la parte baja de la espalda nos duela.

Aligerar la carga

Ya hemos visto que físicamente es fácil mantener nuestros músculos tonificados y relajados. Sin embargo, si actuamos físicamente pero, mental y emocionalmente, aún cargamos con demasiado equipaje es muy posible que la espalda nos siga molestando.

Son muchas las personas que, habitualmente, llevan a cuestas cosas que, si las soltaran, es muy probable se resolverían por si solas. Así mismo, también es muy común cargar con asuntos que no nos pertenecen porque pensamos que así somos mejores personas…

Nuestro trabajo más importante es cuidar de nosotros mismos. Cuando nos encargamos de aquello que no nos pertenece nuestro cuerpo nos enviará señales a través de malestares y dolores que no deberíamos ignorar. Una persona sana es aquella que se cuida y que aligera su «carga» siempre que lo necesita.