Superar el miedo a través de la meditación

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Superar el miedo a través de la meditación

El ser humano ha convivido con el miedo a lo largo de toda la historia. Es casi imposible encontrar alguna persona que nunca haya experimentado esta emoción. En general, el miedo, no suele ser un compañero de viaje demasiado apreciado. Sin embargo, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de abrazar ese miedo y de superarlo de diferentes maneras, una de ellas es la meditación.

Saber qué estoy sintiendo

En nuestra cultura no estamos acostumbrados a prestar atención a lo que ocurre en nuestro interior. Vivimos mirando hacía el exterior y siempre tenemos prisa. Esta forma de vida está íntimamente relacionada con la desconexión de aquello que sentimos. Son pocas las ocasiones en las que nos paramos a sentir y a darle nombre a eso que estamos sintiendo.

Cada persona y, en cada situación, el miedo puede sentirse de forma diferente. En los casos más extremos se hace muy evidente ya que puede llegar a ser paralizante. Sin embargo, en otros momentos, se puede manifestar de forma vaga e imprecisa. El nudo en el estómago o el sueño irregular son dos de las manifestaciones de miedo más comunes. Por eso, es imprescindible que seamos capaces de identificar qué sentimos y dónde se localiza la sensación.

Observar los pensamientos

Nuestros pensamientos viajan a su antojo por nuestra mente. No tenemos ningún control sobre lo que pensamos y, en muchas ocasiones, repetimos pensamientos. Ese «run-run» en nuestra cabeza es capaz de hacernos sentir miedo por cosas que, probablemente, nunca llegarán a suceder. Sin embargo, al no darnos cuenta de que eso sucede, le damos credibilidad y nos sumimos en emociones de miedo.

A través de la meditación es posible observar esos pensamientos. Al observarlos, podemos darnos cuenta de que están ahí y también examinarlos para ver qué hay de verdad en ellos. Solo esta postura ya nos distancia de nuestros pensamientos y nos ofrece diferente perspectiva.

Ríndete al miedo

Cuando entramos en meditación y tomamos la posición del observador, solo con esto, ya notamos cierto alivio interior. Después, necesitamos aceptar y dejar ir aquello surja, sin juicio. Es muy habitual que la mente se empeñe en juzgar los pensamientos y sentimientos pero no deberíamos dejarla. La observación sin juicio es la mejor de las terapias.

Una vez que conseguimos observar aquello que aparece en la mente, sin más, el siguiente paso es aceptarlo. La aceptación sin condiciones nos llevará a la rendición. Rendirse al miedo es permitir que exista otorgándole un lugar en tu vida pero sin dejar que te controle.

Sentir miedo, o cualquier otra emoción, es humano y normal. Lo verdaderamente importante es saber lo que estamos sintiendo y no juzgarlo. 


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¿Te permites sentir tus emociones?

A lo largo de nuestra existencia aparecen momentos en los que sentimos malestar. En muchas de estas ocasiones no sabemos de dónde proviene esa sensación. Es muy posible que en esas situaciones ni siquiera sepamos qué estamos sintiendo exactamente. Habitualmente, todo eso se produce cuando hemos perdido la conexión con nuestro sentir. La salud de nuestro cuerpo físico y mental siempre estará relacionada con nuestros sentimientos. Por este motivo, es sumamente importante que demos permiso a nuestras emociones para que afloren y también que las dejemos fluir.

Las emociones nos afectan

Todo en la vida tiene su finalidad. Las emociones también. Cada vez que sentimos algo todo nuestro organismo se implica en ese sentimiento de alguna manera. Si sentimos algo positivo en nuestro interior se segregan una sería de hormonas que nos harán sentir bien inmediatamente. Por el contrario, con las emociones negativas, nos inundaremos de sustancias que nos alejan del equilibrio y el bienestar.

Pixabay/Graehaw

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¿Nos damos cuenta de lo que sentimos?

El tipo de vida que llevamos en occidente empuja a muchas personas a desconectarse emocionalmente de si mismas. No saben lo que están sintiendo. Esta forma de vivir no es una decisión consciente. Es, ante todo, un mecanismo inconsciente que se activa por la falta de costumbre que tenemos de reflexionar y también como un intento de evitar el sufrimiento. Sin embargo, aunque no seamos conscientes de ello, las emociones siguen produciendo sus efectos en nuestro cuerpo.

¿Hay varios tipos de desconexión emocional?

La mayor desconexión la padecen las personas que no se dan cuenta de que están sintiendo una emoción. Estas personas reprimen su sentir y viven como si nada sucediera. Otras personas pueden sentir que algo sucede en su interior pero evitan dejar que aflore porque censuran cualquier emocionalidad. Y, en tercer lugar, están las personas que aunque se permitan sentir la emoción no son capaces de ponerle nombre ni saber de dónde procede.

