Sufrimiento, ¿es necesario?

  • 0

Sufrimiento, ¿es necesario?

En general, los seres humanos nos esforzamos por evitar el sufrimiento. En la educación en polaridad que hemos recibido se nos ha enseñado a buscar «lo bueno» y evitar «lo malo». Lo que no nos gusta es lo malo y lo que nos gusta es lo bueno. De esta manera, nuestro vivir se desarrolla en la creencia que el sufrimiento no es necesario. ¿Es esto cierto? ¿Somos capaces de crecer y evolucionar solo a base de placer, paz y alegría?

Olvidamos el agradecimiento.

Los adultos, habitualmente, tendemos a dar las cosas por sentado. Nos cuesta ver la novedad que cada momento encierra y por eso no lo valoramos. Tenemos la impresión de que nada cambia y, a la vez, buscamos de manera continua lo nuevo. De eso saben mucho los expertos en marketing y publicidad. Esta actitud nos hace olvidar la importancia de apreciar y agradecer lo que a cada momento sucede.

La ilusión del control

La vida, en su infinita sabiduría, se desarrolla de manera perfecta y equilibrada. Sin embargo, nosotros creemos que tenemos que controlar lo que sucede. Para ello nos ofuscamos en perseguir aquello que creemos que es mejor para nosotros. Ponemos toda nuestra energía en esa búsqueda creyendo que eso nos dará la felicidad. Sin embargo, cuando aquello llega, se nos escapa de las manos y pocas veces sabemos disfrutarlo de verdad.

Apreciar lo que sucede

El grado de satisfacción que experimentamos en la vida depende en gran medida de cómo interpretamos lo que nos sucede y de la atención que ponemos en esos sucesos. Habitualmente, le damos nula importancia a los hechos que nos producen bienestar. Son pocas las personas que se levantan cada mañana agradeciendo un nuevo día.

Unsplash/Joshua Earle

Unsplash/Joshua Earle

Cuando estamos enfermos prestamos mucha atención a nuestra enfermedad y al sufrimiento que nos provoca. Toda nuestra atención se centra en la esperanza de que aquello pase y en los síntomas que nos obligan a cambiar nuestro vivir. Nos quejamos y lamentamos de la situación todo el tiempo que dure. Sin embargo, cuando nos recuperamos, la alegría de estar sanos no nos dura más allá de un par de días. ¿Quién se levanta de manera habitual con verdadera alegría de sentir salud? ¿Quién disfruta verdaderamente de la ducha o del desayuno cada mañana? Pocas personas… Lo normal es no valorar ni poner atención en lo que sí nos va bien.

Sufrir nos empuja

Cualquier tipo de sufrimiento supone un alto en el camino. Da igual si hablamos de una enfermedad, una ruina económica o la muerte de un ser querido. El caso es que cualquiera de estas situaciones nos obliga a detener nuestro vivir inconsciente y nos lleva a plantearnos cosas que, de manera natural, nunca nos plantearíamos. Después de cualquier situación de estas características nuestra visión del mundo y de la realidad cambia en gran medida.

Unsplash/Luis Galvez

Unsplash/Luis Galvez

Entonces, si el sufrimiento es el impulsor del crecimiento personal y de la mayor consciencia, ¿es esta la única forma de crecer? La respuesta es un rotundo no. Solo necesitamos aminorar nuestra velocidad y aprender a disfrutar de lo que vivimos cada día con atención plena. Cuando vivimos plenamente en el momento presente, la vida se nos revela mágica y perfecta y la necesidad de que aparezca el sufrimiento desaparece.


  • 0

Slow Food: alimentación sin prisa

Uno de los pilares de la buena salud es llevar una dieta adecuada. Aún así, además de qué comemos deberemos poner atención al cómo lo hacemos. La filosofía Slow Food -comida lenta- apuesta por una forma de alimentarnos más consciente y tranquila. También enfatiza en el consumo de alimentos de procedencia cercana y da importancia a la forma en que los cocinamos.

Origen de Slow Food

El movimiento Slow Food comenzó en Italia en el año 1986. Todo sucedió a raíz de la inauguración de un restaurante de comida rápida en Roma. Podríamos decir que se originó como una respuesta en contra a la proliferación de los restaurantes de comida rápida. Fue un grito a favor del placer de disfrutar de la comida sin prisa y el consumo de productos de origen local.

Pixabay/Domokus

Pixabay/Domokus

Con el tiempo, miles de personas se fueron uniendo, llegando a ser 130 países en los que se practica esta tendencia. De hecho, en el año 2004, la FAO reconoció el movimiento como organización sin ánimo de lucro y comenzó a colaborar con ellos.

Una opción más solidaria

Esta alternativa diferencia a los productores, comerciantes y gastrónomos que hacen el esfuerzo de distribuir los productos que se denominan «alimentos y platos del Arca», haciendo alusión al Arca de Noé. También se da mucha importancia a la conservación de la variedad tanto de plantas cultivadas como de animales para el consumo.

