Ya no son tiempos de maestros

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Ya no son tiempos de maestros

A lo largo de la historia de la humanidad encontramos personas que han marcado todas las culturas por ser líderes de diferentes movimientos. Dentro de la espiritualidad, aquellos que han sido seguidos por otros, han sido llamados maestros. Gracias al discurso de todos estos seres que han marcado tendencias, un gran número personas han encontrado respuesta a muchas de sus inquietudes.

Vivimos en un momento en el que a muchas personas la guía externa se nos empieza a quedar pequeña. Tenemos la sensación de que nos falta algo pero no sabemos qué es. Eso que buscamos se encuentra dentro de nosotros esperando ser reconocido, siempre estuvo ahí. Sin embargo nos falta práctica, no sabemos como encontrarlo.

La humanidad ya ha madurado

Como si de niños pequeños que están aprendiendo se tratara, los seres humanos hemos necesitado de los maestros que nos llevaran de la mano durante mucho tiempo. Gracias a todos ellos, nuestro avance en la espiritualidad ha sido más fácil. Podríamos decir que estos seres han sido nuestro apoyo mientras no éramos capaces de caminar por nosotros mismos. En la actualidad, el momento ha llegado, ya no necesitamos esa mano porque hemos crecido. Los maestros han sido la muleta de la que ya podemos prescindir.

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Cada persona es única

El papel de los maestros ha sido muy positivo pero también nos ha restado poder. Al seguir el camino marcado por otras personas nos hemos visto obligados a dejar de transitar el nuestro en particular. Cada persona en este planeta tiene un propósito y es única e irrepetible. Esa singularidad no se contempla en los grupos que siguen gurús o maestros que dictan las reglas. Además, cuando seguimos a otros, tendemos a idealizar su forma de vivir o de actuar e intentamos imitarlo aunque no tenga nada que ver con nosotros. El poder que nos habita solo se hace visible cuando somos fieles a lo que sentimos individualmente.

La guía interior

Si pasamos mucho tiempo sin utilizar una parte de nuestro cuerpo, esta se atrofia en cierta medida. Un brazo que fue escayolado, por ejemplo, tardará en volver a funcionar correctamente. De la misma manera, tras mucho tiempo siguiendo maestros que nos dictan aquello que debemos hacer o sentir, es muy posible que no sepamos qué es exactamente lo que nosotros sentimos de verdad.

Afortunadamente, nuestra guía interior nos acompaña desde siempre. No por no ser escuchada ha dejado de estar activa. Todo ser humano está habitado por un alma que sabe que sabe muy bien qué es lo que más le conviene. El secreto está en poner atención. Para eso, lógicamente, hace falta un tipo de vida más consciente y un ritmo más lento, en general.

Cada persona tiene acceso directo a su sabiduría interior. Si aminoramos nuestro ritmo de vida y escuchamos, sinceramente, lo que sentimos, podremos acceder a la información que nos envía nuestra alma.  De esta manera, nuestra vida fluirá de forma más armoniosa y tranquila.