Ayudar a otros nos ayuda a ser más felices

  • 0

Ayudar a otros nos ayuda a ser más felices

Los seres humanos somos buenos por naturaleza. Nuestra impresión puede ser la contraria debido al aluvión de noticias negativas con las que convivimos día a día. En los medios de comunicación habituales pocas veces se muestran actos de generosidad y apoyo entre seres humanos. Sin embargo, este tipo de gestos son más abundantes que los negativos ya que, nuestra primera respuesta ante una situación de peligro, es siempre de amor hacía el otro y altruismo. Por este motivo, ayudar a otras personas, es una fuente inigualable de satisfacción y felicidad.

En el interior de los seres humanos, ligado a nuestro instinto de supervivencia, se encuentra un instinto que nos dice que la felicidad de los demás es equivalente a la nuestra. Es por ello que, cuando ayudamos a otro, es muy posible, que recibamos más de lo que damos.

Cooperación a lo largo de la historia

Ya desde tiempos remotos la supervivencia de nuestra especie ha estado ligada a la cooperación. En el pasado. los grupos humanos eran más pequeños y la ayuda y la unión eran lo habitual. De manera natural, la gente que se agrupaba en pequeñas poblaciones y se ayudaban unos a otros. Gracias a ello, todos sabían que ante determinadas situaciones difíciles la comunidad respondería y el estrés de vivir y sufrir en soledad, tan habitual hoy en día, antaño no existía.

Unsplash/Randy Fath

En la actualidad, nuestra manera de vivir, nos empuja, cada vez más, hacía el polo opuesto. En las enormes ciudades que vivimos la separación y la individualidad aumentan a pasos agigantados. Es muy posible, que personas que vivan durante años en el mismo edificio se conozcan poco o nada. A lo largo del tiempo, esta actitud nos hace perder muchos momentos preciosos.

Siempre las mismas noticias

El camino hacía la peligrosa individualidad nos lo marcan los medios de comunicación que nos acompañan continuamente. En ellos encontramos, de manera habitual, noticias negativas que nos muestran lo peor del ser humano. Solo en muy contadas ocasiones estos medios nos ofrecerán noticias que ensalcen las mejores cualidades del ser humano, como la compasión, el amor al prójimo o la entrega. De esta mamera, tendemos a integrar en nuestra psique que el peligro, causado por otro ser humano, podría encontrarse a la vuelta de la esquina.

Focaliza tu atención

Seguro que, haciendo memoria, eres capaz de recordar lo bien que te has sentido cuando has ayudado a otra persona. Eso es debido a que, en nuestra fisiología, la empatía, el amor y el altruismo desencadenan la secreción de las hormonas ligadas a la felicidad. Sabiendo esto, si queremos sentirnos plenos y más felices, debemos dirigir nuestra atención a aquello que podemos hacer por los demás y hacerlo.

Solo con pequeños detalles de ayuda y cooperación cada día nuestro organismo comenzará a mostrarnos los beneficios de tal actitud. Si conseguimos ignorar el bombardeo de noticias negativas y nos ponemos manos a la obra para construir un mundo de ayuda mutua, estaremos comenzando la construcción de un planeta en el que la vida será mejor para todos.

No obstante, algo que debemos de tener presente, es que antes de ayudar a los demás deberemos atender nuestras propias necesidades. Cuando damos desde un lugar de carencia lo que entregamos está vacío.


  • 0

Las 5 heridas arquetípicas

El pasado ya no está. Sin embargo, en muchas ocasiones llegamos al presente con marcas que provienen del pasado. A menudo, estas huellas que marcaron nuestra infancia, están íntimamente relacionadas en el discurrir de nuestra vida adulta. Aunque no recordemos qué paso en nuestra niñez, las heridas de aquello que nos dolió nos acompañan pidiendo ser atendidas y sanadas.

Señales de alerta

De la misma manera que un accidente físico deja marcas en nuestro cuerpo, las heridas emocionales nos dejan cicatrices que podemos tomar como señales a observar que nos impiden una vida plena. Son muchas las personas que sufren ansiedad, trastornos de sueño o pensamientos obsesivos que muchas veces tienen su origen en la infancia. Estas manifestaciones de desequilibrio psíquico les impiden afrontar su día a día con la naturalidad que necesitarían.

En general, muchas de estas memorias son bloqueadas por la psique en un intento de hacer más manejable la realidad. Sin embargo, por mucho que se sofoquen, estas emociones influyen en nuestra vida a nivel inconsciente. De manera general. todos compartimos cinco heridas arquetípicas asociadas a experiencias dolorosas de nuestra infancia. Cualquiera de ellas dejarán su impronta en nuestra personalidad.

1. Abandono

Aquellas personas que se sintieron abandonadas en la infancia suelen tener problemas para manejar la soledad. Sus relaciones con otras personas están teñidas de inseguridad y recelo. Si el miedo es muy grande son capaces de abandonar primero con tal de no sufrir de nuevo.

