La gratitud y su relación con la felicidad

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La gratitud y su relación con la felicidad

En general, la gratitud, se asocia con la buena educación. No obstante, el hecho de estar agradecido, también nos ofrece muchos beneficios que quizá desconocemos. Algunas personas opinan que deberían ser agradecidos cuando encuentren la ansiada felicidad. Sin embargo, aquí te vamos a proponer lo contrario: cultiva el agradecimiento para ser más feliz.

La palabra gratitud tiene su origen en la palabra latina gratitûdo y su definición es la siguiente: «sentimiento que obliga a la persona a estimar el favor o beneficio que se nos hace y a corresponder a él de alguna manera.» Por lo tanto, la gratitud es un sentimiento que nos impulsa a actuar. Gracias a ella, somos capaces de reconocer las cosas buenas que nos rodean y actuar en consecuencia. Además de ser un estado emocional temporal, también podemos considerar la gratitud como un rasgo personal que equivale a sentirse satisfecho con la vida.

La gratitud como ciencia

En el campo de la psicología son muchos los trabajos que nos demuestran que, las personas que practican la gratitud. encuentran una mejora importante en su calidad de vida. Los beneficios van desde una mayor resistencia emocional hasta la mejora de la salud física.

Pixabay/alfcermed

Según el Mindfulness Awareness Research Center de UCLA (Centro Investigación de Conciencia de la Atención Integral), cuando expresamos gratitud la estructura molecular de nuestro cerebro cambia. Gracias a estos cambios nos sentimos más felices, somos menos reactivos y más pacíficos. La gratitud es la mejor manera de estimular los sentimientos de felicidad.

¿Qué es sentir agradecimiento?

Alguien podría pensar que practicar la gratitud es dar las gracias por todo, pero no es exactamente así. Los beneficios reales de esta práctica provienen de un ejercicio consciente de observación y apreciación. De hecho, no tendría por qué ser algo extraordinario sino más bien una actitud ante la vida. Quizá, muchas personas lo encuentren difícil ya que los seres humanos damos por sentadas cosas sencillas que, si las perdiéramos, serían consideradas muy valiosas.

La gratitud debería comenzar por cosas de las que disfrutamos cada día sin ser conscientes de ello como por ejemplo: vivir en un cuerpo que tiene salud, disfrutar de una mente que me permite gozar de estupendas percepciones, pasar tiempo con la gente que quiero, poder cubrir mis necesidades básicas, etc. Sin embargo, es muy habitual que solo valoremos estas cosas cuando dejamos de tenerlas…

Beneficios de la gratitud

Cultivar el agradecimiento, de manera consciente o inconsciente, siempre nos ofrece beneficios:

  • Nos sentimos más optimistas y resilientes
  • Disminuye la presión arterial
  • Mejora la función inmunológica
  • Nuestras emociones son más positivas
  • Nos relacionamos mejor con otras personas
  • Dormimos mejor
  • Desarrollamos mayor capacidad para ser compasivos y generosos

¿Cómo cultivar la gratitud?

En nuestro día a día podemos, con pequeños hábitos conscientes, acostumbrarnos a vivir agradecidos. Son muchos los especialistas en salud mental que animan a sus pacientes a llevar un diario en el que anotan aquello por lo que se sienten agradecidos cada noche. Este sencilla práctica nos conecta con la gratitud.

Otra manera de agradecer lo que vivimos es parar de vez en cuando y mirar y valorar lo que nos rodea. De la misma manera, ayudar a otros a sentirse agradecidos nos hará también conectar con esta emoción.

Unsplash/Flor Saurina

En definitiva, algo a lo que estamos tan poco habituados como agradecer cada momento, nos ayuda a traer felicidad a nuestra vida irremediablemente.


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Ayudar a otros nos ayuda a ser más felices

Los seres humanos somos buenos por naturaleza. Nuestra impresión puede ser la contraria debido al aluvión de noticias negativas con las que convivimos día a día. En los medios de comunicación habituales pocas veces se muestran actos de generosidad y apoyo entre seres humanos. Sin embargo, este tipo de gestos son más abundantes que los negativos ya que, nuestra primera respuesta ante una situación de peligro, es siempre de amor hacía el otro y altruismo. Por este motivo, ayudar a otras personas, es una fuente inigualable de satisfacción y felicidad.

