¿Qué es el yoga facial?

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¿Qué es el yoga facial?

La salud y el bienestar son dos grandes aspiraciones de todo ser humano. Para alcanzar esas metas tenemos a nuestra disposición diferentes técnicas y herramientas. Una buena alimentación, aire puro, sol y ejercicio moderado, son los ingredientes básicos para vivir de manera saludable. El yoga es uno de los ejercicios, denominados moderados, más recomendados para una vida sana. Dentro de esta filosofía encontramos una modalidad desconocida para muchas personas, el yoga facial. Aquí te vamos a contar en qué consiste.

¿En qué consiste el yoga facial?

Como ya hemos dicho, el yoga es una disciplina que se ha hecho muy popular en los últimos años. Además de conservar la elasticidad y tono de los músculos y estructuras corporales, nos ayuda a centrar nuestra mente y calmar nuestras emociones.

Los músculos de todo nuestro cuerpo necesitan ejercicio para mantenerse sanos y elásticos y los de nuestro rostro no podían ser menos. En general, ponemos mucha atención en la piel de la cara pero poca en la musculatura. Normalmente, el movimiento que llevamos a cabo con estos músculos es involuntario, quizá por eso no pensamos en ello.

Con el paso de los años y la falta de ejercicio los músculos faciales pierden firmeza y elasticidad. Nuestros gestos, poco a poco, van marcando arrugas y expresiones que hemos mantenido en el tiempo. El yoga facial nos ofrece ayuda ya que con sus ejercicios y cierta constancia los efectos del paso del tiempo se harán menos evidentes.

Ejercicios para practicar en casa

Para obtener los máximos beneficios de esta técnica lo ideal sería que un profesional nos asesore. No obstante, existen ciertos ejercicios muy fáciles de hacer que podemos practicar a solas. Con diez minutos al día, seis día por semana, es suficiente. Basta con repetir diez veces cada ejercicio.

Frente estirada

Cierra los ojos y eleva un poco hacia arriba la cara. Despacio, coloca las manos en el centro de la frente y tira hacia las sientes con las dos manos a la vez. Cuanto más despacio lo hagas mejor.

Masaje para los ojos

Este ejercicio activa el flujo sanguíneo en los ojos. Mantén los dedos a aproximadamente cinco centímetro de ellos y aprieta ligeramente a lo largo de las cejas y la cuenca. Solo hace falta una leve presión.

Óvalo facial

Pasando las manos por debajo de la mandíbula interior en dirección a las orejas se descarga gran parte de la tensión que acumulamos en esta zona.

Cara de trompetista

Se trata de acumular todo el aire que puedas en una mejilla y mantenerlo. Se hace primero en un lado y después en otro. Con este ejercicio se estira mucho la piel de las mejillas.

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Marylen

Aquí combinamos el trabajo de mandíbula y labios. Inclina la cabeza hacía atrás y lanza besos al aire. Después, volviendo la cabeza a la posición recta soplaremos con fuerza mientras apretamos mucho los labios.

Tornado

Este ejercicio debe de ser enérgico pero sin forzar demasiado. Es muy beneficioso para los labios. Cerramos la boca y apretamos un poco los labios. En esa posición pasaremos la lengua por el interior de los labios empujando y haciendo círculos concéntricos. El efecto de estiramiento se nota en seguida.

Unsplash/Nojan Namdar

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Aunque es bastante desconocido, el yoga facial es muy útil para nuestro bienestar. Con cierta constancia los resultados hablan por si solos.


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El Tao y la sonrisa interior

Encontrar cierto equilibrio en una sociedad que vive a toda velocidad es muy difícil. El ruido, las prisas y la incesante actividad nos hacen sentir que estamos desgatados. En ciertos momentos de máxima tensión, incluso, nos embarga la necesidad de salir corriendo y escapar… Unas vacaciones o un cambio de aires suelen ayudarnos a desconectar. Sin embargo, esto no siempre es posible. No obstante, sin salir de nuestra realidad, podemos encontrar diferentes técnicas que nos ayudan a sentirnos mejor y a encontrar remansos de paz. La «sonrisa interior taoísta» es una de estas herramientas.