2. Rechazo

El miedo al rechazo es una herida muy profunda. Esto es debido a que conlleva el rechazo a lo que interiormente somos. A partir de esta herida los niños crecen necesitando altas dosis de reconocimiento externo para intentar paliar el dolor que les produce sentir que no son dignos de ser amados por lo que son.

3. Humillación

La humillación tiene su origen en las críticas y la desaprobación hacía el niño. En general, las personas que padecen esta herida desarrollan una personalidad dependiente con necesidad de sentirse válidos y útiles. A menudo, estas personas llegan a olvidarse de sus propias necesidades.

4. Traición o miedo a confiar en el otro

Esta emoción surge en los niños que se han podido sentir traicionados por uno de sus padres. De manera general, podemos observar que este tipo de herida da origen a personas excesivamente controladoras que necesitan tenerlo todo bajo control.

5. Injusticia

El origen de está herida suele estar en progenitores que practican una educación muy autoritaria y tienden a ser rígidos y poco cálidos. Las consecuencias de sufrir esta herida suele ser que las personas se defienden mostrando también rigidez, tendencia al perfeccionismo exagerado e incapacidad para tomar decisiones de manera asertiva y segura.

Cualquier de estas cinco heridas arquetípicas pueden ser sanadas a través de diferentes herramientas. Las constelaciones familiares, por ejemplo, trabajan a diferentes niveles ayudando a la sanación de todos los miembros de la familia implicados.


  • 0

¿Vivimos la Navidad de manera consciente?

Durante las fechas navideñas estamos acostumbrados a salir de la rutina habitual sin darnos cuenta. Compras, compromisos, más trabajo y poco tiempo para reflexionar. La Navidad es un momento que, debido a nuestro manera de vivir. nos obliga a acelerar aún más. Esta incremento de la velocidad nos desconecta de nosotros mismos. Lo que en principio podrían ser días para descansar y aminorar la marcha, al final se convierten en todo lo contrario. Con un poco de reflexión al respecto podríamos hacer que estas fechas fueran un buen momento de introspección y claridad interior.

La Navidad idílica

Todos tenemos en mente imágenes ideales en torno a la Navidad. Comidas deliciosas con niños sonrientes. Amor y paz a raudales en todas las familias. Sin embargo, la realidad es bien distinta. En estas fechas lo que más encontramos es consumismo, discusiones familiares, soledad y problemas derivados del exceso de comida y bebida.

Unsplash/ Paige Cody

Unsplash/
Paige Cody

Si de forma habitual nuestra sociedad se caracteriza por un exceso de consumo, en Navidad alcanzamos límites totalmente exagerados. Aún así, la mayoría de la gente se queja por este motivo. Sin embargo, pocas personas se atreven a detener esta costumbre que cada año crece y crece. Más comida, más regalos, más diversión…

Nuestro planeta y los recursos que nos proporciona no son ilimitados. Es imposible que sigamos consumiendo al ritmo que lo hacemos y no paguemos las consecuencias. La Navidad puede ser un momento para reflexionar acerca de la necesidad de estos excesos. Tanto los árboles de Navidad que son cortados y luego tirados a la calle, como los animales que están implicados en tan opulentas cenas quizá no serían imprescindibles.

Feliz Navidad

La felicidad nada tiene que ver con un momento determinado en el año. La felicidad se siente independientemente de lo que esté sucediendo afuera. Fruto de la desconexión con lo que realmente somos, confundimos felicidad con la euforia mediática. Nos vemos obligados a sentirnos tan felices como parece que deberíamos ser en estas fechas y si no lo sentimos así parece que somos raros. ¡Cuánta gente desearía poder vivir estas fechas de manera auténtica!

La soledad

Son muchas las personas que de forma habitual se siente solas. La Navidad amplifica el sentimiento de soledad al dar por sentado que todo el mundo disfruta de compañía. Sin embargo, la realidad nos muestra que muchas de estas reuniones son motivo de desencuentros que no hacen tan agradable la compañía anhelada.

Hacía una mayor consciencia

Gracias al gran movimiento de conciencia que se está desplegando en todo el planeta, cada vez son más las personas que aprovechan la Navidad para aminorar la marcha. Otra forma de vivir la Navidad es posible. No hace falta renunciar a las tradiciones que ponen la guinda a la vida. Sin embargo, urge una vuelta a hacer las cosas de una forma más lenta y tranquila. Algo tan simple como poner un poco de atención a lo que hacemos en cada momento puede hacer que estas fechas se vivan de manera más armoniosa.

Unsplash/ Roberto Nickson

Unsplash/ Roberto Nickson

La Navidad  vivida con verdadera consciencia se puede transformar en un momento de encuentro y conexión con los demás y con uno mismo.