En el interior de los seres humanos, ligado a nuestro instinto de supervivencia, se encuentra un instinto que nos dice que la felicidad de los demás es equivalente a la nuestra. Es por ello que, cuando ayudamos a otro, es muy posible, que recibamos más de lo que damos.

Cooperación a lo largo de la historia

Ya desde tiempos remotos la supervivencia de nuestra especie ha estado ligada a la cooperación. En el pasado. los grupos humanos eran más pequeños y la ayuda y la unión eran lo habitual. De manera natural, la gente que se agrupaba en pequeñas poblaciones y se ayudaban unos a otros. Gracias a ello, todos sabían que ante determinadas situaciones difíciles la comunidad respondería y el estrés de vivir y sufrir en soledad, tan habitual hoy en día, antaño no existía.

Unsplash/Randy Fath

En la actualidad, nuestra manera de vivir, nos empuja, cada vez más, hacía el polo opuesto. En las enormes ciudades que vivimos la separación y la individualidad aumentan a pasos agigantados. Es muy posible, que personas que vivan durante años en el mismo edificio se conozcan poco o nada. A lo largo del tiempo, esta actitud nos hace perder muchos momentos preciosos.

Siempre las mismas noticias

El camino hacía la peligrosa individualidad nos lo marcan los medios de comunicación que nos acompañan continuamente. En ellos encontramos, de manera habitual, noticias negativas que nos muestran lo peor del ser humano. Solo en muy contadas ocasiones estos medios nos ofrecerán noticias que ensalcen las mejores cualidades del ser humano, como la compasión, el amor al prójimo o la entrega. De esta mamera, tendemos a integrar en nuestra psique que el peligro, causado por otro ser humano, podría encontrarse a la vuelta de la esquina.

Focaliza tu atención

Seguro que, haciendo memoria, eres capaz de recordar lo bien que te has sentido cuando has ayudado a otra persona. Eso es debido a que, en nuestra fisiología, la empatía, el amor y el altruismo desencadenan la secreción de las hormonas ligadas a la felicidad. Sabiendo esto, si queremos sentirnos plenos y más felices, debemos dirigir nuestra atención a aquello que podemos hacer por los demás y hacerlo.

Solo con pequeños detalles de ayuda y cooperación cada día nuestro organismo comenzará a mostrarnos los beneficios de tal actitud. Si conseguimos ignorar el bombardeo de noticias negativas y nos ponemos manos a la obra para construir un mundo de ayuda mutua, estaremos comenzando la construcción de un planeta en el que la vida será mejor para todos.

No obstante, algo que debemos de tener presente, es que antes de ayudar a los demás deberemos atender nuestras propias necesidades. Cuando damos desde un lugar de carencia lo que entregamos está vacío.


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Las quejas nos impiden ser felices

La ansiada felicidad es una meta que todo ser humano aspira alcanzar. En cualquier cultura o tradición las personas buscan ser felices. Para alcanzar dicha meta no siempre es necesario que ocurra algo en el exterior. Ser felices depende, sobre todo, de pequeños gestos del día a día y de nuestra intención inquebrantable de serlo. Uno de esos hábitos diarios a evitar, si queremos ser felices, son las quejas. Cuando nos quejamos alejamos de nuestro horizonte muchos motivos para la felicidad. De hecho, las quejas nos obligan a observar la realidad de una manera pesimista haciendo que aquello de lo que nos quejamos se magnifique.

Vivir no es fácil ¿o sí?

Desde niños recibimos la creencia de que vivir no es fácil. Hemos de reconocer que, en ocasiones, las cosas se ponen «difíciles» y quejarse es muy humano. Sin embargo, la queja constante, convierte la vida en algo que no aceptamos y que se nos hace cuesta arriba. Una cosa es reconocer la dificultad de una situación en concreto y otra expresar una queja a cada paso que damos. Al final, la interpretación que damos a lo que sucede solo depende de nosotros. Además, si algo ya ha sucedido es absurdo no aceptarlo porque no va a dejar de existir. Abrazar lo que nos sucede es la mejor manera de dar un paso hacía la felicidad.

Autobservación

Si quieres dar un giro a tu vida y convertirte en una persona más feliz, lo primero que debes de hacer es autoobservarte. Quizá, de manera automática, las quejas se hayan convertido en tu respuesta a la mayoría de las situaciones. De esta manera, tu posición ante la vida es la de alguien que condiciona su felicidad a las circunstancias externas. La vida se convierte entonces en un intento de controlar que todo suceda como yo quiero. Si no es así, me quejo… Con esta actitud se sufre en buena medida y olvidamos la magia que la vida nos ofrece gracias a las sorpresas.