Una mirada hacia atrás

La verdad es que este movimiento no está inventando nada nuevo. Podríamos decir que se trata de volver a lo que antes se hacía de manera natural. Antiguamente, en la cocina se utilizaban los productos de temporada y que se producían en los alrededores. También se hacían las comidas a fuego lento y los alimentos no se fumigaban con pesticidas. Así mismo, se respetaban los ciclos de la naturaleza. Si a esto añadimos el hecho de que la familia se sentaba a la mesa de forma tranquila y sin mirar la televisión, nos daremos cuenta de la semejanza con la corriente Slow Food.

Pixabay/JamesDeMers

Pixabay/JamesDeMers

Cómo practicar el Slow Food

Todos sabemos que nuestra salud física y psicológica se resiente al vivir en la sociedad de las prisas en la que estamos inmersos. Si eres de las muchas personas que están planteándose vivir a un ritmo más lento, esta llamada a una alimentación más consciente te interesará.

Vamos a ver algunas de las formas en las que puedes aplicar esta tendencia en tu día a día:

  • Intenta comer solo si tienes tiempo para comer despacio. El hecho de tener el estómago vacío un rato siempre será más beneficioso para el organismo que llenarlo a toda prisa de comida basura.
  • Reflexiona a menudo acerca de la procedencia del alimento que tienes en el plato. ¿Cuántos kilómetros ha viajado antes de llegar a mi? ¿Su producción ha supuesto sufrimiento o indignidad a personas o animales?
  • Pon atención a lo que vas a comer. Observa la textura, el olor y el color con tranquilidad.
  • Mastica lentamente y saborea cada bocado.

Comer tranquilamente y de manera consciente nos ayuda a llevar una vida más en calma. Nuestra mente y todo nuestro organismo nos agradecerán esta práctica.


  • 0

Autoestima o autocompasión

Una buena autoestima, según la creencia popular, es sinónimo de bienestar. No obstante,  para alcanzar dicho estado es necesario estar por encima de la media. Pero, ¿podríamos estar todos por encima de la medía siempre? ¿O quizá para que unos ganen otros tienen que perder? La autoestima está relacionada con el competir con los demás y con la decepción si no consigo alcanzarla. Por el contrario, la autocompasión nos acerca a la comprensión, a la integración y a la aceptación.

Autoestima

Una buena autoestima tiene que ver con un buen concepto de uno mismo. Durante muchos años los psicólogos creían que una alta autoestima estaba relacionada con una buena salud mental. Sin embargo, actualmente, esto no está tan claro.

Pixabay/RonPorter

Pixabay/RonPorter

La baja autoestima está relacionada con la ansiedad, la tristeza o la depresión. Así mismo, la alta autoestima, si pensamos en cómo la adquirimos, también puede ser un problema.

Para tener un buen concepto de ti mismo es necesario que te consideres especial de alguna manera y por encima de los demás. No destacar en algo podría casi ser un insulto para aquellos que tienen alta autoestima. Entonces, si todas las personas tuvieran alta autoestima todos estaríamos por encima de la media, con lo que no habría media… Por este motivo, podemos ver que para sentirnos bien deberemos jugar a las comparaciones donde siempre habrá alguien que pierde. Y, por si esto fuera poco, si conseguimos que nuestra autoestima esté alta nos sentimos bien pero cuando fallamos tendemos a maltratarnos.

Competitividad y narcisismo

La sociedad en la que vivimos se caracteriza por un exceso de competitividad y mucho narcisismo. Muchos expertos en salud mental opinan que esto es debido al movimiento a favor de la autoestima que se lleva a cabo en las escuelas:»si eres mejor que los otros es bueno para ti» ¿Es esto cierto? ¿No estaría todo ello relacionado con todos los casos de bullying en los centros escolares?

Autocompasión

Este término, tan poco de moda hoy en día, nos habla de relacionarnos con nosotros mismos de manera amable. Nos acerca al abrazo de nuestra forma de ser en su totalidad. En general, nos empuja a tratarnos con cariño y aceptación, de la misma manera que trataríamos a un amigo muy querido.

Así mismo, la autocompasión apuesta por la humanidad compartida ya que nos ayuda a sentir que el sufrimiento que experimentamos es el mismo que sufren los demás seres humanos. En definitiva, se trata de aceptar la imperfección humana que todos compartimos y de esta forma sentirnos más unidos a los que nos rodean.

Pixabay/jimenaduran

Pixabay/jimenaduran

La lucha es innecesaria

La vida sin competitividad es una vida llena de paz y alegría. Si somos capaces de ver lo que nos acerca en lugar de lo que nos hace diferentes, llegaremos a la conclusión de que nadie es mejor o peor que nadie. Cada persona es diferente,única y repetible.

Cultivando la autocompasión podremos hacer extensivo este sentimiento a todos aquellos que nos rodean. ¡Mejor que una buena autoestima cultiva la autocompasión!