Pixabay/xxolaxx

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Aparte de estos grupos, encontramos personas que sabiendo lo que sienten y por qué lo sienten hacen todo lo posible por evitar mostrar ningún signo de esa emoción. No obstante, el lenguaje corporal pondrá en evidencia que estamos ante una persona totalmente bloqueada.

Para finalizar, podemos encontrar a ciertas personas que saben exactamente lo que sienten y no son capaces de deshacerse de esa emoción por más que lo intenten.

La guía interior

En cualquiera de los casos anteriormente mencionados es imprescindible observar que todos necesitamos tener conexión con nuestro interior. Cuando conectamos con la sabiduría que habita en cada uno de nosotros es muy fácil saber qué estamos sintiendo. Gracias a la conexión que se establece con nuestro ser interno, el vivir de cada día se torna más fácil y ligero.

Pixabay/Pexels

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Para poder favorecer esa conexión necesitamos calmar la mente. La meditación, la relajación y cualquier técnica como el yoga, el Tai Chi o el Chi Kung despejan nuestro campo mental dejando el camino libre para la conexión interior.


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¿Conoces las constelaciones familiares?

Dentro de cada familia se desempeñan distintos roles tanto de forma consciente como inconsciente. Una estupenda herramienta para poder observar y sanar las diferentes alteraciones en la armonía familiar son las Constelaciones Familiares. En esta entrada te vamos a explicar de qué se trata y qué beneficios tiene.

El origen de las Constelaciones Familiares

El creador de esta técnica terapeútica fue Bert Hellinger. Durante 16 años, este pedagogo, teológo y filósofo fue misionero en Sudáfrica. Después de esto su formación paso por el Psicoanálisis, la Hipnoteriapia, la Terapia Gestalt, la PNL y la Dinámica de Grupo. Gracias a sus estudios desarrolló una visión multigeneracional para resolver distintos problemas, desarrollando la Terapia Sistémica. Más adelante, observó que existían ciertos sistemas de compensación que los grupos familiares utilizan y desde ahí, creó las llamadas Órdenes del Amor.

Bert Hellinger

Bert Hellinger

La lealtad al clan familiar

Las constelaciones familiares nos muestran que existe un tipo de conciencia a nivel familiar. Este gran alma que forma una familia lleva a sus miembros a tener que cumplir ciertas leyes para mantener el orden que mantiene el amor entre el grupo. Si ese orden se altera aparece una tendencia a intentar equilibrarlo aunque sea en perjuicio de alguno de sus miembros. Aquí es donde la técnica actúa restableciendo el orden original.

Según Hellinger, muchos de nuestros síntomas, comportamientos y sentimientos no tienen que ver con nuestra historia personal. En muchas ocasiones su origen está en una deslealtad familiar que pasa de una generación a otra para ser regulado.

El trabajo con Constelaciones Familiares aporta luz a los conflictos familiares para poder repararlos y poder liberar a aquellas personas que cargan con ellos.

Pixabay/pixel2013

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¿Necesitamos trabajar con nuestra propia familia?

Esta herramienta no necesita que nuestra familia esté presente para poder desarrollar su terapeútica. Es suficiente con que una persona de la familia esté presente. El trabajo se realiza en un grupo en el que participan personas interesadas en resolver sus propios asuntos y en ayudar a los demás a resolver los suyos. Además del tema familiar también se pueden abordar temas relacionados con otras áreas de la vida como la pareja o el trabajo, por ejemplo.

¿Cómo se desarrolla un taller de Constelaciones?

Esta técnica es muy sencilla. El experto hace una invitación a aquellas personas del grupo que quieran participar. Los trabajos se realizarán sobre cuestiones familiares o individuales. La persona que dirige el taller decidirá qué asuntos son los que tienen peso suficiente para que sean trabajados.

Comenzará una de las personas del grupo especificando el asunto de su vida que le causa dificultad. Después, el terapeuta planteará preguntas que ayuden a clarificar si es necesario. Una vez aclarado el tema se pide a la persona en cuestión que seleccione a las personas que representarán a los familiares relacionados con el problema incluyéndole a él mismo. Cuando ya ha sido seleccionadas, estas personas serán situadas en determinados lugares siguiendo su propia intuición.

Ese grupo de personas llevará a cabo una representación que reflejará lo que le sucede a esa persona. Gracias a ello, se podrá observar desde el exterior qué dinámicas y lealtades familiares ocultas están actuando. En todo este proceso el terapeuta acompañará a la persona ayudándola a reconocer la realidad y orientando la situación. Poco a poco, se irá buscando una forma de solucionarlo dándole continuidad y fuerza para el futuro.

 

Las Constelaciones Familiares operan a niveles que se escapan de nuestra percepción ordinaria. Lo más interesante es que todas las personas del clan familiar se ven afectadas por el trabajo que hace solo una de ellas, aunque el resto no estén presentes.