La decisión de ser feliz

El primer paso hacía una vida feliz es decidir que quieres serlo. Si abandonamos las quejas y decidimos poner atención en aquello que nos hace afortunados, la vida cambia. Cada día convivimos con infinitas razones para ser felices que pasamos por alto. Todas esas cosas son tan sencillas como importantes. Por ese motivo, cuando elegimos poner atención a aquello que sí nos gusta y desviar la atención de lo que no nos gusta, somos más felices. Además, es muy posible, que con el tiempo, podamos comprobar que aquello de lo que nos hubiéramos quejado es lo mejor que podría habernos ocurrido.

Si conseguimos vivir una vida más pausada y ponemos más atención a cada instante que vivimos podremos observar las maravillas que nos rodean. La queja está basada en los automatismos que desarrollamos al vivir a toda velocidad y que opacan la verdadera dicha. ¡Comienza a vivir una vida más consciente!


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Bután y su secreto de la vida feliz

Vivir feliz es el sueño de todo ser humano. Sin embargo, son pocas las personas que consideran que son felices. Desde tiempos remotos, el hombre ha buscado el secreto de la felicidad bebiendo de diferentes fuentes. Aun así, no hemos llegado a conclusiones que nos indiquen el camino hacía la verdadera felicidad. Sin embargo, existe un territorio escondido tras el Himalaya, que es conocido como «el país de la felicidad», este país es Bután. En este artículo vamos a ver cuál es el secreto que encierra este pueblo para ser denominado de esa manera.

Unsplash/Pema Gyamtsho

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Bután

En medio de hermosos paisajes de grandes bosques, exuberantes selvas e inmensas montañas se encuentra el Reino de Bután. En todo este maravilloso escenario también se localizan fantásticos templos budistas cargados de belleza. Este lugar es considerado como uno de los países más felices del mundo. Uno de sus grandes logros ha sido conseguir conservar su tradición y su cultura prácticamente intactas.

Su autenticidad es debida, sobre todo, a que no recibe un turismo masificado ya que se controla la entrada de viajeros. El gobierno de Bután tomó la decisión de medir el bienestar de su gente con un Índice Nacional de Felicidad, a diferencia de el indicador clásico que utilizan otros países, el Producto Interior Bruto (PIB)

Unsplash/Gaurav Bagdi

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El secreto de la felicidad

En la cultura occidental, hemos ido desplazando el acto de morir hasta convertirlo en algo que se hace casi a escondidas. Antiguamente, lo habitual era que la muerte formara parte de la vida de las personas. En la actualidad, vivimos como si la muerte solo les sucediera a otros. Existe una tendencia a evitar todo lo relacionado con la muerte. Se evita en las conversaciones, los muertos se velan poco o nada y, en muchas ocasiones, enterramos a los muertos demasiado pronto. De esta manera, tenemos la sensación que eso de morir no va con nosotros…

Por el contrario, en Bután, sus habitantes tienen la costumbre de pensar en la muerte, al menos, cinco veces cada día. Desde pequeños los niños adquieren ese hábito que los adultos estimulan. Además de esto, la sociedad butanesa ensalza la muerte por medio de imágenes y símbolos llenos de color y belleza. Esta aceptación del proceso de morir hace que la vida sea más plena y consciente y que el vivir tenga más significado.

Esto no quiere decir que los habitantes de Bután no experimenten la tristeza. La diferencia con los países occidentales es que ellos no intentan deshacerse de ella, la aceptan. Además. el hecho de tener la muerte tan presente, les obliga a valorar la vida en todo su amplitud

Unsplash/Karun Giri

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Tomando el ejemplo de Bután, podemos incluir en nuestras prácticas diarias la meditación acerca de la finitud de nuestra vida. Esto dará una dimensión más real a nuestro día a día y nos hará valorar aquello que sucede a cada momento y disfrutar de ello.


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¿Qué es el Theta Healing?

Nuestra mente no siempre funciona de la misma manera. En nuestro cerebro se originan impulsos eléctricos que circulan por nuestras neuronas originando las ondas cerebrales. Las más habituales son alfa, beta, theta y delta. Las onda alfa son las que aparecen en estados meditativos, las beta cuando estamos despiertos, las theta al dormir y las delta solo durante el sueño muy profundo. El Theta Healing es una técnica de sanación basada en utilizar las ondas Theta, que son las de mayor amplitud y menor frecuencia, para acceder rincones desconocidos de nuestra mente.