Sonreír es muy saludable

Cada vez que sonreímos nuestro cerebro lo interpreta como una señal de satisfacción. Una sola sonrisa libera dopamina y serotonina en la cantidad suficiente para relajar todo nuestro organismo. Si mantenemos esa sonrisa, y la liberación de hormonas de la felicidad continua circulando por nuestro torrente sanguíneo podemos, incluso, regular nuestra tensión arterial y mejorar nuestro humor. Por si esto fuera poco, diferentes estudios han demostrado que aquellas personas que sonríen más a menudo tienen una vida más larga.

Unsplash/Omid Armin

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Sonrisa interior taoísta

Según la tradición taoísta, practicar la sonrisa interior es una buena forma de relajar la mente y el cuerpo. Con este tipo de sonrisa alejamos el estrés de nuestra vida de manera fácil.

La glándula tiroidea está conectada con nuestra sonrisa. Por ello, cada vez que sonreímos activamos dicha glándula y, por lo tanto, conseguimos relajarnos. Los taoístas dicen que cada vez que sonreímos todos nuestros órganos segregan ciertas sustancias que nutren nuestro organismo. Sin embargo, emociones negativas como la rabia o el miedo bloquean nuestra energía y deterioran nuestra salud.

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Cómo llevar a cabo la sonrisa interior

Vivimos constantemente mirando nuestro aspecto exterior. Este hábito nos hace olvidar que en nuestro interior también hay mucho de nosotros que nunca observamos. La sonrisa interior consigue llevar atención y sonrisa a todos nuestros órganos.

Esta técnica se lleva a cabo desde una relajación profunda o meditación. Desde ese estado, una vez que nuestra mente se haya calmado, la iremos llevando a cabo la práctica. Primero, visualizaremos una gran luz encima de nuestra cabeza que irá bañando todo nuestro cuerpo. Después, comenzaremos a sonreír mientras seguimos vigilando nuestra respiración. Imaginaremos también a una persona sonriendo frente a nosotros. A partir de ese momento, iremos recorriendo poco a poco todo nuestro cuerpo, empezando por la cara, llevando una sonrisa y reconocimiento hasta el último rincón. Sonreiremos a los pulmones, hígado, riñones, bazo, columna vertebral y cada uno de los huesos y músculos.

Esta meditación no debe exceder los quince minutos. Cada persona deberá decidir dónde quiere detenerse más tiempo, según se lo indique su intuición. Como todo lo sencillo, esta práctica es sumamente poderosa. Si nos habituamos a sonreír a nuestro cuerpo, cualquier problema de salud se solucionará más fácilmente.


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Dormir bien es muy importante

El buen dormir es imprescindible para conservar la salud. Cuando descansamos adecuadamente nuestro cuerpo puede llevar a cabo todas las funciones de limpieza y reparación. Gracias a todo este trabajo, al levantarnos por la mañana, tendremos energía disponible para comenzar el nuevo día. Además de esta energía física, también observaremos que nuestra forma de ver la vida es mucho más optimista que si no dormimos bien. Pero hay momentos en los que, debido a situaciones de estrés, nuestro sueño no es reparador y nuestra salud se resiente. ¿Qué podemos hacer para dormir mejor en momentos de tensión?

Dormir es un placer

Algo tan habitual y tan gratuito como el dormir bien es algo que, en cierta medida, está pasado de moda. Las horas de menos luz nos empujan a frenar la actividad, a hacer un hueco para la relajación. Sin embargo, son muchas las personas que en lugar de encontrar un remanso de paz y sosiego en este momento, utilizan la noche la utilizan para seguir haciendo cosas.

Un cuerpo sano y vigoroso es normal que despliegue su actividad durante el día. De la misma manera, según la estación del año, cuando la luz decrece, es normal que nuestro organismo nos pida el descanso. Si tenemos conexión con lo que ocurre en nuestro interior ese descanso se convierte en un verdadero placer. Sin embargo, si hemos tomado muchos excitantes o nuestra actividad ha sido excesiva, ese disfrute no sucede.