Origen del Theta Healing

Esta técnica fue creada por Vianna Stibal en el año 1995. Vianna Stibal es una maestra de meditación y espiritualidad que durante un proceso personal de enfermedad logró, gracias a esta herramienta, devolver la salud a su cuerpo físico. Gracias a su profundo trabajo descubrió como las creencias y emociones pueden afectarnos a diferentes niveles. Desde ahí, creó un itinerario para hallar el origen de esas creencias y observó que, debido a ellas, creamos enfermedades y problemas en nuestra vida. La técnica de Vianna es primordial para cambiar aquellos patrones que nos impiden crear y vivir la realidad que deseamos.

Pixabay/geralt

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Qué es el Theta Healing

Podemos definir el Theta Healing como un método de meditación que nos apoya en el cambio de patrones limitantes. Se lleva a cabo únicamente en un estado de relajación profunda en el que las ondas cerebrales son predominantemente Theta. El estado Theta aparece durante la hipnosis y en el estado REM del sueño. Las ondas cerebrales bajan hasta una frecuencia de 4-7 ciclos/segundo. Estas ondas cerebrales podrían considerarse el origen del subsconsciente ya que gobiernan nuestra mente consciente e inconsciente y atrapan memorias y sentimientos. Por este motivo ese subsconsciente es el que dirige muchos de nuestros comportamientos sin que nuestra voluntad intervenga.

Cuando estamos en una sesión de Theta Healing logramos conectar con nuestra fuente. Gracias a esta conexión, es posible hacer preguntas, visualizar distintas opciones, observar creencias destructivas y reprogramar otras más positivas.

Pixabay/geralt

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Beneficiós de esta técnica

Es importante señalar que para obtener los beneficios de esta herramienta es importante contar con la presencia de un profesional. Solo una persona experimentada sabrá conducirnos al estado Theta.

Gracias al Theta Healing podemos experimentar una elevación de nuestra vibración y reafirmar qué realidad queremos crear. En este estado, llegamos a comprender que somos nosotros mismos los que tenemos la llave para nuestra felicidad. Desde ese estado será mucho más fácil tener control sobre nuestras vidas y romper aquellas creencias que no apoyan nuestro mayor bienestar.

Pixabay/Free-Photos

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Nada de lo que ocurre fuera de nosotros puede afectarnos si así lo decidimos. Dentro de nosotros se encuentra el timón de nuestra vida.

 

 


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La diferencia entre felicidad y alegría

La alegría está pasada de moda. Hemos relegado esta bella palabra al olvido y ha sido sustituida por otra palabra parecida pero que no es igual: la felicidad. Podría parecer que ambas palabras son similares. Sin embargo, cada una de ellas nos habla de cosas muy diferentes. Vamos a ver en que consiste la diferencia.

Alegría en momento presente

Cuando yo era una niña la alegría era un estado en el que muchas personas se encontraban de manera natural. Esta alegría no tenía nada que ver con nada exterior a la persona que lo experimentaba. Recuerdo a personas cantando mientras hacían cosas que hoy en día serían consideradas como trabajos pesados y que nadie querría realizar. Sin embargo, esta alegría acompañaba a muchas personas.

Unsplash/Cok Wisnu

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En general, si miramos hacía el pasado es fácil darnos cuenta de que la cantidad de confort y bienestar era menor, según nosotros lo juzgamos en este momento. Pocas gratificaciones eran instantáneas, la vida tenía un ritmo bien diferente. Eran pocas las personas que se pasaban el día corriendo como se hace hoy en día. La forma de entender el mundo era radicalmente distinta. El hecho de no obtener las cosas a golpe de botón, como en la actualidad, hacía que el tiempo tuviera otro significado. Se podía vivir en el presente tranquilamente. Los sueños de futuro no empujaban a la gente hacía la próxima experiencia de manera urgente. En general, no se perseguía la felicidad a cualquier precio. De esa manera, vivir el presente con alegría era algo que muchas personas hacían de manera habitual.

Felicidad, un sueño de futuro

Según nuestra sociedad se fue mecanizando las cosas comenzaron a cambiar. Teóricamente, todo comenzó a ser más fácil y mucho más rápido. Nos vendieron que esa facilidad y rapidez eran grandes ventajas. Pero ¿es esto una realidad?