Vivir más despacio

Cuando viajamos en coche a toda velocidad es imposible frenar en seco de manera repentina. Para lograr una buena parada necesitamos reducir la  velocidad poco a poco. De la misma manera, cuando vivimos demasiado deprisa, será muy difícil que podamos descansar cuando lo necesitemos ya que la inercia de esa velocidad nos impedirá relajarnos.

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Una manera de vivir más tranquila y más consciente es el factor principal para asegurar un buen descanso. Aligerar nuestra agenda de ocupaciones sería el primer paso hacía un sueño tranquilo. No hace falta hacer tantas cosas y mucho menos hacerlas tan deprisa como acostumbramos. A esto podemos añadirle el intentar poner una hora límite para ir a dormir y respetarla en la medida de lo posible.

Ejercicio y meditación

El ejercicio físico, puede ser una de las causas por las que nos cuesta trabajo dormir bien. Lo primero que tendríamos que observar es a qué hora hacemos ejercicio. A última hora del día el cuerpo lleva a cabo una descarga hormonal que facilita el descanso. Si lo activamos con ejercicio intenso es muy posible que nos cueste conciliar el sueño. En su lugar, podemos optar por algún tipo de ejercicios que nos ayuden a relajarnos. La práctica del yoga, el tai chi o el chi kung son buenos ejemplos de actividad física que nos ayuda a descansar mejor.

Unsplash/Mor Shani

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Además de esto, podemos ayudarnos de la meditación. Antes de ir a dormir, una pequeña meditación en la que observemos nuestros pensamientos y respiremos de forma tranquila nos predispone a entrar en el sueño de forma más relajada.


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Sufrimiento

Sufrimiento, ¿es necesario?

En general, los seres humanos nos esforzamos por evitar el sufrimiento. En la educación en polaridad que hemos recibido se nos ha enseñado a buscar «lo bueno» y evitar «lo malo». Lo que no nos gusta es lo malo y lo que nos gusta es lo bueno. De esta manera, nuestro vivir se desarrolla en la creencia que el sufrimiento no es necesario. ¿Es esto cierto? ¿Somos capaces de crecer y evolucionar solo a base de placer, paz y alegría?

Olvidamos el agradecimiento.

Los adultos, habitualmente, tendemos a dar las cosas por sentado. Nos cuesta ver la novedad que cada momento encierra y por eso no lo valoramos. Tenemos la impresión de que nada cambia y, a la vez, buscamos de manera continua lo nuevo. De eso saben mucho los expertos en marketing y publicidad. Esta actitud nos hace olvidar la importancia de apreciar y agradecer lo que a cada momento sucede.

La ilusión del control

La vida, en su infinita sabiduría, se desarrolla de manera perfecta y equilibrada. Sin embargo, nosotros creemos que tenemos que controlar lo que sucede. Para ello nos ofuscamos en perseguir aquello que creemos que es mejor para nosotros. Ponemos toda nuestra energía en esa búsqueda creyendo que eso nos dará la felicidad. Sin embargo, cuando aquello llega, se nos escapa de las manos y pocas veces sabemos disfrutarlo de verdad.

Apreciar lo que sucede

El grado de satisfacción que experimentamos en la vida depende en gran medida de cómo interpretamos lo que nos sucede y de la atención que ponemos en esos sucesos. Habitualmente, le damos nula importancia a los hechos que nos producen bienestar. Son pocas las personas que se levantan cada mañana agradeciendo un nuevo día.

Unsplash/Joshua Earle

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Cuando estamos enfermos prestamos mucha atención a nuestra enfermedad y al sufrimiento que nos provoca. Toda nuestra atención se centra en la esperanza de que aquello pase y en los síntomas que nos obligan a cambiar nuestro vivir. Nos quejamos y lamentamos de la situación todo el tiempo que dure. Sin embargo, cuando nos recuperamos, la alegría de estar sanos no nos dura más allá de un par de días. ¿Quién se levanta de manera habitual con verdadera alegría de sentir salud? ¿Quién disfruta verdaderamente de la ducha o del desayuno cada mañana? Pocas personas… Lo normal es no valorar ni poner atención en lo que sí nos va bien.

Sufrir nos empuja

Cualquier tipo de sufrimiento supone un alto en el camino. Da igual si hablamos de una enfermedad, una ruina económica o la muerte de un ser querido. El caso es que cualquiera de estas situaciones nos obliga a detener nuestro vivir inconsciente y nos lleva a plantearnos cosas que, de manera natural, nunca nos plantearíamos. Después de cualquier situación de estas características nuestra visión del mundo y de la realidad cambia en gran medida.

Unsplash/Luis Galvez

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Entonces, si el sufrimiento es el impulsor del crecimiento personal y de la mayor consciencia, ¿es esta la única forma de crecer? La respuesta es un rotundo no. Solo necesitamos aminorar nuestra velocidad y aprender a disfrutar de lo que vivimos cada día con atención plena. Cuando vivimos plenamente en el momento presente, la vida se nos revela mágica y perfecta y la necesidad de que aparezca el sufrimiento desaparece.


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¿Sabes qué es la osteopatía?

El término osteopatía está cada vez más presente en las conversaciones que tienen que ver con dolencias físicas. Sin embargo, es muy posible, que muchas personas no tengan claro de qué se trata. De hecho, en muchas ocasiones, se confunde con la fisioterapia. Aquí te vamos a explicar qué es la osteopatía y para qué está recomendada.

Un poco de historia

El origen de la osteopatía lo encontramos en el año 1874 de la mano del Dr. Andrew Taylor Still. Parece ser que lo que le impulsó a hacer sus investigaciones fue la muerte de sus tres hijos 10 años antes a causa de una meningitis. El doctor Taylor entendía que la función orgánica estaba condicionada y relacionada con la estructura ósea. Por este motivo el observó que cualquier alteración a nivel musculoesquelético podría conllevar a un problema orgánico.

Andrew Taylor Still

Andrew Taylor Still

¿En qué consiste?

La osteopatía tiene una visión holística del cuerpo humano. Entiende que todos sus órganos y estructuras están conectados y forman un todo. Desde esta perspectiva, los tratamientos osteopáticos se dirigen a aliviar las dolencias procurando recuperar el equilibrio de todo el cuerpo.

Dentro de la fisioterapia también se incorporan ciertas técnicas de osteopatía. Por ejemplo, para tratar el dolor, el fisioterapeuta aplicará frio, calor, ejercicio terapéutico, luz, agua, electricidad o masaje manual. Por este motivo se suele decir que la osteopatía complementa y apoya los resultados de la fisioterapia.

Pixabay/tomasdelgado

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Tipos de osteopatía

En función de la parte del cuerpo que sea necesario tratar existen tres tipos de osteopatía:

Osteopatía estructural: está indicada para trabajar las restricciones de movilidad del aparato musculoesquelético y de la postura poniendo atención en la columna vertebral.

Osteopatía craneal: trabaja la correcta movilidad de los huesos craneales influenciando así el sistema nervioso.

Osteopatía visceral: se enfoca en equilibrar los órganos y vísceras para que la circulación sanguínea se normalice mejorando la movilidad propia de las vísceras.

¿En qué casos está indicada?

Son muchas las dolencias que se pueden tratar con esta técnica:

Patologías digestivas: Gastritis, estreñimiento, colon irritable, hernia de hiato, etc

Problemas musculoesqueléticos y osteoarticulares: contracturas, esquinces, tendinitis, radiculopatías, etc

Trastornos respiratorios: resfriados, sinusitis, asma, bronquitis, etc

Alteraciones genitourinarias: menopausia, incontinencia, dolor menstrual, etc

Dolores en el embarazo: ciáticas, lumbalgias, pubalgias, etc

Trastornos neuronales: migrañas tensionales, neuralgia trigeminal, etc

Pediatría: se utiliza con mucho éxito para cólicos del lactante y en otitis media infantil.

¿Tiene contraindicaciones?

El terapeuta deberá de tener en cuenta el estado general del paciente antes de llevar a cabo el tratamiento. Las personas que tengan patologías tumorales, reumáticas, vasculares o inflamatorias no podrán beneficiarse de esta herramienta ya que su organismo está debilitado en gran medida. Tampoco sería recomendable la manipulación en caso de cirugías recientes, prótesis o marcapasos. Los pacientes con trastornos psiquiátricos o neurológicos deberían abstenerse también.