Unsplash/John Jason

Unsplash/John Jason

La aceleración que caracteriza nuestra forma de vivir nos ha sacado de nuestros ritmos naturales. Esos ritmos, que la naturaleza sigue conservando, son los que nos permiten vivir de una manera armoniosa. Toda ese culto a la velocidad solo ha conseguido movernos de nuestro verdadero centro y hacernos anhelar algo que llegará en algún momento para hacernos sentir bien. Eso algo se ha venido a llamar felicidad. Son muchos los eslóganes publicitarios que nos prometen «alcanzar la felicidad» a cambio de esto o aquello. Pero ¿realmente, la felicidad se «alcanza» o se nos escapa de las manos de manera continua?

Alegría y felicidad de la mano

Si queremos realmente ser felices tenemos que ser capaces de cultivar la alegría. La alegría, esa palabra que huele a primavera, está dentro de nosotros esperando ser descubierta. Sin embargo, mientras que nuestro interés esté puesto en alcanzar la felicidad, la alegría seguirá siendo sofocada y anulada.

El ser humano aterriza en la materia con la alegría integrada entre sus muchas funciones. Es la alegría que acompaña a los niños cuando son pequeños y aún no han sido adiestrados por los adultos. Es la alegría sin causa que sentimos cuando nos hacemos uno con aquello que hacemos. Esa alegría es la verdadera felicidad que nuestra sociedad nos vende con promesas de futuro. Solo de nosotros depende darnos cuenta de dónde se encuentra realmente.

 

¡Despertemos del sueño en el que estamos sumidos! Ser feliz es posible pero solo aquí y ahora. La felicidad siempre vendrá de la mano de la alegría de vivir que nos ofrece el momento presente.

 

 


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Thich Nhat Hanh. El sufrimiento

¿Quién no quiere evitar el sufrimiento? Creemos que el sufrimiento es el responsable de que no experimentemos felicidad. Sin embargo, según Thich Nhat Hanh, sin sufrimiento no es posible la felicidad. ¿Es eso una realidad?

Thich Nhat Hanh

Este monje budista, también conocido como Thay, nació en el año 1926 en Vietnam. Desde los dieciséis años entró a formar parte de una comunidad budista Mahayana. Además de ser un gran activista por la paz, Thay es autor de más de cien libros. Así mismo, ha sido nominado para Premio Nobel de la Paz.

Thich Nhat Hanh

Thich Nhat Hanh

Thich Nhat Hanh ha hecho de su enseñanza una combinación de la psicología tradicional y la práctica zen más actual. Gracias a todo su trabajo la influencia del budismo se ha ido filtrando en nuestra cultura occidental.

No huyas del sufrimiento

La gran sabiduría de Thich Nhat Hanh nos enseña que existe una insondable conexión entre el sufrimiento y la felicidad. Solo es cuestión de saber como utilizar el sufrimiento para que de él surja la felicidad. Thay nos explica que si queremos crear flores de loto también necesitamos el barro. Compara el sufrimiento con el barro para darnos a entender que sin sufrimiento no encontraremos la felicidad.

Unsplash/Motoki Tonn

Unsplash/Motoki Tonn

El secreto, explica Thay, es ser capaces de observar el sufrimiento y mirarnos profundamente en su naturaleza. Según su forma de verlo, el sufrimiento es un arte que nos conduce a remansos de paz insospechados si no lo rechazamos. Es importante reconocer nuestro sufrimiento si queremos transmutarlo.

Meditación consciente

La meditación es una herramienta que nos ayuda a profundizar en nosotros mismos y aceptar nuestro sufrimiento. Al meditar podemos convertirnos en el testigo de aquello que ocurre en nuestro interior y abrazar esos sentimientos que antes considerábamos indeseables. Ese abrazo implica plena conciencia de ese sufrimiento y consigue que suframos menos. Desde ese abrazo y consciencia podremos seguir avanzando hasta conseguir alcanzar un sentimiento más positivo.

Respirar y sentirse vivo

La práctica que nos sugiere Thich Nhat Hanh es sencilla y poderosa. Simplemente respirando de manera consciente podemos traer alegría y consciencia a nuestra vida. Esta consciencia nos ayuda a estar en el momento presente que es donde se encuentra la vida.