Excepto en los casos anteriormente citados, las complicaciones son muy raras y casi no existen efectos secundarios, siempre que la técnica se lleve a cabo por un buen profesional.

La osteopatía, ligada a hábitos de vida saludables, es una estupenda herramienta que nos sirve de apoyo para una vida más feliz y plena.


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La fatiga adrenal en tiempos de estrés

El ser humano cuenta con una fuerza autocurativa que se tiene poco en cuenta en la actualidad. Como todo en la naturaleza, en nuestro interior se encuentra una fuerza creadora que tiende a la organización. En momentos de mucho estrés, es muy común que a nuestro cuerpo le cueste trabajo reequilibrarse y muestre síntomas que nos pueden alertar. La fatiga suprarrenal o fatiga adrenal es una de las manifestaciones de que estamos sufriendo una falta de equilibrio y salud.

Un poco de historia

De la misma manera que otras enfermedades relacionadas con nuestro estilo de vida, no hay demasiadas evidencias científicas que apoyen la llamada fatiga adrenal. Sin embargo, algunos científicos, como por ejemplo el Dr. James M. Wilsonhan estudiado este problema que tantas personas padecen. El Dr. Wilson volcó muchos de los resultados de sus investigaciones en el libro que publicó en el año 2001 Adrenal Fatigue: The 21st Century Stress Syndrome ayudando con su trabajo a miles de personas.

Unsplash/Finn Hackshaw

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¿Qué es la fatiga adrenal?

La hipadrenia o fatiga adrenal es un estado en el que las glándulas suprarrenales se encuentran agotadas. Debido a ello, la producción de hormonas es baja, y de esta manera, hay baja energía metabólica. Estas glándulas son las encargadas de segregar las hormonas relacionadas con el estrés como el cortisol. Si, por diferentes motivos, vivimos en un estrés continuo estás glándulas llegarán a la extenuación. Originalmente, este tipo de hormonas serían necesarias para momentos puntuales, no a largo plazo. El cuerpo humano no fue diseñado para vivir en continua tensión aunque en la actualidad sea la tónica general.

Síntomas de la fatiga adrenal

Este tipo de patología comparte síntomas con la enfermedad de Addison pero no son lo mismo. La persona con fatiga adrenal notará: debilidad, baja tensión arterial, insomnio, mala circulación, fatiga, bajo estado de ánimo, problemas digestivos y constantes deseos de orinar, entre otros. Normalmente, son personas que necesitan grandes dosis de café para poder afrontar su jornada cada mañana.

Soluciones naturales

Todos sabemos que es mejor prevenir que curar. Por este motivo, lo mejor que podemos hacer por nuestra salud es evitar llegar a ciertos límites. Aunque en la actualidad el estrés es nuestro habitual compañero, si queremos gozar de buena salud, es necesario hacer lo que esté en nuestra mano para evitarlo o, al menos, para reducirlo al mínimo.

Desde la alimentación es muy importante evitar los alimentos que contengan excitantes, azúcar y grasas de mala calidad. Una dieta en la que abunden cereales integrales, frutas y verduras será la más adecuada. Para aquellas personas que padezcan fatiga adrenal es imprescindible realizar ejercicio físico que no les agote. Las mejores opciones las encontraremos en el yoga, el pilates o el tai chi. Cualquiera de estas disciplinas se apoyan en ejercicios respiratorios que relajan nuestro sistema nervioso.

Pixabay/YogawithAmit

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La meditación también es una buena herramienta para poner distancia entre aquello que nos genera tensión y nosotros mismos. Esta técnica es capaz de situarnos en le papel del observador de aquello que nos ocurre y nos otorga la perspectiva necesaria para relativizar cualquier situación.


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La vitamina C y sus numerosos beneficios

A diferencia de los animales, los seres humanos no sintetizamos la vitamina C, necesitamos ingerirla para obtener sus beneficios. Esta vitamina hidrosoluble, también conocida como ácido ascórbico, es imprescindible para llevar a cabo numerosas funciones y, sobre todo, para que el sistema inmunológico funcione correctamente.

Para qué sirve la vitamina C

Como ya hemos dicho, estamos hablando de una vitamina hidrosoluble. Esto quiere decir que, aunque nuestro organismo guarde cierta cantidad, elimina por la orina lo que no es necesario. Eso nos indica que hay que tomarla de manera regular para evitar carencias.

Pixabay/Ri_Ya

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Esta importante vitamina es utilizada por el cuerpo para la reparación y crecimiento de tejidos. Entre otros, está implicada en los siguientes procesos:

  • Es la responsable de la reparación y mantenimiento de los dientes, cartílagos y huesos
  • Se encarga de fabricar una importante proteína que está implicada en la producción de vasos sanguíneos, ligamentos y tendones
  • Es imprescindible en la absorción del hierro
  • Es muy importante en la sanación de heridas y formación del colágeno.
  • Imprescindible para evitar el escorbuto
  • Parece ser que acorta los procesos gripales

Potente antioxidante

La vitamina C es un antioxidante muy importante. Los antioxidantes son los encargados de bloquear y prevenir gran parte del daño causado por los radicales libres. Estos radicales libres se producen con la descomposición de los alimentos o por la contaminación y la radiación. Están relacionados con la aparición de ciertas enfermedades y con el envejecimiento.

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¿Dónde encontramos vitamina C?

Las frutas y verduras son la mejor fuente de esta vitamina. Los cítricos, el kiwi, el mango, la sandía, la piña y la papaya son muy ricos en vitamina C. Los vegetales, siempre que se consuman crudos o ligeramente cocinados, también aportan una buena cantidad. El brócoli, los pimientos, espinacas, tomates y patatas son un buen ejemplo.

Existen también muchos complejos vitamínicos que contienen vitamina C. Lo ideal sería que con la dieta se obtuvieran las cantidades necesarias y evitar la suplementación. No obstante, el médico podría indicar la necesidad de tomar algún suplemento en caso de necesidad. Las cantidades diarias recomendadas van desde los 40mg hasta los 90mg, dependiendo del sexo y la edad.

Las personas fumadoras deberían añadir unos 40mg a su dieta ya que el tabaco incrementa la necesidad de esta vitamina.También se incrementa la necesidad de vitamina C en casos de dietas poco variadas, alcoholismo o en algunos tipos de cáncer. Las embarazadas y madres lactantes también deberían de tomar grandes cantidades de frutas y verduras frescas para hacer frente a sus necesidades de esta vitamina.

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La vitamina C es imprescindible y juega un papel muy importante en el buen funcionamiento de nuestro cuerpo. No obstante, siempre es importante que la fuente sea natural ya que en exceso nos puede perjudicar.


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Kuzu, alimento y medicina

En anteriores artículos hemos insistido mucho en los beneficios de consumir productos locales. Aún así, existen ciertos alimentos que, por sus interesantes propiedades, deberíamos tener en cuenta aunque vengan de lejos. El kuzu, muy valorado en la cocina tradicional japonesa, es uno de esos productos.

¿Qué es el kuzu?

El kuzu -también llamado kudzu- pertenece a la familia de las leguminosas. Proviene una planta denominada Pueraria lobata. La medicina tradicional china la considera como una de las hierbas fundamentales. Por ese motivo se le atribuyen numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Además de sus usos medicinales, el kuzu tiene otras muchas utilidades. Con esta planta se pueden confeccionar ropa y papel, cestos, jabones, lociones y fertilizantes. También se utiliza para controlar la erosión del suelo.

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¿Para qué sirve?

Este alimento se utiliza mucho en la cocina macrobiótica debido a todas sus propiedades curativas. Se trata de un polvo blanco que se obtiene a partir de las raíces de la planta. Tanto en China como en Japón, estas raíces se recogen de forma manual y se ponen a secar al sol siguiendo un proceso natural. Su principal actividad tiene que ver con la salud intestinal. Ayuda a fortalecer esta zona y regenera la microbiota. Actúa aportando equilibrio tanto en casos de estreñimiento como cuando hay diarrea. También es beneficioso para los espasmos intestinales de diversos orígenes. Gracias a su acción en el intestino, de manera indirecta, alivia las cefaleas, migrañas o vértigos.