Inspirando me siento vivo y expirando sonrío a la vida y me siento feliz. Este es el mantra que recomienda Thay para sus meditaciones. La plena conciencia es un estado que todos podemos generar y que nos ayuda estar en el aquí y el ahora. Es justo ahí donde se encuentra la vida. El pasado ya se ha ido y el futuro aún no ha llegado. Tenemos una cita con la vida justo en este momento. Si pierdes tu atención, pierdes esa cita con la vida. Cada paso, cada respiración, te trae a la vida. Haciendo la respiración consciente durante cierto tiempo, nuestra conciencia se centrará y comenzaremos a conectar con la felicidad independientemente de la situación que estemos atravesando.

Pixabay/mohamed_hassan

Pixabay/mohamed_hassan

La respiración consciente nos conecta con el río de la vida y nos empuja a sentirla con toda su intensidad. En ese sentir no existen angustia, miedo ni tampoco pasado o futuro. La mente que continuamente nos otorga el sufrimiento habrá desaparecido para dejar paso a una realidad que antes estaba velada.

Cualquier situación puede ser vivida desde la consciencia y transformada en crecimiento y paz. Lo único que nos lo impide es el continuo bombardeo de pensamientos que nuestra mente nos oferta.

Te dejo una preciosa meditación de Thich Nhat Hanh para conectar con el sufrimiento y transformarlo en amor.

 

 

 


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¿Y si no tuviéramos que perseguir la felicidad?

Cada día son más los libros y cursos que nos empujan a buscar o conseguir la felicidad. Parece que estamos obligados a ser felices en todo momento y situación y, si no lo conseguimos, algo no estamos haciendo bien. Esta danza en pos de la felicidad nos empuja a la continua búsqueda de aquella experiencia que nos asegure encontrarla. Sin embargo, vivimos en un momento en el que son muchas las personas que están deprimidas, ansiosas o tristes. ¿Qué estamos haciendo mal?

¿Quién nos promete felicidad?

Hasta no hace mucho tiempo la vida ordinaria de cualquier persona incluía tanto alegría como tristeza y esto se aceptaba mayoritariamente. El ritmo general de la vida de las personas era mucho más lento que el que vivimos hoy en día. La necesidad de nuevas experiencias existía en su justa medida. De esa manera, en la aceptación de que la vida tiene sus luces y sus sombras se desarrollaba la existencia de nuestros antepasados.

Fuente: Unsplash/Roman Kraft

Fuente: Unsplash/Roman Kraft

Hoy, sin embargo, se nos vende por todas partes la persecución de la felicidad a toda costa. Algunas veces, es hasta un poco vergonzoso no conseguir ser lo suficientemente felices…. ¿De dónde viene esa moda de querer ser felices a cualquier precio evitando la vida en su conjunto? ¡Está muy claro! Para ser felices, nos dicen, debemos comprar, adquirir, viajar, y lo que haga falta… Si hacemos todo esto, se nos promete que alcanzaremos una felicidad perenne. ¿Es eso verdad? ¿No es cierto que una vez que hemos comprado, adquirido o viajado, volvemos a lo mismo de siempre? ¿No es cierto que la promesa de la felicidad se queda solo en una promesa?

Tenemos permiso para no ser felices

¿Y si te dijera que tienes permiso para no ser feliz? La vida humana conlleva un gran numero de situaciones que nos hacen sentir de diferentes maneras. La negación de los momentos tristes o angustiosos no hará que dejen de existir. Tenemos permiso y debemos dar a nuestras emociones «negativas» el protagonismo que merecen. Llegan a nosotros para ser observadas, atendidas y abrazadas. No son la basura que tenemos que meter debajo de la alfombra para no ver. Si nos permitimos ser infelices sin miedo no obstaculizaremos el fluir de la vida.

Fuente: Pixabay/Luis Galvez

Fuente: Pixabay/Luis Galvez

Acepta tus momentos tristes, tus angustias, tus llantos. Todos ellos forman parte de lo que eres. No rechaces ninguna emoción y no te esfuerces en hacer que desaparezca rápidamente.

La felicidad no se busca, se siente

En contra de lo que la publicidad nos hace creer no existe nada externo que nos vaya a proporcionar la felicidad. Tampoco es necesario que nos obsesionemos con encontrar la felicidad. La verdadera felicidad es algo que aparece sin objeto que lo acompañe. Ser feliz es un estado que se alcanza o aparece en nuestro interior. Somos felices cuando ponemos atención en cada momento que vivimos. Sin nada que lo origine podemos experimentar gozo dando a lo cotidiano el valor que tiene. Gozo es recordar que contamos con un día más para exprimirlo a nuestro antojo.