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En casos de resfriado, tomándolo al notar los primeros síntomas, reduce tanto los síntomas como la duración. Tiene un alto poder alcalinizante y vigoriza a las personas que están muy cansadas. Se le ha llegado, incluso, a utilizar como un producto eficaz para tratar el alcoholismo.

¿Cómo utilizarlo?

El kuzu es un almidón, por lo tanto es necesario cocinarlo. Primeramente, se diluye el polvo en agua fría. Aproximadamente una cucharada por una taza de agua. Una vez diluido, lo ponemos en el fuego sin dejar de remover. Veremos como, poco a poco, el líquido que al principio era blanquecino se vuelve transparente. Si lo mezclamos con zumo de manzana queda dulce y es muy bueno para tomar antes de ir a dormir. En la cocina se puede utilizar como espesante si no queremos utilizar otras harinas que contengan gluten y a la vez beneficiarnos de sus propiedades. Se diluye en frío y se añade al plato dejándolo cocer un par de minutos. Para el malestar digestivo se puede hacer un té verde de tres años con kuzu, ciruela umeboshi y tamari. Aunque tiene un sabor fuerte sienta de maravilla.

Utilizar kuzu no es complicado y nos aporta muchas ventajas. No obstante no debemos confundirlo con otro espesante que se utiliza en muchos países llamado Arrurruz. Este último solo tiene valor culinario pero no nos ofrece las propiedades medicinales del kuzu.

 


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Reflexología podal y sistema inmunológico

Nuestro organismo necesita estar en equilibrio para conservar la salud. El sistema inmunológico es el encargado de que este equilibrio sea posible. Su principal función es asegurar que los microorganismos como bacterias, virus u hongos no sobrepasan los límites que se consideran saludables. La reflexología es una técnica que apoya el sistema de defensa de nuestro cuerpo.

El sistema inmunológico

Los glóbulos blancos son las células de nuestro cuerpo especializadas en inmunidad. Existen diferentes tipos de glóbulos blancos: neutrófilos, macrófagos, linfocítos B y T y células dendríticas que se producen en la médula ósea. Estas células del sistema inmunitario se encuentran en todo el organismo. No obstante, se concentran en mayor número en el bazo y en los ganglios linfáticos.

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El sistema inmune es capaz de recordar y archivar la identidad de cada patógeno que pudiera desequilibrar nuestra salud. Gracias a esta memoria, cuando pasamos una enfermedad ya no volveremos a tenerla de nuevo.

Nuestro delicado sistema de defensa

Cualquier situación o tensión que vivimos repercute en nuestro cuerpo y también en la respuesta de nuestro sistema de defensa. Las situaciones de tensión, tristeza, miedo o ansiedad hacen que todo el organismo se desequilibre y lo acuse. Así mismo, otro tipo de factores como el paso del tiempo y el envejecimiento, la dieta inadecuada o la falta de luz solar harán que nuestra respuesta inmunitaria sea más débil y por lo tanto seamos más propensos a la enfermedad.

La reflexología como apoyo al sistema inmunitario

Todo el organismo es una unidad y por eso todas sus partes están conectadas. Nuestros sentidos transmiten la información al cerebro a través de la médula espinal. Según la reflexología muestra, todo nuestro cuerpo está reflejado en los pies. Cada órgano tiene su punto equivalente. Cuando estos puntos son estimulados se influye directamente en la parte del organismo a la que corresponden. El estímulo será el detonante para que, allí donde sea necesario, se recobre el equilibrio y la salud.

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Esta técnica se aplica de forma manual presionando en diferentes zonas de los pies. Se puede considerar un masaje suave, aunque ligeramente intenso en algunos momentos. Después de una sesión de reflexología la sensación es de relajación física y mental. Solo esto ya es una gran ayuda para que nuestro cuerpo lleve a cabo su labor defensiva con facilidad. La reflexología también colabora en la eliminación de las toxinas y desechos de nuestro intestino, hígado, riñones, etc. Gracias a esa labor de desintoxicación dichos órganos funcionarán mejor. Otro efecto beneficioso de esta herramienta es la estimulación de la circulación linfática y sanguínea que contribuyen a que esos desechos sean expulsados con mayor facilidad.

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La reflexología podal abraza todo nuestro organismo de forma suave y placentera a la vez que le apoya en su constante trabajo por la conservación de la salud.


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Los minerales en nuestra dieta

Llevar una dieta saludable es uno de los mejores regalos que podemos hacernos. Somos aquello que comemos ya que todas nuestras funciones corporales se llevan a cabo gracias a lo que ponemos en nuestro plato. Actualmente, es mucha la información que tenemos acerca de cómo nutrirnos adecuadamente. Tanto en la publicidad como en las conversaciones habituales se escucha hablar de proteínas, vitaminas e hidratos de carbono. Sin embargo, los minerales, no son tan tenidos en cuenta aun cuando son muy importantes para que nuestro organismo se encuentre en perfecto estado.

Solo en pequeñas cantidades

Los minerales son un tipo de elementos que nuestro cuerpo utiliza en todos los procesos metabólicos. Son considerados micronutrientes porque, de la misma manera que las vitaminas, los necesitamos en cantidades relativamente pequeñas.

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A diferencia de los hidratos de carbono o las grasas, los minerales no aportan energía. Su principal función es reguladora y, al no poder ser sintetizados por nuestro organismo, es necesario que sean aportados con la dieta.

¿Para qué sirven los minerales?

Estos micronutrientes son esenciales para la constitución de tejidos y fluidos corporales. Como ya hemos dicho, tienen función reguladora y participan en la obtención de energía de las células. También colaboran en la metabolización de los macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas). Además de esto, están relacionados con la formación de huesos y dientes. Cada uno de ellos, en su justa medida, tienen un papel muy importante en todo el funcionamiento de nuestro organismo.

Tipos de minerales

No todos los minerales se requieren en la misma cantidad. Aquellos que se necesitan en dosis mayores se denominan macrominerales. Los que son requeridos en menor cantidad son los oligoelementos.

Macrominerales

  • Fósforo y calcio: son los responsables de que nuestros huesos y dientes estén sanos. En contra de la creencia popular, los lácteos no son los alimentos que mayor cantidad y mejor calcio nos proporcionan.
  • Magnesio: este mineral está relacionado con numerosas funciones distintas que nuestro cuerpo lleva a cabo. En la actualidad, debido al empobrecimiento de los suelos, no siempre es fácil recibir la cantidad adecuada de magnesio.
  • Sodio y potasio: ambos está relacionados con la salud de nuestros nervios y músculos.
  • Cloro: su mayor cometido es favorecer el equilibrio de los líquidos del cuerpo.
  • Azufre: colabora en el metabolismo de las grasas.

Oligoelementos

Dentro de esta categoría están los minerales que el cuerpo necesita en menor cantidad sin que por ello sean menos importantes. Entre ellos se encuentran el hierro, el cobre, el manganeso, el selenio, el cobalto, el yodo, el zinc y el flúor.

¿Cómo aportar minerales al cuerpo?

La mejor manera de aportar a nuestro organismo todos los minerales que necesita es a través de la dieta. Solo en ocasiones específicas será necesario tomar suplementos. No obstante, es muy importante observar ciertas reglas para que no nos falte ningún mineral:

  1. Los alimentos ecológicos cuentan con mayor cantidad de nutrientes y menor cantidad de tóxicos.
  2. Los suplementos solo son necesarios en casos de una carencia severa y siempre bajo supervisión médica.
  3. El consumo de sal marina sin refinar nos aporta gran cantidad de minerales en estado puro.
  4. Una dieta equilibrada y variada siempre nos ayuda a consumir todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita.
  5. Es mejor no cocinar en exceso los alimentos y siempre aprovechar el agua de cocción para hacer sopas o caldos.
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Además de todos los consejos dietéticos es importante tener en cuenta que el estrés incrementa la necesidad de ciertos minerales. Una vida tranquila y sosegada siempre es la mejor opción.