Fuente: Pixabay/Max Andrey

Fuente: Pixabay/Max Andrey

 

No busques la felicidad, encuéntrala en la aceptación de ti mismo y de todo lo que aparece en tu vida cada día.

 


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Estar presente te ayuda a ser más feliz

Nos quejamos a menudo de que la vida se nos escapa de las manos. Tenemos la idea de que el tiempo se empeña en ir cada vez más deprisa. En cierta medida, no nos falta razón. Aún así, existe una manera de hacer que el tiempo se dilate para brindarnos otra forma de vivir que nos hará sentir mucho más satisfechos. Para poder acceder a esta nueva forma de vida es imprescindible que pongamos toda nuestra atención en cada cosa que hagamos.

Nuestra sociedad genera personas infelices

La sociedad de la que formamos parte se caracteriza por el culto a la velocidad y el cortoplacismo. Nuestra atención siempre está puesta en hacer todo muy deprisa para poder llegar al futuro cuanto antes. El presente se considera simplemente un medio para ello. Debido a ello, esta sociedad genera personas inconscientes y sobre todo cada vez más infelices.  Hemos vendido nuestra felicidad a una promesa ficticia de futuro. El futuro cuando llegue será presente y, de nuevo, se nos irá de las manos.

Fuente: Pixabay/geralt

Fuente: Pixabay/geralt

Cada jornada, desde que nos levantamos, nuestro vivir se convierte en una frenética carrera. Solo hay que salir a la calle de cualquier ciudad y disponerse a observar para darse cuenta de ello. Todo el mundo se mueve muy deprisa y de forma inconsciente. Lo más curioso es que esta es la forma normal de vida de la mayoría de las personas y no es fácil darnos cuenta de que no es lo más natural. No obstante, cada vez es más difícil encontrar gente feliz o que esté a gusto con la vida que llevan. Sin embargo, volver a disfrutar de la vida es posible. Además, no es necesario, en la mayoría de los casos hacer cosas diferentes a las que normalmente hacemos.

Estar presente te transporta al corazón de la vida

¿Cuándo fue la última vez que pusiste toda tu atención en lo que estabas haciendo? Seguro que ya ni siquiera lo recuerdas. Este tipo de atención solo la utilizamos cuando estamos aprendiendo a hacer algo que es nuevo. Sin embargo, cuando aquello que estábamos aprendiendo se convierte en cotidiano, comenzamos a vivir en automático y a dejar de disfrutar de la vida.

Si te has cansado de vivir a máxima velocidad . Si sientes que nada te satisface y que el tiempo se te va de las manos, ha llegado el momento de que intentes vivir de forma más consciente. Esta nueva forma de vida es más fácil de lo que puedas creer. Solo hace falta un poco de tiempo y constancia.

Cuando vivimos poniendo toda nuestra atención en aquello que hacemos, sea lo que sea, nuestra consciencia aumenta. En un principio resulta bastante difícil por muy sencillo que parezca. Esta práctica tan modesta es capaz de colorear nuestra vida de alegría y bienestar casi sin que nos demos cuenta.

Fuente: Pixabay/Stephen Leonardi

Fuente: Pixabay/Stephen Leonardi

 

Dale toda tu atención a cada cosa que hagas

Comienza el día poniendo toda tu atención en todo aquello que hagas. En tu aseo personal, tu desayuno, el aroma del café, el placer de caminar, la facilidad de la respiración, etc.  No des más importancia a una actividad que a otra. Todas ellas son merecedoras de toda tu atención. La sensación del agua de la ducha al caer por tu cuerpo, por ejemplo, tiene que ser tan importante como la reunión de trabajo a la que antes le dabas más importancia. Si estás presente en cada pequeña cosa que hagas a lo largo del día, la vida se transforma de forma mágica en una vida vivida de verdad y el tiempo se dilata haciéndonos disfrutar de esta maravillosa experiencia qué es vivir.

Hay muchas actividades que te pueden servir de ayuda. Todas aquellas prácticas que serenan la mente serán tus aliadas. Por ejemplo, la meditación o el yoga, son estupendas herramientas para practicar esta nueva forma de vivir.